miércoles, 17 de agosto de 2016

La silkepil

Como hombre moderno, metrosexual y pobre que soy, a falta de no poder pagar una depilación láser definitiva y cansado de pasarme la cuchilla de afeitar por todo el cuerpo tardando varios días y descubriendo siempre que algún trozo me he dejado por la pantorrilla, me he decidido por pedirle a mi mujer la silkepil convencido de que me quedaría la piel como el culito de un bebé y tardaría lo menos un mes en volverme a depilar. ¡Me cago en mi puta madre! ¡Quién me mandaría a mí probar semejante artilugio! ¿Que las armas las carga el diablo? ¡Y una mierda! ¡Las cargaba hasta que se inventó la silkepil! ¿Pero qué demonios le pasaba por la cabeza al tío que inventó la depiladora arranca pelos de cuajo? Algo muy gordo le tuvo que hacer su mujer para inventar tan macabro aparato de tortura. Pero muy gordo, ¡gordísimo! ¡Cuánto odio tenía ese hombre ahí acumulado! Está machista, misogino y por encima de ellos Remington, que inventó la depiladora eléctrica en 1940. Algo que mi macabro cerebro no puede ni siquiera imaginar. Es para morirse. ¿Saben el dolor extremo que causa tan pequeño aparato? Al tercer pelo que me ha arrancado me he puesto una toalla enrollada entre los dientes y me he dicho: ¡venga chavalote, con un par! Joder, lo hacen las mujeres no lo vamos a hacer nosotros, que nos sacamos balas del cuerpo sin anestesia ni ná, que domamos leones, que soportamos fuerzas de mil ges... Pues no, no he podido. Al sexto pelo arrancado estaba sudando como un pollo y cagándome en la puta que parió al vello y al desgraciado/a que dijo que un hombre depiladito era más atractivo que uno peludo. ¡Su madre! Sólo he podido pasarme la silkepil por la espinilla izquierda y he acabado llorando, pataleando, con la pierna hinchada, como si tuviese lepra o algo así y caminando escarranchado. Me río yo de esos que levantan doscientos kilos en pres banca. Ja, ja. Depílate con silkepil, machote, a ver si tienes huevos, campeón. A mí con esas minucias. ¡Qué dolor! No me imagino a Torquemada con una silkepil en la mano preguntando al desgraciado de turno si creía en Dios y acercándole el aparato a los huevos. Sólo pensarlo me muero de dolor. ¿Que si creo en Dios? Le recito la Biblia de corrillo. Con una silkepil acercándose a mis queridísimos testículos yo creo en Dios, en  la Virgen, en San Pedro y le invito a chupitos al Espíritu Santo hasta que pille la gran cogorza. Madre mía la de infieles que hubiesen abrazado el catolicismo si la Santa Inquisición hubiese tenido en sus manos esta arma de destrucción masiva. Ya me los imagino yo ahí, atados al potro, suplicando por su vida: ¡métanme la pera vaginal por el culo y ábranla hasta que me reviente las tripas pero la silkepil no, por favor!
Su puta madre, ¡el daño que hace eso! Además, no es un tirón y ya está, como la cera depilatoria, no. La silkepil es un dolor continuo, incesable, que no te deja ni un segundo de respiro. Es que te la pasas por la pierna derecha y te duele todo el cuerpo, imaginándose lo que le espera. Diez minutos y he acabado más hecho polvo que Jesulín con seis toros para él sólo. Eso sí que es no sentirse las piernas, no las veinte flechas clavadas que sufrió Rambo. Lo mejor de todo es que oyendo mis improperios, mi mujer se ha acercado a mí y me ha dicho como quien no quiere la cosa: cariño, la segunda vez que te la pasas ya no duele. ¡Nos ha jodido! ¡Es que la segunda vez te la pasas ya sobre hueso! Porque la quiero que si no, si no..., no sé no me llega la sangre al cerebro. Señor silkepil, ¿no ha pensado en regalar un pote de dos litros de benzodiacepina con cada aparato? Estoy por venderle burundanga a cada mujer que salga del supermercado con una depilady. ¿Por qué creen que Hulk tiene esa cara de mala ostia? ¡No va estreñido no, se depila con la silkepil! Es nombrarla y ponerse verde como un pimiento y empezar a derribar edificios a puñetazos. Si es que ese aparato cabrea al más pintado. Bueno sólo decir que si quieres ser un hombre como pocos, un superhéroe, un dios viviente, debes depilarte con silkepil. Serás el hombre más respetado y más delgado del mundo. Y ni así llegarás a la altura de los tobillos a una mujer que lleva toda su vida depilándose con la maldita silkepil. Buenas tardes.