jueves, 28 de abril de 2016

Derecho a la huelga, derecho a decidir

Hoy he tenido que escuchar de gente joven, aparentemente culta, gente con estudios y demás papeles mojados que a la vista está no sirven de mucho, críticas hacia unos trabajadores que ejercen su derecho a la huelga, único y lastimoso derecho que le queda al trabajador hoy día. Y estas críticas las he tenido que escuchar de todo tipo de personas pero no me esperaba que gente que se declara independentista y piden ejercer su derecho a decidir separarse de España, gente anarquista de camiseta pero burguesa de vivienda, gente que defiende a los manteros pero que llevan bambas Nike de 90 euros el par, gente a favor del movimiento okupa pero por lo visto en contra de que trabajadores como ellos reivindiquen una mejora en sus condiciones laborales. Hoy he tenido que escuchar muchas tonterías de esta gente que se harta a decir que sus padres con Franco no podían hablar catalán y a pesar de eso defienden el catalán como única lengua. A mí que me disculpen pero eso que dicen... ¿no es lo mismo que le critican a Franco? Yo creo que sí. Pero no, lo mío es diferente. Tú si pides cincuenta euros al banco es para vicios, ellos lo piden para comer. Es muy diferente, señores. Aquí todos nos apenamos cuando cierran una fábrica de Seat o de Panrico o le damos al "me gusta" de Facebook por ERES injustos de Campofrío pero ay si me tocan lo mío. Ay si los profesores hacen huelga para reclamar una mejor enseñanza pública para nuestros hijos y tengo que gastarme los cuartos en una canguro. Ay si los médicos hacen huelga para reclamar más profesionales y mejorar una sanidad pública que utilizamos todos y tengo que esperar tres horas a que me atiendan. Pobres de ellos. Porque un médico que hace huelga en Soria está en su derecho de secundarla pero si la hace mi médico de cabecera es un hijo de puta que le importa una mierda mi salud para él ganar 60.000 euros al año y comprarse un chalet en la sierra. Es así de penoso, pero es así. Y lo peor de todo es que seguro que algunos tontos de estos si leen estas palabras me darán la razón. Paciencia Señor, dame paciencia.
Siento mucho decir que si un servicio público decide hacer huelga joderá al público, por eso es un servicio público. Si los taxistas deciden hacer huelga joderán a aquellos que quieran coger un taxi ese día, si los pilotos de Iberia deciden hacer huelga joderán a los que vuelen ese día, si la policía hace huelga joderán a todos aquellos a los que hayan robado ese día. Sí, es así, lo siento. Y si ustedes, si ustedes, seres antipáticos y egoístas les apoyasen en vez de criticarlos posiblemente, seguramente diría yo, esa huelga de tres días podría convertirse en uno y usted no tendría que esperar tres horas a que el médico le recetase calmantes por ese ataque de ansiedad que le ha entrado cuando ha visto que el F. C. Barcelona ha quedado eliminado de la Champions. Sí, también he tenido que oír esta vez una de las tonterías más grandes que jamás he oído y que desgraciadamente oigo cada vez que un sector público hace valer su derecho a la huelga: si quieren hacer huelga que la hagan, pero que no fastidien al ciudadano. Es que es para mear y no echar gota.
Huelga: Interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta. INTERRUPCIÓN DE LA ACTIVIDAD LABORAL. A ver seres inteligentes de otros planetas, ¿me pueden explicar cómo un piloto de Iberia puede hacer huelga, es decir cesar de su actividad laboral, y pilotar un avión al mismo tiempo? Se me acabarían los adjetivos descalificativos para esas personas que pretenden que los barrenderos hagan huelga manteniendo las calles limpias. No, iluminado, no. No se puede, no insistas. Si los controladores aéreos cobran 300.000 euros al año es porque tienen la  responsabilidad de no matar a los miles de pasajeros que viajan en avión en su turno de trabajo. A mayor responsabilidad, mayor salario. Y si deciden hacer huelga porque no pueden descansar más de media hora en jornadas laborales de doce horas no es porque quieran más dinero, es porque no quieren cargar en su conciencia con doscientos muertos, algunos de ellos niños, e ir a la cárcel porque otros no van a cobrar sus objetivos. Porque si el ferretero se equivoca en el tamaño del destornillador no pasa nada, no muere nadie ni él va a la cárcel, mientras que si un conductor de tren descarrila porque está cansado porque su empresa le hace trabajar dos horas más cobrando lo mismo y mata a tres personas sí va a la cárcel, y por lo tanto el conductor de tren deberá cobrar más que un dependiente de una ferretería. Lógico. Y si no es así tiene todo el derecho del mundo a quejarse y pedir un aumento de sueldo, que para eso se juega cada día el pellejo y el pan de sus hijos y de muchos otros niños.
Frustrado, desesperanzado, incrédulo con la humanidad. Así me defino hoy. Hoy me he dado cuenta de que en este mundo de mierda tus actos no valen para nada, sólo cuenta la apariencia. Que da igual que votes al PP o al PSOE mientras luzcas una camiseta del Che a lo Andy Warhol. Que da igual que trabajes todas las huelgas mientras grites con el puño en alto "compañeros a las barricadas". Los incultos no serán capaces de preguntarte por qué llevas una camiseta del Che Guevara, o si sabes quién era o lo que hizo, o si sería capaz de contenerse en pegarte un tiro en el pecho al verte con unas bambas que simbolizan el triunfo del capitalismo mientras esnifas coca en tu ático del centro de la ciudad. Tú inepto, ¿serás capaz de ponerte en la piel del otro algún día? ¿Serás capaz de entender que si tu vecino hace huelga es porque no le queda otro remedio? ¿Serás capaz algún día de apoyar a tus semejantes aunque sus acciones te afecten? Lo dudo, porque el que nace idiota muere idiota, por muchos títulos universitarios que tenga. Porque la inteligencia no la dan los estudios sino la experiencia y la manera de evitar caer en un error una segunda vez. El empático es el ser más inteligente de todos porque aprende de la experiencia del resto de mortales, ya que se puede poner en la piel del otro sin esfuerzo. Y en este país aquellos que viven con el puño en alto, critican la derecha pepera, lucen camisetas con el rostro de Mandela y aborrecen el capitalismo y la sociedad de consumo suelen ser más franquistas que Franco. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Y con tanta hipocresía suelta y tanta mala baba no se levanta un país, ni hecho ni por hacer. No, lo suyo no es distinto, es igual de hijoputa que aquellos a los que usted llama hijoputas. Piénselo seriamente. Ahí lo dejo. Y si creen que me he pasado escribiendo esta opinión, lo siento, es lo que tiene ser un engreído.

miércoles, 13 de abril de 2016

Abogados de los pobres

En este país de mierda donde la corrupción abarca desde el cabo de Rosas a Finisterre y de Santander a Cádiz, pasando por el pueblo más minúsculo que puedan imaginarse, leer una noticia en la que un sindicalista-político (que manda huevos también el mejunge) coaccione a un médico para que elabore un informe falso en favor de un vendedor ambulante ilegal y en contra de una policía que él representa como político ya no sorprende a nadie. Y eso es lo triste, la indiferencia con la que el españolito de a pie, inculto hasta la saciedad y aborrecimiento acomete temas tan espinosos como el que se trata y otros muchos más. Pero no quiero volver a la senda de la corrupción sino de la estupidez humana. Lo primero que se me pasa por la cabeza es cómo un representante de los trabajadores puede llegar a tener la absurda idea de hacerse político, es como si un lobo quisiera ser oveja. Absurdo que un hombre que lucha contra el poder empresarial y la clase política que hace leyes para oprimir al trabajador y volverlo esclavo se convierta en su propio enemigo. Y no me creo eso de que si estoy arriba es más fácil ayudar al trabajador, eso lo he escuchado ya alguna vez y siento decir que es ¡mentira! Es más, una vez están en el meollo de la cuestión ni trabajadores ni leches, se dan a la mano que les da de comer y se olvidan de que ellos un día también fueron oprimidos. Y lo digo con conocimiento de causa. También he visto y oído presumir a sindicalistas de años tener el carnet y estar afiliados al PSOE, un Partido Socialista que con González aprobó las ETT y con Zapatero llevó al paro al 20% de los trabajadores de este país. Cuando yo oí aquello le pregunté al susodicho cómo iba a defender los derechos de sus afiliados de UGT si seguía las directrices del alcalde de la ciudad que pertenecía a su partido político y le pagaba a él y a sus afiliados el sueldo. Claro está que salió por peteneras y yo sigo esperando la respuesta. Pero el tiempo me demostró que si tenía que escoger entre los trabajadores a los que representaba o los jefes que podían enchufar a su primo de Zumosol, más tonto que una chancla sin suela, escogía al partido político al que estaba afiliado. Y así perdí yo la fe en la especie humana, algo que no he recuperado hasta la fecha, a la vista está.
Dicho esto quiero también dar mi opinión sobre lo sucedido en dicha noticia. Hay que ser muy estúpido para coaccionar a un profesional de la salud. Bueno, hay que ser muy estúpido para coaccionar a alguien pero más a un médico, alguien que puede tener tu vida en sus manos. Y digo yo, ¿hubiese actuado el susodicho de la misma forma si ese doctor fuese el que debiera operar a su hijo porque un hombre de color, huyendo de la policía lo hubiera empujado y tirado escaleras abajo golpeándose en la cabeza? No. Lo más probable es que se hubiese cagado en la puta que parió África y buscado la manera de meter al vendedor ambulante en la cárcel y cobrar millones del ayuntamiento por dejarlos vender en la calle. Además de ser estupido por coaccionar al médico, también lo es por poner a la policía en su contra, alguien también que puede salvarle la vida. En mi opinión hay tres cuerpos o estamentos a los que se debe respetar por encima de todo: los cuerpos de Seguridad del Estado, los profesionales sanitarios y el Poder Judicial. Podría añadir al profesorado, pero en la universidad pocos se salvan. Estos tres sectores jamás debe uno ponerlos en su contra, y menos siendo político, ya que tarde o temprano necesitarás de ellos seguro. Tarde o temprano tendrás que operarte por infarto, necesitarás que te escolten o que se haga justicia contigo por meter la mano donde no debías. La estupidez humana no tiene límites.
Más estúpido aún es coaccionar a alguien con testigos, más aún dejarte grabar y más aún es mentir habiendo grabaciones de video por medio. Es el problema de este país, o de los seres humanos que lo componen, que somos muy, muy estúpidos. Pero más estúpido que esto es defender al ladrón sabiendo que roba. No me gustan los abogados de los pobres, y en España hay muchos. Yo he llegado a oir a una mujer decir a la policía que debía soltar a un ladrón de carteras porque robaba para comer. El policía, muy astuto, le dijo a la mujer que si esa era su opinión le podía dar ella su cartera al ladrón, a lo que la mujer respondió que ni de coña y se fue echando ostias. No me gustan los abogados de los pobres porque no son justos. Todos merecemos comer, cierto, pero no quitándole la comida al vecino. Y yo me pregunto, ¿si al ladrón que se saca en un mes 3000 euros robando a los despistados guiris que flipan con la Sagrada Familia se le ofreciese un trabajo de ocho horas diarias y mil euros mensuales (y soy generoso), lo aceptaría? Con las leyes de mierda que tenemos en este país lo dudo. Y si un político quiere que la policía no persiga a los vendedores ambulantes ilegales sólo tiene que cambiar las leyes o darle trabajo, así de simple.
La policía se juega el cuello por mantener la seguridad de aquellos que pagamos impuestos, que somos los que damos de comer a estos políticos de mierda que van por ahí defendiendo a chorizos, vagos y maleantes. Los médicos se juegan su sueldo cada vez que entran al quirófano, exponiéndose a una demanda con indemnización millonaria de por medio por cometer un minúsculo error o simplemente porque el resultado, aunque sea satisfactorio, no sea del agrado del paciente. Los médicos curan a aquellos que pagamos impuestos, que somos los que pagamos los abultados sueldos de nuestros políticos de mierda. Es decir, yo estoy pagando a un señor que defiende a un hombre que vende bambas falsificadas y hace que yo venda ni una mísera plantilla. Es de locos. Pagar al abogado que defiende al que te roba es muy estúpido.
Señores políticos de mierda, señores sindicalistas de mierda, señores empresarios de mierda, señores abogados de los pobres de mierda, yo, un ciudadano que paga religiosamente sus impuestos, les reto a que sean justos y se pongan en la piel del otro. No se puede defender al ladrón y condenar a la policía, no se puede defender al cuentista y condenar al médico. En ningún país de mierda se puede morder la mano que le protege a uno. Vergonzoso. Hay derechos que preservar y obligaciones que cumplir. Si criticamos, coaccionamos o acusamos al que hace bien su trabajo, ¿en qué lugar quedamos? Pues ya se lo digo yo, como seres humanos de mierda. Y otra cosa, lo mínimo que puede hacer alguien que no sabe o no quiere hacer bien su trabajo es dejarlo, dimitir y cambiar de trabajo. No todos valemos para todo. Y una etiqueta de Anís del Mono, como decía el añorado Chiquito, no le da a nadie el derecho de actuar como si fuese Vito Corleone. Y ese es realmente el problema de este país de mierda, que ni los que se supone que deben ser inteligentes y dirigir la manada saben una mierda de nada. Si usted no quiere o no sabe lo que es la justicia, le puedo yo enviar a un país de mierda que le enseñen a palos lo que realmente es ser justo y como se trata al que roba o al que coacciona.
Señores y señoras de mierda, si no saben hacer bien su trabajo no lo hagan, pero dejen trabajar a quién sí sabe hacer bien su trabajo. Buenos días.

domingo, 10 de abril de 2016

Gente tóxica de Bernardo Stamateas

Nacido en el barrio argentino de Floresta, Bernardo Stamateas es un reputado psicólogo de ascendencia griega. Estudió Psicología en la Universidad Kennedy y también es sexólogo clínico. Compagina su profesión con la de Pastor de la Iglesia Bautista Ministerio Presencia de Dios, en el barrio de Caballito, Argentina. Destacado escritor y conferencista a nivel nacional e internacional, sus libros son hoy leídos por todos los sectores de la sociedad, convirtiendo varios de ellos en Best Sellers. Su nombre es referencia obligada a la hora de hablar de liderazgo y superación personal. Ha impartido conferencias en distintos lugares del mundo como miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. Uno de sus trabajos más conocidos es el libro a tratar, Gente tóxica, donde Stamateas nos ayuda a esquivar a ese tipo de personas que nos causan tristeza o nos encolarizan cada vez que hablamos con ellas o las tenemos en nuestro entorno.


Gente tóxica

Sinopsis
En nuestra vida cotidiana no podemos evitar encontrarnos con personas problemáticas. Jefes autoritarios y descalificadores, vecinos quejosos, compañeros de trabajo o estudio envidiosos, parientes que siempre nos echan la culpa de todo, hombres y mujeres arrogantes, irascibles o mentirosos… Todas estas personas «tóxicas» nos producen malestar, pero algunas pueden arruinarnos la vida, destruir nuestros sueños o alejarnos de nuestras metas. ¿Cómo reconocer a la gente «tóxica»? ¿Cómo protegernos y ponerles límites? Bernardo Stamateas responde a estas preguntas con claridad y convicción. Sus consejos nos ayudarán a hacer nuestras relaciones personales más saludables y positivas. En definitiva, nos ayudarán a ser mucho más felices.

Resumen
Stamateas comienza su libro dándonos a entender que "la culpa es uno de los sentimientos más negativos que puede tener el ser humano y, al mismo tiempo, una de las maneras más utilizadas para manipular a los otros". Las personas que desean hacerse oir utilizan a menudo la pena o el sentimiento de culpa ajena para ser el centro de atención. La culpa siempre está presente en nosotros desde el momento en que un obstáculo bloquea nuestro sueño y afirmamos que no tenemos capacidad para llevarlo a cabo. Quienes viven con culpa establecen dentro de sí pensamientos rígidos, normas inflexibles y principios imposibles de alcanzar cuyo objetivo final es boicotear el éxito, obligándose así a vivir en medio de un fracaso y una autocompasión continua. Un ejemplo de ello es cuando un amigo te echa en cara que no le llamas. Aunque él sabe que él también te puede llamar, prefiere hacerte sentir culpable de tu dejadez y así ser tú el que le vaya detrás. Simplemente hay que recordar que la culpa no es tuya y que si él quisiese verte sería él quien te llamase. Este tipo de personas desea ser tu centro de atención y por eso no actuarán jamás por su cuenta y preferirán hacerte sentir culpable y por ello triste. Esta gente se aprovecha de tu bondad para sonsacarte tiempo, dinero o cualquier otra cosa que tú aprecies. Se sienten "especiales" y poderosos si les prestas atención y les haces caso. Intentan mediante tu sentimiento de culpa que hagas lo que ellos esperan que hagas, que dejes de ser tú mismo, mejor que ellos, para que te rebajes a su nivel y así sentirse ellos por encima tuyo. Eso es lo único que les importa y lo que buscan, que todos sean tan desgraciados como lo son ellos. Aborrecen la felicidad ajena.
Al final de este primer capítulo Stamateas sentencia que la felicidad y el éxito, la desdicha y el fracaso serán el resultado sólo de tus propias decisiones. Si te aferras a tu propósito lograrás hacer lo que nunca hiciste, y entonces todo fracaso o error será transformado en entendimiento y progreso. Para ello debes, si está a tu alcance, reparar tu equivocación y así obtendrás la tan ansiada paz interior. Mientras no actuas, tu fracaso se acentúa, al igual que tu lucha interna.
Sigue Stamateas en busca del éxito y nos recomienda que cada vez que elijamos quién nos va a acompañar en un proyecto, pensemos si esa persona sumará valor y nos permitirá ser la mejor versión de nosotros mismos. Por decirlo de otra manera, el tonto se rodea de gente más tonta que él mientras que el listo se rodea de gente más lista que él. Si quieres tener éxito debes aprender de aquellos que saben más que tú. Si sólo quieres aumentar tu ego entonces sí debes rodearte de estúpidos. Así, jamás serás envidiado. La envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca voy a tener lo que el otro posee. Ese "nunca" es contra lo que Stamateas lucha y también tú debes luchar. Cuando tu estima y tu yo estén seguros de sus capacidades y habilidades, cuando hayas determinado que nada te moverá del objetivo a seguir, nunca nadie más te despertará «envidia». Soñar, proyectarse y ser cada día un poco mejor son los ingredientes de una estima sana que sabe que las limitaciones sólo están en la mente, que nadie le robó a nadie nada de lo que le pertenece, que la felicidad depende de lo que ella misma es capaz de poseer, que su valía no está en función ni de la aprobación ni de la mirada ajena, que su recompensa está esperando ser recogida y que el éxito que le aguarda tiene su nombre. El éxito del otro debe inspirarte, llevarte a que analices cómo lo hizo, cómo lo alcanzó. No debes envidiar al exitoso, sino que debes imitarle. Los envidiosos, la gente tóxica, solo te desean el fracaso. Quizás es la única forma posible que tienen los descalificadores de sentirse, por algunos instantes, importantes. Su forma de pensar es «yo crezco y tengo poder si soy capaz de destruir tu estima y controlarte». Sin embargo, esa necesidad ilimitada de demostrar poder sólo es el resultado de una estima baja, herida, que encuentra valor a sí misma hiriendo y lastimando a otro. Y Stamateas nos advierte: aquello que pienses acerca de ti mismo será aquello en lo que te convertirás.
Otra categoría de gente tóxica es la gente violenta. La persona violenta siempre te hará sentir que eres parte de la guerra que él ha comenzado, y, por sobre todas las cosas, hará lo posible para llevarte a su campo de batalla.
Stamateas nos habla también de nuestra manera de comunicarnos con el otro. Nuestro tono de voz es un disparador de emociones y, como tal, de respuestas. Poner un freno a la violencia verbal mejora y sana nuestra estima, nos habilita a elegir correctamente y a estar en paz con nosotros mismos. El violento verbal sólo podrá cambiar su actitud si él mismo decide hacerlo, por lo cual es importante que tú, que ya te diste cuenta de que la situación está en el límite, puedas ser libre de esa violencia y de todo vínculo interpersonal que te resta y no suma nada a tu vida. El violento verbal, al no encontrar un receptor que le retribuya con su misma moneda, quedará desequilibrado, y con esa actitud lo llevarás a pensar y a que pueda darse cuenta de que no entras en su juego, con lo cual estará obligado a encontrar otra forma de comunicarse contigo. Y esa forma de comunicarse contigo será utilizando amables palabras y un tono suave y cercano. El grito lleva al grito, el llanto al llanto, pero también el júbilo lleva al júbilo y la sensatez a la cordura. Gritar al violento es retarle a gritar más fuerte que tú. Hablarle con palabras cariñosas y tonos suaves es calmarlo. La seguridad nace de saber que sea cual fuere la circunstancia a la que nos enfrentemos, seremos capaces de resolverla.
Stamateas, como muchos otros psicólogos nos define también al psicópata para que nos apartemos de él. Los rasgos del psicópata según Stamateas son:
-Muy cuidadosos con su apariencia.
-Desean poder y dinero por encima de todo.
-No aman a nadie.
-Son interesados. Sólo hablan contigo si pueden sacar un beneficio para sí mismos.
-Se ofenden por todo.
-Desean controlarlo todo.
-Hablan mal de todo el mundo.
-Se esconden detrás de la espiritualidad, buscan refugio en la Iglesia.
-Son locuaces y convincentes.
-Tienen un egocentrismo exagerado. Nadie es mejor que ellos.
-Son resentidos y amargados.
-Son intocables y nadie puede decirles o sugerirles cómo actuar.
-El psicópata es un experto en el arte de usar máscaras, manipular, mentir y engañar sin escrúpulos.
Y si agregamos a estas conductas el hecho de que el psicópata considera al otro como simple objeto, entenderemos por qué se le hace tan sencillo maltratar, lastimar y abusar de los demás, sintiéndose con pleno derecho a hacerlo con impunidad. En resumen el psicópata es:
-Sumamente egocéntrico.
-Orgulloso: posee una autoestima muy elevada.
-Manipulador.
-Mentiroso.
-Cruel.
-Agresivo.
-Caprichoso.
-Antisocial.
-Muy impulsivo.
-Ilógico y sin capacidad de autocontrol.
-Irresponsable.
-Carente de empatía.
-Incapaz de sentir pena o arrepentimiento.
-Calmo aún en situaciones extremas.
-Indiferente a las consecuencias.
-Incapaz de detectar el sufrimiento humano. Alguien que considera que el otro es simplemente un objeto.
-Muy observador.
-Desvergonzado.
-Capaz de adaptarse y cambiar de forma rápidamente.
-Por lo general, muy elocuente y convincente.
-Atractivo.
-Muy superficial.
-Frío.
-Incapaz de mantener lazos con ninguna persona salvo por interés.
Para sacarnos a un psicópata de encima, debemos actuar con indiferencia. No le debemos seguir el juego ni cabrearlo.
Stamateas nos recuerda que nosotros no vemos las cosas tal y como son; las vemos tal y como somos nosotros. Opinamos según nuestra educación, religión o estatus. Aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, nos posicionará como personas habilidosas. Y es esta misma aceptación la que nos capacitará para ser personas eficaces, dispuestas a mejorar continuamente. Y felices.
Otro punto interesante que toca Stamateas en su libro es el rumor. El rumor, nos dice, es una información difundida sin verificación oficial, es decir, una explicación no confirmada de los acontecimientos. Cuando uno habla de aquello cuya fuente original no ha confirmado, se transforma, no en un comunicador, sino en un cómplice del chisme. Como nos hace ver Stamateas, el rumor comienza cuando alguien da crédito a una información y la considera lo bastante importante como para compartirla con otras personas. Los chismosos son personas que no toleran el silencio, por eso es importante para ellos hablar de algo (y qué mejor, piensa, que hablar de otros). El chisme también es una forma de liberar agresividad reprimida. Frente a los chismes primero debemos creer únicamente lo que dice la fuente original, buscar errores de la información y omitir los datos absurdos, evitar las reuniones de chismosos y alentar al chismoso a que hable con el calumniado. Si te detienes a dar explicaciones o a tratar de entender los rumores, te vas a desenfocar, perderás tu realidad y te involucrarás en la ficción del cotilla.
Otra fuente tóxica es el autoritarismo. Este autoritarismo suele darse generalmente en el trabajo y lo suelen ejercer aquellos que tienen subordinados. Justamente el autoritarismo consiste en el abuso de esa autoridad; es el poder que traspasa los límites naturales que debieran existir en toda relación laboral. Estos jefes autoritarios no tardan en darse cuenta que imponer su manera de pensar a sus subordinados o exigirles mucho les crea más problemas, aunque su ego no les deja reconocer su error ni reparar su agravio. Un ejemplo claro de ello es la relación que mantuvo Hitler con sus hombres más cercanos. Éstos temían la ira de Hitler al darle malas noticias y sólo en el último momento Hitler supo que estaba perdiendo la guerra. Si no hubiese existido ese temor, sus generales y ministros habrían hablado con franqueza y actuado de manera distinta, y posiblemente ahora Alemania sería dueña de medio mundo.
Stamateas no profundiza mucho en el autoritarismo laboral, aunque si les interesa el tema yo les recomiendo el libro de Daniel Goleman, Inteligencia emocional, un libro que deberían leer y aplicar todos aquellos que tienen empleados a sus órdenes.
Otro capítulo afronta la neurosis. También el tóxico es una persona neurótica. Neurótico es aquel que tiene la necesidad de ser amado y aceptado, procura siempre llamar la atención, tiene la necesidad de reconocimiento, intenta agradar a todo el mundo esperando que le traten a él como él trata al resto, se propone metas irreales, ansia el liderazgo, no necesita consejos de otros, es independiente y perfeccionista. El neurótico es una persona conflictiva, agresiva, culpógena, inhibida, inteligente, extremista, egoísta e infantil. Pero, sobre todas las cosas, el neurótico es un excelente jugador.
La raíz de la neurosis se encuentra en la infancia del sujeto, en experiencias que no han sido resueltas y que lo llevan a desarrollar una serie de conflictos que marcarán una forma de actuar, de sentir y de ser. Sin embargo el neurótico se va al otro extremo: vive angustiado, y frente al temor a sufrir el rechazo, vivirá jugando y cumpliendo roles que lo asfixiarán dentro de su propia enfermedad.
Los neuróticos son personas que hoy están bien y mañana están mal, que cambian de humor permanentemente, de manera tal que cuando tú te contagies de su mal humor, ellos se pondrán bien, estarán mejor y serán capaces de preguntarte: «¿Por qué tienes esa cara?, ¿qué te pasa?». Por esto mismo hay que alejarse de las personas neuróticas, nos harán caer en la desesperación para ser ellas las que resurjan de sus cenizas.
Stamateas analiza también a los acosadores y manipuladores. Según Stamateas, el acoso es utilizado como un bombardeo psicológico que produce el exterminio emocional de la otra persona. Esto sucede durante un tiempo prolongado mientras el manipulador degrada y maltrata a su víctima sistemáticamente a fin de anularla como persona. Un ejemplo claro de esto es lo que solemos llamar "maltrato psicológico". Aún hoy día muchas mujeres y también hombres sufren este acoso emocional, pero fue en la época de nuestros padres cuando este maltrato llegó a su cenit. La mujer no trabajaba y se debía a su marido para no quedarse en la calle con sus hijos, por no hablar de ser el centro de atención de chismosos. El manipulador se aprovechaba de ser él quien sustentase a la familia para humillar a su esposa, anularla como persona y convertirla así en una esclava. El acosado o manipulado, suele sentirse confundido interiormente, con inmensos sentimientos de culpa y vergüenza y cree ser realmente como el otro lo define. El problema es que cuanto mayores sentimientos de culpa y vergüenza sienta, mayor será el poder que el manipulador tendrá sobre su vida. Lentamente el acosador le aislará de sus seres queridos, de quienes le pueden ayudar y se unirá a otros para armar sus propios bandos en contra de su víctima. Generalmente este tipo de toxicidad se suele dar en parejas, y el acosador suele ser el que lleva más dinero a casa. Y hoy día esa persona puede ser tanto el hombre como la mujer. Para superarlo no debemos creernos lo que el maltratador nos dice y sí aumentar nuestra autoestima.
Otro tóxico que nos encontramos en nuestra vida es el hombre/mujer orgulloso/a. Según Stamateas, el orgulloso es aquel que tiene un exceso de confianza en sí mismo, en lo que dice, en lo que hace, en las decisiones que toma; para él todo lo que hace es perfecto, él es perfecto, él es Dios y él hace todo bien, y nada ni nadie pueden contradecirlo. Una persona sana siempre debe dejar un margen de duda para analizar lo que ha hecho. El orgulloso no. El orgulloso es arrogante, pedante, y siempre querrá estar por encima del otro, demostrando su "sabiduría", aprovechándose de la ignorancia de su interlocutor. El orgulloso sólo hablará con otra persona de temas que el otro desconozca porque así causa la admiración del otro. Es Dios, no lo olvidemos, y el resto de la humanidad simples mortales.
Stamateas también trata una de las personas tóxicas más dañinas y cansinas de la sociedad: el quejica. Existen personas que lo primero que hacen es quejarse. La queja es un lamento, una demanda, un reproche, una desazón, un disgusto, un reclamo permanente que lo único que logra es alejarte de la mejor gente. El Doctor Don Colbert, uno de los mejores médicos de Estados Unidos dijo: «Lo que experimentes emocionalmente se convertirá en una sensación física». Es decir, si te quejas a menudo de un simple dolor de cabeza, al final tendrás migraña. El tiempo que perdemos quejándonos podríamos aprovecharlo buscando soluciones y sacándole provecho a la situación por la que estamos pasando. Pero no, el quejica no sólo no busca una solución sino que espera que el quejido en sí mismo sea la solución.
Stamateas nos insta a evitar a las personas que presenten cualquier síntoma antes mencionado y para ello nos da un consejo en mi opinión muy útil. Decir "no". El «no» es necesario y debemos aprender a decirlo con paz; podemos y está permitido decir «no». Decir «no» muchas veces es sinónimo de salud. Sin odios, ni broncas, ni en malos tonos, pero decir «no». Decir "no" puede ser beneficioso para nosotros, para nuestro bienestar y nuestra paz interior. Ser fiel a uno mismo y a nuestras palabras nos convertirá en personas creíbles y confiables, tanto si hemos dicho «sí» como si hemos dicho «no». Decir "no" puede crearnos enemistades, pero si esa enemistad es de una persona tóxica debemos alegrarnos de sacarnos de encima un problema, de echar de nuestro cuerpo la negatividad. Decir "no" en ocasiones puede ser muy positivo. Es más agradable estar aliado de aquel que nos da soluciones o aporta ideas que de aquellos que generan problemas. Digamos "no" al manipulador, al tonto, al envidioso, al orgulloso, al autoritario, al psicópata, al neurótico, al chismoso, al tóxico en general. Digamos no a todos aquellos que nos afligen, nos incomodan, nos entristecen, nos enfadan. Nuestro cuerpo y nuestra alma nos lo agradecerán. Y recordar que si una negativa conlleva un reproche entonces estamos haciendo bien en negar. Las personas que nos quieren lo entenderán, las personas que sólo se quieren a sí mismas no.
Acabo con una frase del libro: <<todas las comodidades de la vida (las que se ven y se tocan) fueron antes una idea invisible, hasta que alguien decidió hacer algo concreto al respecto>>. E. Zelinsky.
Nadie nace enseñado, todo es posible y lo primero es nuestra salud y nuestra felicidad.