lunes, 9 de octubre de 2017

La vergüenza de ser padre

Después de los últimos acontecimientos deseo escribir estas palabras para hacer saber a aquel que quiera escucharme que estoy avergonzado de ser catalán y español y pertenecer a una raza tan miserable e inculta como la humana. Y sí, hablo en general porque no deseo adjuntar aquí la guía de las páginas amarillas señalando en cada nombre un “culto” o “inculto”, sería perder el tiempo, un tiempo que no tengo. Me siento avergonzado de la incultura de este país, sea el país que sea para cada uno, por defender lo indefendible e insultar al que piensa de distinta manera a nosotros. Me siento avergonzado de la poca, o ninguna, autocrítica y de la facilidad que tenemos para echar las culpas al otro de nuestros propios errores. De lo hipócritas que somos al denunciar la corrupción del PP o de CiU cuando no vemos la corrupción de CiU o del PP, partidos a los que hemos votado y seguimos como corderitos digan las sandeces que digan. Avergonzado por ser tan hipócritas que podemos condenar la violencia de la policía que no nos representa pero obviamos la violencia de la que sí nos representa con un absurdo “es diferente”. Pero sobretodo me siento avergonzado de pertenecer a un sector tan despiadado, tan sucio, tan miserable como es el de padres y madres.

Estos días he visto con mis propios ojos, y no sólo en fotos facebookianas, cómo niños de tres, cuatro, cinco o seis años lucían en sus hombros esteladas o banderas de España. Es vergonzoso, como padre lo digo, comprobar como seres desalmados que se hacen llamar padres (para los más incultos “buenos padres”) inculcan a sus hijos el odio a otro sector que no es el suyo. Arcadas me entran cuando veo a un padre reír orgulloso cuando su hijo pequeño grita “Madrid pudrit”, “Barcelona caca”, “Ronaldo chulo” o “Alves bicho malo”. Es vergonzosa la educación que estamos dando a unos niños que aún llevan la inocencia dentro de ellos sin pararnos a pensar que somos nosotros, sus padres, el espejo en el que se miran y en quién se quieren parecer cuando sean grandes. Vergonzoso ver cómo padres con estudios universitarios, que saben leer y escribir (algo que no significa que sean cultos pero sí por lo menos conocer la Historia para no repetir los mismos errores del pasado) insultan a un árbitro por no pitar un penalti a favor de su equipo, despotrican de un político al que no han votado o envían a la mierda a otro conductor por recriminarle que se ha saltado un semáforo en rojo. Y todo ello delante de sus hijos, que aprenden como esponjas lo que sus padres les enseñan, es decir, a no asumir su culpa. ¿Esta es la educación que queremos para nuestros hijos? ¿De verdad creemos que educar a nuestros hijos a nuestra imagen y semejanza es lo mejor para ellos? ¿O es que simplemente es lo mejor para nosotros, los padres, seres egoístas y egocéntricos, enorgullecernos al ver a nuestro vástago comportarse tan miserablemente como lo hacemos nosotros? Estamos creando pequeños monstruos y tarde o temprano nos arrepentiremos de ello cuando nos venga nuestro hijo sin la mitad de los dientes porque le han zurrado por insultar al diferente o al sacarlo del cuartelillo porque le ha reventado la boca a otro porque lo ha insultado. Patético.

Yo no soy quién para ponerme por encima del resto y por supuesto soy tan imperfecto como el que me lee, pero en mi casa no hay bandera ninguna colgada del balcón, ni catalana ni española, jamás me ha oído mi hijo insultar a un jugador del F. C. Barcelona o a un árbitro (soy merengue) o insultar a otro conductor porque haya puesto la vida de mi mujer y de mi hijo en peligro. Es más, yo viví con mi hijo los atentados de Barcelona y Cambrils y viendo la televisión mi hijo me preguntó qué había pasado. Lejos de inculcarle a mi hijo odio hacia una población árabe o una creencia musulmana, mi respuesta fue que unos señores malos habían matado a personas inocentes. Y ya está. Porque no todos los árabes son terroristas, ni los del PP o CiU ladrones, ni todos los políticos son corruptos, ni todos los españoles fascistas o franquistas, ni todos los catalanes independentistas. Me niego en rotundo a educar a mi hijo en el odio a un sector de la población con el que no me sienta identificado. Y como me repugna ver cómo padres fánaticos, psicópatas e incultos educan (o dejan ver su) en el rencor y odio a los seres que supuestamente más aman en el mundo hacia el diferente, pues no lo hago. Y como amo a mi hijo y deseo que sea feliz, lo educaré siempre en la tolerancia y el respeto a los demás, por encima de cualquier ideología o partido político o club de fútbol o raza o religión.

No voy a esconderme. Como muchos sabrán no deseo una Catalunya independiente, no porque sea fascista ni añore los tiempos de Franco, es simplemente porque soy partidario de eliminar fronteras, no de crear nuevas. Es más, si aquí, en Catalunya nuestros políticos hubieran sido honrados, se hubiera metido a todos los chorizos en la cárcel, se pudiese caminar tranquilo por la calle a cualquier hora del día, se pudiera salir de casa sin temor a que ésta fuera okupada por vagos o delincuentes y los trabajadores tuvieran un sueldo digno habría sido el primero en votar SÍ y dejar de ser ciudadano de un Estado corrupto e injusto como es el español. Pero como los políticos catalanes me han demostrado que son iguales que los españoles aplico el dicho de más vale malo conocido dentro de Europa, que bueno por conocer. Seguiré criticando a todos, tanto a los de un bando como a los del otro, mientras sigan importándoles una mierda su pueblo y apoyaré a todo aquel que nos haga la vida más fácil a todos. Estos días he colgado artículos, fotos y vídeos en favor de la unidad y diálogo en España y cuando he querido demostrar que los políticos catalanes también mienten, también nos toman por incultos e idiotas y que los Mossos también han apaleado a estudiantes y manifestantes pacíficos se me ha tachado de fascista y se me ha insultado. Respeto la opinión de todo el mundo y si alguien desea tacharme de su lista de amigos porque se siente aludido por mis palabras, adelante, ahí demuestran la clase de personas que son y me estarán dando la razón, a mi pesar. Sólo decir que si comparte mis pensamientos el lector, piense, antes de criticar a nadie, que su hijo puede estar mirándole.