domingo, 27 de agosto de 2017

Terrorismo: perfil de un yihadista

El último ataque terrorista a nuestra ciudad, Barcelona, ha sobrecogido a Cataluña y nos ha hecho sentir insignificantes frente a la barbarie que algunos desalmados protagonizan sin importarles la edad o la nacionalidad de sus víctimas. Los medios nos han enseñado sus caras, sus edades y sus lugares de residencia, las redes sociales sus actos y sus muertes pero nada más. Sabemos que la mayoría eran muy jóvenes y catalanes de segunda generación pero la verdad es que a partir de ahí la información se distorsiona. ¿Qué sabemos realmente de los terroristas? Mi inquietud me ha llevado a querer informarme y saber si mi vecino puede ser terrorista o no. Para ello he escogido varios libros y un informe sobre terrorismo en España que os resumiré a continuación. Debo decir que este informe escrito por Fernando Reinares y Carlota García ofrece datos obtenidos de los yihadistas detenidos en España de 2013 a 2016. Con estos datos se ha intentado obtener un perfil genérico de quién, cómo y por qué individuos islamistas matan a personas inocentes en nombre de Alá. Espero esclarecerles algunas dudas.
Para empezar, el sexo. Aunque también las mujeres participan en la yihad (después explicaremos su misión), el 83% de los detenidos fueron hombres. Su media de edad es de 31 años, aunque el 63% de ellos tiene entre 20 y 34 años. En las mujeres la edad media baja a 22 años, aunque muchas de ellas son captadas aún siendo menores de edad. Lo cierto es que la propaganda del Estado Islámico va dirigida a jóvenes y les animan a viajar al Califato (establecido entre Siria e Irak) para que luchen contra los infieles en aquella zona o se impliquen en sus lugares de residencia perepetrando atentados como los de Barcelona, Madrid, Niza, París o Londres.
La misión de las mujeres en la yihad es casarse, tener hijos y educarlos para que sigan los pasos de sus padres. Hay que recordar que para los fanáticos del Islam es un orgullo ser mártir. Por esto mismo, el 70% de los detenidos estaban casados y muchos de ellos con descendencia.
La nacionalidad de los detenidos no es tampoco muy variada. El 45% tenía nacionalidad española y el 41% eran marroquíes. En lo que se refiere a los españoles, todos de origen magrebí, el 48% eran de Ceuta o Melilla. Cabe destacar que los detenidos entre 1996 y 2012 sólo el 16% tenían la nacionalidad española. Eso significa que los captados son jóvenes cuyos padres son inmigrantes y que o bien han nacido en España o llegaron a nuestro país siendo muy pequeños. Cataluña es la tercera comunidad autónoma que proporciona yihadistas a la causa. El 10% de los nacionalizados en España nacieron en Barcelona ciudad, en Granollers y Sant Boi. El 90% residían en España y fueron arrestados por terrorismo por primera vez en nuestro país. Esto es muy significativo ya que como hemos visto no se dejan capturar con vida. Otro rasgo importante es su lugar de residencia. El 64% de los detenidos fueron detenidos en ciudades entre 50 y 500 mil habitantes, la mayoría catalanas y ceutíes (Ripoll, Alcanar, etc). Y sólo el 13% de los detenidos son conversos.
El perfil familiar nos es conocido también. La mayoría de los terroristas proceden de familias desestructuradas y han tenido traumas o problemas de salud mental en la adolescencia. Son introvertidos, solitarios y su no integración les hace más vulnerables a la hora de ser captados. También es curioso que sólo el 11% de ellos tenía un conocimiento aceptable del Corán. Su nivel de estudios es también bajo. El 59% tenía estudios secundarios y el 29% estudios primarios. Sólo un 10% poseía estudios universitarios. Esto hace que el 25% estuvieran en el paro o fuesen aún estudiantes. El resto, los que trabajan, regentan locales o trabajan en el sector hostelero, de la automoción o como peones de la construcción. Como puede verse y dados su pobres estudios, el nivel adquisitivo de los detenidos era bastante insuficiente. Por ello la causa se subvenciona con ayudas públicas que reciben de sus C.C.A.A. para la integración social o para autónomos y pequeñas empresas. También se nutren de robos o tráfico de hachís. Así, el 40% de los detenidos por terrorismo entre 2013 y 2016 tenían antecedentes penales.
La radicalización se efectúa a edad muy temprana, entre los 15 y los 19 años. En esta edad el adolescente se encuentra perdido y busca su lugar en el mundo, por lo que es una presa fácil para los adoctrinadores. El 73% se radicalizó en España (Ceuta, Barcelona y Madrid), el resto en Marruecos y Francia. El 18% se radicalizó sólo online y el 52% se hizo mixto (online y offline). El proceso de captación se inicia en las redes sociales (Facebook, Twitter o WhatsApp) y cuando el proceso está avanzado los acogen en pisos, convocan reuniones en mezquitas o se reúnen en lugares al aire libre pero apartados. Los captadores los estudian durante meses para saber quién de ellos es más débil y maleable para poder dar su vida por Alá (el 80% se radicalizó en compañía). Aunque sólo el 5% de los yihadistas actuaron en solitario, el Estado Islámico está intentando aumentar este porcentaje ya que es más difícil intervenirlos en atentados que a un grupo de diez o quince personas. Los captadores y adoctrinadores son individuos con una amplia experiencia en la yihad y son unos héroes para los novatos. Cabe destacar que el 65% de los detenidos tuvo lazos afectivos con su reclutador, normalmente familiares o vecinos. El reclutador les adoctrina para que los jóvenes ambicionen cambiar el orden mundial y así puedan crear un Califato Islámico, algo parecido a lo que los judíos desearon tras la II Guerra Mundial con la creación del estado de Israel. El muyahid (“combatiente del Islam”) cree morir por una buena causa y a todo aquel que se convierte en mártir Alá le perdona sus pecados (como sucedía con los cruzados en la Edad Media), los acepta en el paraíso, los casa con 72 vírgenes y salva el alma de 70 familiares. Así, los reclutadores aprovechan momentos de depresión (pérdida de novia, trabajo o algún familiar) para reclutarlos. En ese momento les da igual morir que vivir y si Alá les ofrece 72 vírgenes para ellos solitos… Los jóvenes adolescentes musulmanes tienen crisis de identidad ya que no encuentran su sitio en Europa por su estricta educación. Éstos llegan de jóvenes o pequeños a Occidente y su educación musulmana les impide integrarse en Europa de una forma normal, sobretodo a las mujeres. Los captadores les alivian esta crisis de identidad llevándolos a Siria e Irak, donde serán comprendidos y donde compartirán experiencias con sus iguales. Los adoctrinadores les inculcan el odio tanto a cristianos, judíos como a los suyos, los chiis. Para la doctrina salafista (retorno a los orígenes del Islam) todos ellos son infieles que merecen morir.
Un pequeño apunte de historia. A la muerte de Mahoma, allá por el 632, los musulmanes se dividieron en dos grupos. Los sunitas abogaban por la sucesión de Mahoma mediante la elección de un Califa mientras que los chiitas deseaban que fuese Ali, el yerno de Mahoma, su sucesor al no tener el profeta descendencia masculina. Se cree que Ali y uno de sus hijos fue asesinado por el Califa de aquel momento y ahí comenzó la guerra que dura hasta hoy día. Aunque los sunitas son el 90% de los musulmanes, es la rama más ortodoxa del Islam, defendiendo la tradición frente a la modernidad y los avances tecnológicos. Para poner un símil occidental imaginemos que Jesús hubiera tenido una hija y al morir se hubieran enfrentado los seguidores del marido de la hija con los seguidores de San Pedro por ser el cabeza de la Iglesia Católica. Más o menos.
Como conclusión podemos decir que actualmente el terrorista es un hombre joven, nacido o criado en Ceuta, Melilla o Cataluña, con crisis de identidad, introvertido, inculto, no integrado, con escasos recursos económicos y por supuesto musulmán de nacimiento. Esta no integración le lleva a ser captado por yihadistas veteranos que le hacen ver que su mejor salida es la de ser un mártir golpeando la conciencia pacifista occidental para conseguir un Califato sunita sin importar quién sea su víctima.
Desde el 2015 se sabía que los atentados de Barcelona podían suceder. En abril de ese año se arrestó una célula de 10 miembros que querían atentar en Barcelona. Ese octubre la sede del PP Madrid recibió varias cartas en las que se mencionaban atentados en el metro de Madrid y Barcelona. Estas cartas fueron escritas por dos presos islamistas que saldrían de prisión en pocos días y redactadas por el marroquí que los radicalizó. Así que podrían haber sido muchas víctimas más de las triste 14 que han sido. Y por supuesto la guerra con el fanatismo islámico no ha hecho más que empezar. No hay que tener miedo, pero tampoco debemos confiarnos.