domingo, 27 de agosto de 2017

Terrorismo: perfil de un yihadista

El último ataque terrorista a nuestra ciudad, Barcelona, ha sobrecogido a Cataluña y nos ha hecho sentir insignificantes frente a la barbarie que algunos desalmados protagonizan sin importarles la edad o la nacionalidad de sus víctimas. Los medios nos han enseñado sus caras, sus edades y sus lugares de residencia, las redes sociales sus actos y sus muertes pero nada más. Sabemos que la mayoría eran muy jóvenes y catalanes de segunda generación pero la verdad es que a partir de ahí la información se distorsiona. ¿Qué sabemos realmente de los terroristas? Mi inquietud me ha llevado a querer informarme y saber si mi vecino puede ser terrorista o no. Para ello he escogido varios libros y un informe sobre terrorismo en España que os resumiré a continuación. Debo decir que este informe escrito por Fernando Reinares y Carlota García ofrece datos obtenidos de los yihadistas detenidos en España de 2013 a 2016. Con estos datos se ha intentado obtener un perfil genérico de quién, cómo y por qué individuos islamistas matan a personas inocentes en nombre de Alá. Espero esclarecerles algunas dudas.
Para empezar, el sexo. Aunque también las mujeres participan en la yihad (después explicaremos su misión), el 83% de los detenidos fueron hombres. Su media de edad es de 31 años, aunque el 63% de ellos tiene entre 20 y 34 años. En las mujeres la edad media baja a 22 años, aunque muchas de ellas son captadas aún siendo menores de edad. Lo cierto es que la propaganda del Estado Islámico va dirigida a jóvenes y les animan a viajar al Califato (establecido entre Siria e Irak) para que luchen contra los infieles en aquella zona o se impliquen en sus lugares de residencia perepetrando atentados como los de Barcelona, Madrid, Niza, París o Londres.
La misión de las mujeres en la yihad es casarse, tener hijos y educarlos para que sigan los pasos de sus padres. Hay que recordar que para los fanáticos del Islam es un orgullo ser mártir. Por esto mismo, el 70% de los detenidos estaban casados y muchos de ellos con descendencia.
La nacionalidad de los detenidos no es tampoco muy variada. El 45% tenía nacionalidad española y el 41% eran marroquíes. En lo que se refiere a los españoles, todos de origen magrebí, el 48% eran de Ceuta o Melilla. Cabe destacar que los detenidos entre 1996 y 2012 sólo el 16% tenían la nacionalidad española. Eso significa que los captados son jóvenes cuyos padres son inmigrantes y que o bien han nacido en España o llegaron a nuestro país siendo muy pequeños. Cataluña es la tercera comunidad autónoma que proporciona yihadistas a la causa. El 10% de los nacionalizados en España nacieron en Barcelona ciudad, en Granollers y Sant Boi. El 90% residían en España y fueron arrestados por terrorismo por primera vez en nuestro país. Esto es muy significativo ya que como hemos visto no se dejan capturar con vida. Otro rasgo importante es su lugar de residencia. El 64% de los detenidos fueron detenidos en ciudades entre 50 y 500 mil habitantes, la mayoría catalanas y ceutíes (Ripoll, Alcanar, etc). Y sólo el 13% de los detenidos son conversos.
El perfil familiar nos es conocido también. La mayoría de los terroristas proceden de familias desestructuradas y han tenido traumas o problemas de salud mental en la adolescencia. Son introvertidos, solitarios y su no integración les hace más vulnerables a la hora de ser captados. También es curioso que sólo el 11% de ellos tenía un conocimiento aceptable del Corán. Su nivel de estudios es también bajo. El 59% tenía estudios secundarios y el 29% estudios primarios. Sólo un 10% poseía estudios universitarios. Esto hace que el 25% estuvieran en el paro o fuesen aún estudiantes. El resto, los que trabajan, regentan locales o trabajan en el sector hostelero, de la automoción o como peones de la construcción. Como puede verse y dados su pobres estudios, el nivel adquisitivo de los detenidos era bastante insuficiente. Por ello la causa se subvenciona con ayudas públicas que reciben de sus C.C.A.A. para la integración social o para autónomos y pequeñas empresas. También se nutren de robos o tráfico de hachís. Así, el 40% de los detenidos por terrorismo entre 2013 y 2016 tenían antecedentes penales.
La radicalización se efectúa a edad muy temprana, entre los 15 y los 19 años. En esta edad el adolescente se encuentra perdido y busca su lugar en el mundo, por lo que es una presa fácil para los adoctrinadores. El 73% se radicalizó en España (Ceuta, Barcelona y Madrid), el resto en Marruecos y Francia. El 18% se radicalizó sólo online y el 52% se hizo mixto (online y offline). El proceso de captación se inicia en las redes sociales (Facebook, Twitter o WhatsApp) y cuando el proceso está avanzado los acogen en pisos, convocan reuniones en mezquitas o se reúnen en lugares al aire libre pero apartados. Los captadores los estudian durante meses para saber quién de ellos es más débil y maleable para poder dar su vida por Alá (el 80% se radicalizó en compañía). Aunque sólo el 5% de los yihadistas actuaron en solitario, el Estado Islámico está intentando aumentar este porcentaje ya que es más difícil intervenirlos en atentados que a un grupo de diez o quince personas. Los captadores y adoctrinadores son individuos con una amplia experiencia en la yihad y son unos héroes para los novatos. Cabe destacar que el 65% de los detenidos tuvo lazos afectivos con su reclutador, normalmente familiares o vecinos. El reclutador les adoctrina para que los jóvenes ambicionen cambiar el orden mundial y así puedan crear un Califato Islámico, algo parecido a lo que los judíos desearon tras la II Guerra Mundial con la creación del estado de Israel. El muyahid (“combatiente del Islam”) cree morir por una buena causa y a todo aquel que se convierte en mártir Alá le perdona sus pecados (como sucedía con los cruzados en la Edad Media), los acepta en el paraíso, los casa con 72 vírgenes y salva el alma de 70 familiares. Así, los reclutadores aprovechan momentos de depresión (pérdida de novia, trabajo o algún familiar) para reclutarlos. En ese momento les da igual morir que vivir y si Alá les ofrece 72 vírgenes para ellos solitos… Los jóvenes adolescentes musulmanes tienen crisis de identidad ya que no encuentran su sitio en Europa por su estricta educación. Éstos llegan de jóvenes o pequeños a Occidente y su educación musulmana les impide integrarse en Europa de una forma normal, sobretodo a las mujeres. Los captadores les alivian esta crisis de identidad llevándolos a Siria e Irak, donde serán comprendidos y donde compartirán experiencias con sus iguales. Los adoctrinadores les inculcan el odio tanto a cristianos, judíos como a los suyos, los chiis. Para la doctrina salafista (retorno a los orígenes del Islam) todos ellos son infieles que merecen morir.
Un pequeño apunte de historia. A la muerte de Mahoma, allá por el 632, los musulmanes se dividieron en dos grupos. Los sunitas abogaban por la sucesión de Mahoma mediante la elección de un Califa mientras que los chiitas deseaban que fuese Ali, el yerno de Mahoma, su sucesor al no tener el profeta descendencia masculina. Se cree que Ali y uno de sus hijos fue asesinado por el Califa de aquel momento y ahí comenzó la guerra que dura hasta hoy día. Aunque los sunitas son el 90% de los musulmanes, es la rama más ortodoxa del Islam, defendiendo la tradición frente a la modernidad y los avances tecnológicos. Para poner un símil occidental imaginemos que Jesús hubiera tenido una hija y al morir se hubieran enfrentado los seguidores del marido de la hija con los seguidores de San Pedro por ser el cabeza de la Iglesia Católica. Más o menos.
Como conclusión podemos decir que actualmente el terrorista es un hombre joven, nacido o criado en Ceuta, Melilla o Cataluña, con crisis de identidad, introvertido, inculto, no integrado, con escasos recursos económicos y por supuesto musulmán de nacimiento. Esta no integración le lleva a ser captado por yihadistas veteranos que le hacen ver que su mejor salida es la de ser un mártir golpeando la conciencia pacifista occidental para conseguir un Califato sunita sin importar quién sea su víctima.
Desde el 2015 se sabía que los atentados de Barcelona podían suceder. En abril de ese año se arrestó una célula de 10 miembros que querían atentar en Barcelona. Ese octubre la sede del PP Madrid recibió varias cartas en las que se mencionaban atentados en el metro de Madrid y Barcelona. Estas cartas fueron escritas por dos presos islamistas que saldrían de prisión en pocos días y redactadas por el marroquí que los radicalizó. Así que podrían haber sido muchas víctimas más de las triste 14 que han sido. Y por supuesto la guerra con el fanatismo islámico no ha hecho más que empezar. No hay que tener miedo, pero tampoco debemos confiarnos.

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Por qué mienten los niños?

La mentira ha sido nuestra fiel amiga a lo largo de la historia y bien se merece un artículo, un libro o una enciclopedia entera. Todos, todos, hemos mentido alguna vez, sea para bien o para mal. Al contrario de lo que se pueda pensar, la mentira no es exclusiva de los adultos. Los niños empiezan a saborear la mentira a edades muy tempranas, tres o cuatro años, y depende de los padres que la mentira les acompañe el resto de sus vidas o que la vean como algo perjudicial para ellos y para los que les rodean.

Los motivos por los que mentimos pueden ser muy diversos pero en los niños el miedo a la cólera paterna es sin duda la causa más importante de las mentiras infantiles. Los niños prueban a los padres porque desean saber sus límites. El deseo de cualquier mentiroso es evitar responsabilidades y si no se le pilla el mentiroso aprende que se puede salir con la suya engañando para conseguir el éxito. Y si le funciona puede enseñar al niño a romper otras reglas. Si les funciona puede ser que sus fechorías no tengan límites. Puede que la mentira sea la primera señal de que se está gestando un problema. Si el niño puede colar sus mentiras sin ser descubierto, eso puede animarle a correr los riesgos que implican otros actos antisociales como robar. Es importante que ya de pequeños sean conscientes de que mentir está mal. Al crecer psíquicamente, si no se les advierte de pequeños, sus mentiras se pueden hacer más grandes, más continuas y más problemáticas para los padres. Aunque los preadolescentes o los adolescentes más jóvenes entienden la idea de que mentir está mal porque los demás ya no confiarán en nosotros, eso no es prioritario en sus mentes. Incluso los adultos no recuerdan siempre la consecuencia de una pérdida de confianza cuando están sopesando si mentir o no. Cuando se miente se merman las relaciones y puede que éstas ya no sean las mismas después de haber violado la confianza del otro con una mentira. La pérdida de confianza es difícil de reparar y a veces resulta irreparable (como deben saber muchos adultos que son engañados por sus parejas).

El hecho es que cuando no hay emoción de por medio es fácil mentir; es mucho más fácil mentir sobre hechos, planes, acciones o ideas que decir que uno no está enfadado, asustado o que siente cualquier otra emoción. Es mucho más fácil mentir sobre no haber estado enfadado ayer que esconder el enojo que se siente en el momento. Es más fácil esconder una ligera irritación que la furia. Incluso cuando la mentira no trata sobre emociones, las emociones que se suscitan al mentir —miedo a ser descubierto, culpabilidad por la mentira, o el reto y el estímulo que supone colar con éxito una mentira («el placer del engaño»)— pueden hacer que resulte más difícil mentir con éxito.

Las investigaciones con adultos indican que las personas no se sienten culpables por mentir a alguien a quien no respetan, con quien no comparten unos valores. Por ello se supone que los niños se sienten menos culpables cuando mienten a unos padres que les imponen unas normas que ellos consideran injustas, duras e inflexibles, igual que los adultos no sienten culpa alguna por mentirle a un jefe que consideran ha sido injusto con ellos, que cuando mienten a unos padres honrados y comprensivos. Y con una mentira colada con éxito el mentiroso reafirma su poder sobre su padre o su jefe y se venga así de su superior.

Así pues, la mentira puede hacernos ser peores personas, personas egocéntricas y vengativas. La mentira exitosa nos endiosa, nos hace creer superiores a nuestras víctimas y nos da la falsa seguridad de que hagamos lo que hagamos no nos pillarán jamás. Incluso puede convertir a personas normales en profesionales de la mentira, en estafadores y delincuentes hasta que el mentiroso se tope con alguien más mentiroso que él o más inteligente. Por eso es primordial hacerle saber al niño desde bien pequeño que los mentirosos son personas malas que acaban haciendo cosas malas y pueden que acaben sus días peor de lo que ellos creían.

Fases de la mentira

De 3 a 5 años.

Los niños de preescolar normalmente piensan en términos de lo que ellos quieren, y sea lo que sea eso, es lo correcto. Para ellos el mentir en sí no es malo si con ello consiguen lo que desean. En esta etapa es importante que los padres hagan saber a sus hijos que se sienten felices cuando les dicen la verdad y que no les gusta que les mientan.

De 5 a 6 años.

Los niños de esta edad se ven impresionados por el poder superior de los adultos. Cooperan mucho más, pero esta cooperación no está basada en la comprensión de las reglas, sino en querer obedecer a los adultos. Este es el periodo en que los niños creen que los padres siempre saben cuando el niño miente. Al igual que en la anterior etapa, el padre debe seguir insistiendo en que no le gusta que su hijo le mienta. El padre debe explicarle lo injusto que resulta la mentira para la persona a quien se miente. También es bueno que le pregunte a su hijo cómo se sentiría si alguien le mintiera a él o a ella para que se pueda poner en la piel del otro.

De los 6 a los 8 años.

Los niños ya no creen que los adultos siempre tengan razón. Su idea de justicia es la regla de oro, ojo por ojo, diente por diente. Es difícil para los niños que están en esta etapa comprender que mentir perjudica a otros. El padre debe intentar utilizar esa justicia del ojo por ojo para explicarles qué les ocurriría a su familia, amigos o escuela si todo el mundo mintiera y engañara.

De los 8 a los 12 años.

El niño quiere estar a la altura de las expectativas de los demás. Un período de conformidad, esta fase subraya lo que se ha llamado la moralidad del «niño bueno». A los adolescentes que se encuentran en esta etapa les importa tanto la aprobación de sus semejantes que otras preocupaciones morales se pueden ver debilitadas si entran en conflicto con lo que sus compañeros esperan de ellos. Es éste un período en que surge la conciencia, en el sentido de que los niños se ven motivados no solamente para evitar el castigo, sino para estar a la altura de su propia autoimagen. Los niños mienten en esta etapa para evitar desagradar a sus padres, para evitar el ridículo y ganar la aprobación de su mismo grupo de edad. En esta etapa se puede apelar a la preocupación del hijo por su reputación, explicando lo terrible que es tener fama de mentiroso. También se puede empezar a utilizar argumentos explicando cómo la sociedad se hundiría si todo el mundo mintiera.

Más de 12 años.

Los adolescentes se preocupan por ser buenos miembros de su comunidad, escuela o sociedad. En esta fase se puede englobar también a los adultos. Ahora pueden comprender el conflicto real entre la lealtad a un amigo que ha cometido una transgresión y la obligación hacia una sociedad amenazada por esa transgresión. Es un tiempo en que el padre puede hacer hincapié en lo que ocurre cuando se pierde la confianza. También puede recalcar ese punto a los niños más jóvenes, pero no espere que lo comprendan fácilmente.

¿Por qué se miente?

La mayoría de niños (y también de adultos) mienten para evitar el castigo, es decir, obtener un beneficio por un acto mal hecho. Los adultos mentimos para librarnos de pagar una multa, para conseguir un trabajo, para enamorar, para evitarnos la reprimenda del jefe, etc. Los niños son iguales a los adultos. A muy temprana edad aprenden a mentir, a acusar, a omitir o a hacer trampas para evitar un castigo, poder hacer una fiesta, comer dulces, etc. Pero hay que tener varias cosas en cuenta para conocer la causa de la mentira. Los padres o educadores deben preguntarse si fue el niño responsable de lo que hizo, si fue una acción deliberada, si sabía el niño que lo que hacía estaba mal hecho, qué daño se ha hecho, si alguien salió perjudicado y de qué manera, si se dañó algún tipo de propiedad, si se violó algún principio importante, si la mentira empeoró el hecho o si el daño habría sido menor si el niño no hubiera mentido. Los padres deben primero saber el motivo para comprender la mentira y conocer el daño para aplicar el castigo.

Pero los padres también pueden ser los culpables de la deshonrosa actitud de su hijo. Un padre que miente frecuentemente a su hijo, o que no suele cumplir las promesas que hace, no puede esperar que su hijo actúe de otra manera. Un padre que se basa en duros castigos o amenaza injustamente al niño puede descubrir que ese niño le obedece por miedo, no por respeto. Los psicólogos Hartshorne y May llegaron a esa conclusión en su estudio y otros dos estudios posteriores también han descubierto que los niños que más mienten provienen de hogares en los que los padres también suelen mentir o animan a romper las normas. Hartshorne y May también descubrieron que los niños que mentían provenían de hogares en los que existía una menor supervisión paterna. Así que la mayoría de veces los padres son los causantes y ni siquiera lo saben. En otro estudio realizado donde se preguntó a los padres con qué asiduidad mentían sus hijos, el 4% de los chicos cuyos padres dijeron que sus hijos «siempre decían la verdad» fueron condenados después por robo. El 12% de chicos cuyos padres dijeron «de vez en cuando suelta alguna mentirijilla» fueron condenados por robo. Y el 36 % de los chicos cuyos padres dijeron «cuenta mentiras deliberadas con bastante frecuencia» fueron condenados por robo dentro de los quince años siguientes.

Algunos padres, leyendo esto, se preguntarán por qué su hijo miente y el del vecino no. Es decir, ¿qué distingue a esos niños que no mienten ni engañan de los que sí lo hacen? Para contestar a esta pregunta Ekman ha tenido en cuenta tres características del niño: la inteligencia, la inadaptación y la personalidad (además de influencias externas como padres, amigos y ambiente familiar). Los estudios han demostrado que los niños con coeficiente intelectual por debajo de la media mienten más que el resto. ¿Por qué? Pues porque el niño menos listo tiene que hacer trampas para estar a la misma altura que el resto. Imaginemos un exámen. Al “listo” no le hará falta copiar para sacar buena nota. Si el “tonto” quiere sacar la misma nota que el “listo” se verá obligado a copiar. Y si le añadimos un padre exigente y un entorno burlón tenemos un mentiroso crónico al que la vida lo puede llevar por derroteros muy equivocados. Pero también puede haber tramposos en pruebas atléticas, en manualidades, etc. El coeficiente intelectual puede ayudar a no hacer trampas en algunos casos pero el entrenamiento físico puede ayudar en otros. Así que lo correcto sería decir que los niños con talentos especiales —sea el que sea ese talento— tienen menos probabilidades de engañar cuando ese talento les puede llevar al éxito. Pero también el niño talentoso puede mentir. Ser inteligente puede llevar a la honradez, pero también a la compulsividad. La alta inteligencia de un niño puede llevarle a perfeccionar la mentira hasta extremos insospechados y por lo tanto a salirse con la suya siempre que quiera. El hecho de saberse conocedor de tal poder le puede convertir en un ser manipulador y egocéntrico. En este caso también pueden ayudar los progenitores. Si los padres también son manipuladores verán la característica de su hijo con orgullo y el niño seguirá manipulando a sus anchas. Por el contrario, si los padres de un niño manipulador son ingenuos, esto provoca que el niño no sea cazado en sus mentiras y obtenga así todo lo que quiera con un mínimo esfuerzo y sin consecuencias. Ya sean inteligentes o no, lo que sí esta demostrado es que el 65% de los niños con desórdenes de conducta son mentirosos, por el 13% de otros con problemas de neurosis. En un estudio entre jóvenes americanos casi el 90% de los chicos inadaptados de dieciséis años, y casi el 70 por ciento de chicas de la misma edad, mienten y engañan. Como contraste, menos del 20 por ciento de chicos y chicas normales del mismo grupo de edad lo hacen.

Tipos de mentiras

Mentiras piadosas

Los niños no ven como mentira estas mentiras piadosas. Puede que la mentira sea la única manera de proteger a otra persona de un daño. Puede que la mentira sea la única manera de reclamar intimidad cuando otras personas nos invaden el territorio. Puede que la mentira esté motivada por la lealtad, y a veces el conservar esa lealtad es más importante que cualquier impulso de decir la verdad. Las mentiras que se cuentan porque el receptor de la mentira supuestamente quiere ser engañado a veces tampoco son graves ni perjudiciales. Existen situaciones, por supuesto, en que el mentiroso puede preferir pensar que el otro quiere ser engañado cuando ése no es precisamente el caso. Cuando el mentiroso piensa que la mentira no hará daño a nadie, ni siquiera a la persona a quien va dirigida, la culpabilidad está relativamente ausente. También la culpa está ausente cuando les dicen que mientan. Por lo tanto, mentir cuando le preguntan si le gusta el vestido que lleva puesto o su juguete favorito para no dañar la autoestima del otro no está mal visto ni por niños ni por adultos. Pero la polémica está servida porque sigue siendo mentir aunque sea para no dañar al que pregunta.

Omisión u ocultación

Esconder no resulta más justificable, moral ni correcto que falsificar. Simplemente son técnicas diferentes de mentir. Todo el mundo, niño o adulto, prefiere encubrir la verdad antes que decir algo falso. Es más fácil. El ocultador no tiene que recordar ni defender una línea falsa. Y el esconder no parece tan malo. Parece peor, tanto para el que miente como para aquel a quien se miente, ser víctima de una aseveración falsa («¡Me mentiste en mi propia cara!») que de una ocultación. Para falsificar hay que ir un paso más allá. Es más difícil volver atrás.Con la ocultación, el mentiroso puede pensar (o, una vez descubierto, sostener) que estaba a punto de confesar y que no hubiera mentido si se le hubiera preguntado directamente. Puede que eso incluso sea cierto.

La omisión está bien vista por los niños, para ellos no hablar es no mentir. Incluso mejor porque el que omite puede excusarse creyendo que ni su padre ni su madre quieren saberlo en realidad. Esa línea de defensa no aparece normalmente hasta la adolescencia; y no se acaba ahí. La asesora y columnista Ann Landers suele decir a su público adulto que no confiesen infidelidades pasadas, que dejen las cosas tal como están. Pero para el autor, omitir es sinónimo de mentir, ya que el actor sabe que ha hecho algo malo aunque no lo diga.

Hacer trampa

El hacer trampa es otro tipo de mentira con el que los niños están muy familiarizados. De hecho, cuando se preguntó a los niños que se entrevistaron para el estudio del libro si había algún otro tipo de mentira sobre el que no les hubiéramos interrogado, contestaban: «Hacer trampas». Las trampas son engaños que usan aquellos que saben que actuando bien, que cumpliendo las reglas no sacarán beneficio y mienten o engañan para conseguir el éxito. El niño debe saber que al hacer trampa se engaña únicamente a sí mismo y le falta al respeto a aquel que por esfuerzo es mejor que él.

Mentira deliberada

La mentira deliberada es la mentira en sí misma. Es la peor de todas las mentiras, ya que el actor usa su inteligencia para engañar a los demás buscando sólo su propio beneficio. Incluso hay un más que es el vivir de la mentira. Los mentirosos profesionales no dejan temas al azar, ni cabos sueltos. Preparan sus respuestas con antelación y memorizan una respuesta creíble para todas las preguntas que creen que su presa les podría plantear. Este detallado estudio puede llevar a que el mentiroso se crea sus propias mentiras y ser así aún más convincente en su engaño. Éstos son los más peligrosos, los que tienen menos escrúpulos y los que delinquen más.

Evitar la humillación y la vergüenza

Mentir para evitar la humillación es algo perdonable, incluso comprendido. El niño que dice que se ha mojado en la fuente porque no quiere reconocer que se ha hecho pipi encima nos da pena. La humillación para un niño ante sus iguales puede causar fuertes traumas emocionales y por ello es casi comprensible que mientan para no ser el “meón” de clase.

Acusar

Los niños sopesan a muy temprana edad si deben delatar a un amigo o no intentando descubrir el motivo del infractor, la extensión del daño, la reciprocidad y la lealtad, y también si algún inocente pudiera resultar afectado. Según los estudios, los niños defienden al niño bueno y acusan al niño malo aunque ambos hayan cometido la misma infracción si el infractor va a saber quién lo ha delatado. Si el chivatazo queda en secreto los niños delatan al infractor sea bueno o malo. Saben que chivarse es malo y por lo tanto evitan las acusaciones públicas. Pero en su interior saben que lo hecho por el otro está mal y si no hay consecuencias para ellos están dispuestos a delatar al infractor por su mal acto.

Presumir

El presumir o exagerar es otra de las mentiras más comunes tanto en niños como en adultos. El motivo es el mismo: aumentar la propia condición o categoría, aparecer ante los demás como más importante, glamouroso y estimulante. El relato exagerado suele ser más interesante y halagador que el que no se adorna. Alardean siempre ante quienes les creen.

Deseo de intimidad

El deseo de obtener o mantener la intimidad es otra razón frecuente por la cual mienten los niños. Ello es especialmente cierto en los niños de más edad. Algunos padres mienten a sus hijos por la misma razón. Cuando el niño oye un intercambio amoroso o una pelea a través de la puerta del dormitorio, los padres normalmente ocultan la verdad con un relato falso. «Ese ruido no fue nada, tu padre que tropezó.» «Nadie gemía, te lo debes haber imaginado.» «No estaba gritando, sólo le estaba contando a tu madre cómo uno le gritó al jefe.»

Abusos sexuales

Cuando un niño miente en temas sobre abuso sexual del padre, en muchas ocasiones es porque le ha lavado el cerebro una madre vengativa o enfermiza que proyecta sus propias fantasías inconscientes en el cónyuge. En estos casos, los detalles sobre las actividades sexuales se obtienen con mucha facilidad o incluso puede que el niño las ofrezca de manera espontánea. El niño muestra poca o ninguna emoción al describir los abusos y muchas veces utiliza terminología adulta.
Por otro lado, las auténticas víctimas de incesto son más bien reacios a contar detalles sobre los abusos.

Soluciones

Explíquele a su hijo cómo el mentir afecta a la confianza, y lo difícil que resulta convivir con alguien cuando no hay confianza. Asegúrese de que su hijo comprende que usted no va a aceptar las mentiras, y por qué. Involúcrese de manera más activa en la educación moral de su hijo. Ayude a su hijo a comprender que hay muchas cosas más por las que interesarse que tener poder sobre los demás. Hágale saber que no hay nada más importante que la confianza entre iguales. Frases como “si has hecho algo que sabes que yo desapruebo, no tengas miedo de decírmelo”, “recuérdame que no me enfade”, “puede que tengas que hacer algo para compensarlo, pero me sentiré muy orgulloso de ti por decirme la verdad”, “realmente no quiero escuchar más excusas sobre por qué no estás en casa a tu hora y lo cierto es que necesito saber cuándo vas a volver a casa porque me preocupa tu seguridad y necesito saber dónde estás” o “si no vas a llegar a casa a la hora, debes telefonear” son frases amables que ayudan a la sinceridad del menor porque les evita un enfado y un castigo. Lo más importante es recordar que no hay que responder con irritación, con un enojo nacido del hecho de sentirse dolido, traicionado o desafiado. Intente comprender por qué ha surgido la mentira, el motivo por el que se miente. En muchas ocasiones esa comprensión le permitirá hablar con su hijo de manera tal que el niño pueda ser sincero, y ello eliminará el motivo por el cual el niño miente. Recordemos que los niños mienten sobretodo por temor a la ira paterna y al consiguiente castigo. Si el padre no se enfada y suaviza el castigo al hijo por decirle la verdad posiblemente la próxima vez sea más sincero con él. También el padre debe intentar poner a su hijo en la piel de su víctima. Un niño al que repetidamente le hablan del efecto que su mala conducta tiene sobre los demás tiene más posibilidades de interiorizar la lección y de no volver a caer en ese tipo de conducta. El niño que es castigado físicamente por su comportamiento o a quien se retira el cariño tiene menos posibilidades de aprender la lección y por lo tanto mentirá para que ese cariño anhelado no se le retire.

Para muchas mentiras los padres deberían tener dos castigos, uno por la ofensa y otro por la mentira que quería encubrirla. El culpable debería comprender que se trata de dos castigos diferentes, por dos faltas diferentes. El castigo por mentir debería reflejar las consecuencias de la ruptura de confianza. Un acto terrible, una mentira desesperada para ocultarlo, necesita ser castigado pero también perdonado.

Conclusiones

Está estudiado que el niño que miente asiduamente tiene más posibilidades de tener problemas con la justicia que el que dice la verdad. De los niños que mienten también se dice que toman alcohol o drogas, frecuentan malas compañías y pertenecen a pandillas, son testarudos, provocan incendios y echan la culpa a los demás. Por definición, esos niños inadaptados no están teniendo éxito en sus vidas. Están rompiendo las normas impuestas por sus padres, la escuela y la sociedad y son descubiertos en sus transgresiones. Los niños que rompen reglas van a mentir si quieren evitar el castigo por sus transgresiones o si no pueden conseguir lo que quieren sin mentir. Todo ello simplemente sugiere que el mentir es una característica, no una causa, de la mala adaptación. La mentira reafirma el derecho del niño, su derecho a desafiarnos, su derecho a la intimidad, su derecho a decidir qué cosas va a contar y qué cosas no. La mentira genera desconfianza, traiciona la confianza. La mentira implica que no se tiene en cuenta a la persona a quien se miente. Puede llegar a ser casi imposible vivir con alguien que mienta con regularidad. Si usted no quiere vivir un infierno y quiere que su hijo sea feliz puede hacer dos cosas: hablar con él y darle ejemplo.

Extraído del libro Cómo detectar mentiras en los niños de Paul Ekman.

lunes, 3 de julio de 2017

La verdad nos hará libres

Alguien dijo, no sé quién (podría buscarlo en Google pero tampoco viene al caso), que la verdad nos hará libres. Es una frase de esas que te hacen asentir, que te convierten en un admirador en cubierto del filósofo en cuestión. ¡Qué gran verdad!, opinas nada más leerla. Pues bien, como sucede cada 7 de enero con las buenas acciones navideñas, una vez leída y admirada, la frase pierde todo su valor y nosotros volvemos a ser los mismos mentirosos que éramos antes de leerla. Pocos gilipollas, no seré yo quién los señale (incluyéndome a mí mismo), se la han creído y la han aplicado llevándose mil palos por actuar de buena fe. ¿Quién no ha dicho alguna vez que a él le gustan las personas sinceras? Pues para empezar esa persona ya está mintiendo. Sería más sincero decir que le gustan las personas sinceras siempre y cuando no sea usada en su contra, como las declaraciones a la policía. Sí, es así, nos gustan las personas hipócritas, que es un adjetivo muy distinto al de sincero. ¿Le gusta al feo oír de terceros (posiblemente más feos que él, por lo menos en alma) lo feo que es? ¿Le gusta a su pareja oír que el vestido nuevo que se ha comprado en rebajas con toda la ilusión del mundo le queda como el culo? No, rotundo no. Y si acaso le agradece su sinceridad, prepárense para estar un mes a pan y agua y su pareja de morros. A nadie le gusta que le recuerden sus miserias por muy verdaderas y realistas que sean. Eso sí, cuando hablamos con otros nos gusta la gente sincera y encima se enorgullecen de ser unas personas seguras de sí mismas. Segunda mentira. Las personas seguras de sí mismas no proclaman a los cuatro vientos que lo son porque lo son realmente. Ni somos sinceros ni estamos seguros de nuestra manera de ser. Es más, yo diría que cara la galería nos queremos pero en la intimidad nos odiamos y envidiamos al vecino sin hacer nada para ser mejor que él. Somos una sociedad débil, insegura, acomplejada y con muchos déficits de atención. No queremos sinceridad, queremos que nos regalen los oídos porque si no es así nos deprimimos, nos entran ataques de ansiedad o nos tiramos al metro (que ya va siendo hora de que alguien les diga a estos suicidas gilipollas que con veinte pastillas y una botella de vodka mueres durmiendo y no jodes a nadie). En nuestra infinita estupidez nos creemos perfectos y pobre de aquel que nos recuerde lo contrario porque le hacemos cruz y raya. Un/a amigo/a menos. Automáticamente al sincero lo tachamos de mentiroso (manda huevos, como diría otro mentiroso de aúpa) y al hipócrita lo ponemos de ejemplo al resto. Nos creemos antes al cobarde que nos halaga, aunque luego vaya echando pestes de nosotros a nuestra espalda, que al valiente que dice lo que piensa a la cara sin escudarse en una falsa sonrisa y demostrando su amor incondicional a nosotros, los gilipollas. Halagamos al débil por serlo, defendemos al conflictivo para evitar el conflicto con él, damos la razón a quien no la tiene y a quién critica a otros para que no haga lo mismo con nosotros sin saber que lo hace. No ponemos verdes a los demás para que no nos pongan verdes a nosotros aunque lo hagan igualmente. Nos interesa creernos las mentiras que nos dicen para vivir tranquilos, felices y seguros de nosotros mismos. Nos tragamos frases como “no es fea, es simpática”, “no es tonto, es vago o distraído”, “no viste hortera, es su estilo personal”, “no es anorexia, son nervios”, etc. MENTIRA, TODO MENTIRA. La televisión miente para no perder audiencia, los políticos mienten para no perder votos, los profesores mienten para no perder su trabajo, los bancos mienten para no perder clientes y nosotros mentimos para no perder “amigos”. Mentimos porque tememos ser la oveja negra o el patito feo de nuestro entorno. Mentimos a nuestros padres para que no nos castiguen y mentimos a nuestros hijos para no perder su cariño. Mentimos a nuestra pareja para no perder su amor, a nuestro médico, abogado, jefe, al juez y hasta a nosotros mismos. ¿Y criticar? Criticamos a todo quisqui porque nos creemos perfectos, eso sí, siempre a sus espaldas no vaya a ser que se enfaden con un ser tan bueno, compasivo, sincero, bondadoso y seguro de sí mismo como somos. Pero lo peor es la hipocresía con la que vivimos el critiqueo. Criticamos al idiota por serlo, pero si nos invita a cenar acudimos a la cita no sea caso que crea que yo creo que es un idiota. Criticamos al que no tiene gracia después de reírle las gracias, o criticamos el inglés de Rajoy, después de votarlo, aun sin saber nosotros decir en anglosajón del uno al diez.
La verdad no nos hace libres, al contrario, nos hace presos de nuestros miedos. La verdad nos arrincona en un cuarto oscuro del que nos es imposible salir porque nadie nos ayuda, ni nos comprende. La verdad nos convierte en seres solitarios, e incluso en cadáveres dependiendo de a quién molestemos. ¿Si les pregunto cómo prefieren vivir, cómo Snowden o cómo Trump a quién escogerían? La gente sincera y con valores, como Snowden, vive sola o está muerta. Siempre perseguidos por aquellos a los que molestan, seres vengativos que por no saber encajar una crítica ponen de su parte a los que son como ellos, la mayoría, para apartar de la sociedad al sincero diablo. Quedan pocos valientes y menos que quedarán cuando sean conscientes de que el rey de la selva vive enjaulado para que la hiena ocupe su lugar. La frase que sí creo yo verdadera es aquella que dice que el que bien te quiere te hará llorar. Y ahora seguro que está pensando qué gran verdad ha dicho este gilipollas. Buenas noches.

jueves, 15 de junio de 2017

Mamá quiero ser youtuber

Hacía ya tiempo que me rondaba por la cabeza escribir un artículo sobre las nuevas "profesiones" que hacen soñar a los adolescentes de hoy día con una vida de muchos lujos y poco sudor. Internet ha sustituido en muchos aspectos a la televisión como entretenimiento, aprendizaje y sobretodo mundo laboral. La televisión ha dejado de tener el monopolio en emplear a vagos que no saben hacer la "o" con un canuto y que su destreza es únicamente saber insultar o mostrar sus cuerpos semidesnudos. Los jóvenes de hoy además de soñar con ser tronistas de HMYV o ganar Gran Hermano cepillándose todo lo que se menea pueden también ganarse la vida sin pegar un palo al agua siendo influencer o youtuber. Posiblemente opinen ustedes que soy un carca por pensar como pienso pero para mí trabajar es ganar dinero con el sudor de tu frente sin implicar al resto de humanos en el asunto, pero no es así. Soy consciente del poder de las nuevas tecnologías y del uso que se le dan, ya sea bueno o malo. Y también he dicho siempre que si no puedes con tu enemigo debes unirte a él. Yo mismo utilizo la red para hacer conocer a quién quiera mi forma de pensar o entretener unos minutos a aquellos que saben y les gusta leer. Pero no me aprovecho de mi don de gentes para enriquecerme a costa de otros seres humanos insultando a terceros o tomándoles el pelo. Me explicaré.
Hoy día puedes ganar mucho dinero con poner una cámara web en el ordenador de tu habitación y poner al resto de personal a parir. No hace falta que tengas estudios, ni que seas guapo, ni tener una basta experiencia en el sector. Para ganar dinero en Internet sólo hace falta reírte de alguien y esperar a que el video circule. Si dices lo que la gente quiere oír te siguen y a más seguidores más dinero, fácil. Por ejemplo, he visto varios videos de los youtubers españoles más seguidos y sinceramente, un mono chupando una piruleta tiene más gracia que ellos. En mi opinión es penoso que se siga a una persona que su única preocupación del día es saber a quién va a poner a parir para que sus seguidores le rían las gracias.
Otro "trabajo" internauta es el de influencer. Es decir, chico o chica que influencia a sus seguidores diciéndoles la ropa que llevan, los comics que leen, etc. ¿Dónde quedó ya la opinión propia? Si mi influencer dice que me ponga orejas de coneja en la cabeza y minifalda verde con jersey rojo de cuello vuelto en pleno agosto, por algo será, ¿no? No soy imbécil si hago lo que me dicen, voy a la moda. Si el influencer de turno te informa de que se llevan los tejanos rotos, sucios y desgastados (es decir, lavados a la piedra), camiseta blanca roída y sombrero de copa y encima todo esto puedes comprarlo por veinte euros en una determinada tienda, por algo será ¿no? Pues sí, es porque el señor de los cómics o el de la tienda de ropa ha buscado influencers muy seguidos para que promocionen sus artículos y así sacar una pasta por camisetas de baja calidad, tejanos con tara y sombreros que compró por error en China y no sabía cómo sacárselos de encima. El empresario paga, el influencer cobra por promocionar y el seguidor compra lo que le dicen creyendo que va a la moda porque fulanita lo dice en su canal megaguay. ¿Quién es más tonto, el tonto o el que sigue al tonto?
Es lícito que cada uno se gane la vida como puede, los hay también que roban y visten de Prada. No es mi intención ponerme a su mismo nivel. Lo que me preocupa de verdad es la engañosa imagen que están dando a su generación de que se puede vivir muy bien sin tener la ESO. He oído a algunos de estos personajes vanagloriarse de no tener estudios y ganar cinco mil euros al mes. Me parece bien, si los ganan es porque alguien se los da, yo no por supuesto. Lo que no me parece bien es que animen a otros a hacer lo mismo que ellos, que dejen sus estudios para hacer bolos o ponerse delante de una webcam a probarse modelitos sin pensar en su futuro. Y yo pregunto, ¿qué le pasará a la influencer de turno cuando ya no le quepa la talla 38 y escriba barco con uve? ¿O al youtuber cuando sus seguidores cumplan los treinta y cinco dejen de reírle las gracias porque deben cambiar pañales? Porque seamos sinceros no se es joven toda la vida, ni guapo ni atractivo. En la cara salen arrugas, el cuerpo se ensancha, las carnes se vuelven flácidas, la gracia se pierde y a medida que envejecemos nos volvemos más conservadores, más responsables y tenemos menos tiempo libre. Todo es efímero y la gallina de los huevos de oro también la palma. Lo único que no se desvanece jamás es el conocimiento y la cultura.
Cuando yo tenía veinte años también había estos personajes que se creían que se iban a comer el mundo porque con veinticinco eran millonarios. ¿Cuántos cantantes pensaron que podían vivir siempre de su fama y por su mala vida se fueron al otro barrio sin pena ni gloria? ¿Cuántos presentadores perdieron su atractivo y su empleo? ¿Cuántos futbolistas pensaron que podían vivir del balón a los cincuenta y se arrastran ahora por los platós pidiendo limosna para comer? Y por contra, ¿cuántos ampliaron sus conocimientos y son ahora entrenadores, productores musicales, periodistas, etc.? Yo no digo que uno tenga que tener diez carreras y quinientos másters, pero sí tener recursos por si un día las cosas vienen mal dadas y poder comer sin tener que delinquir o vivir de las limosnas de los demás.
Internet es el arma más poderosa que ha conocido el hombre jamás, ¿y qué hacemos con ella? Pues usarla para criticar, para amenazar, para reírnos de los demás, para vaguear o nos permitimos el lujo de dar consejos de moda sin tan siquiera saber coser. Me inagino a la modista recién salida de la academia tirándose de los pelos porque su esfuerzo no le sirve de nada cuando una analfabeta gana millones por pasear su culo en la web. En un mundo inteligente y avanzado los youtubers más seguidos serían aquellos que hablasen de ciencia, de economía, de ética..., y los influencers darían consejos sobre qué profesión escoger, cómo estudiar, etc. Pero como los seres que poblamos La Tierra seguimos siendo seres irracionales que pretendemos enriquecernos durmiendo doce horas, trabajando dos y divirtiéndonos el resto pues así nos va. Por eso elrubius tiene más seguidores que Punset, Lovely Pepa influye más que Raimon Pannikar o Erea Louro es más leída que Matilde Asensi. Una pena señores, una pena. Tenemos el mundo que nos merecemos. Buenas tardes.

viernes, 26 de mayo de 2017

La Habana, Cuba, 1850

Fernando se sorprendió al ver que el segundo del capitán Cabeza de Perro le invitaba a pasar al interior de una tienda de dulces. Aun así siguió a Pérez, que una vez dentro del colmado abrió un puerta camuflada por estanterías llenas de botes de vidrio con frutos secos en su interior y bajó a un sótano oscuro repleto de colmillos de elefantes, joyas doradas, odres repletos de aceite de copra, tarros de almizcle, pieles de felinos desconocidos y cornamentas de ciervo. El capitán fue al grano y le preguntó al habanero Fernando por el bergantín en cuestión.
-Parte mañana a mediodía hacia Nueva York -le informó- cargado de oro, plata, ron y azúcar de caña.
La desproporcionada cabeza del capitán, que le dio su sobrenombre, aunque bien podría haber sido Cabeza de Toro, asintió lentamente mientras garateaba un mapa del golfo.
-El Invencible zarpará al alba -dijo sin apartar la mirada del mapa-. Pérez , reúne a la tripulación -dijo levantándose mientras gemía de dolor por sus reumáticas rodillas.
Pérez  abandonó a toda prisa el sótano mientras el capitán le ofrecía a Fernando su recompensa por delatar a los ricos cubanos que abandonaban la isla camino a una vida más placentera.
-Coge lo que quieras y vete -y eso hizo el mulato.
Al alba El Invencible zarpó puntual y navegó hacia el este, hacia Los Jardines del Rey colombinos, ahora llamados Los Cayos, para ocultarse alli y esperar el paso del bergantín El Audaz para abarloarlo, abordarlo, saquearlo y hundirlo después de pasar a cuchillo a toda su tripulación, como era su costumbre, fruto de una infancia arisca, solitaria, maltratada y rencorosa.
Conocía bien aquel trozo de océano y por ello acuciaba desde allí a sus presas marítimas, con la esperanza de que el capitán enemigo desconociese los invisibles bancos antillanos y abordar así a los mercantes varados sin vaivenes traicioneros. Cabeza de Perro intentaba siempre jugar sobre seguro, y a pesar de ser pirata desde joven prefería pisar sobre firme. Los pies en la tierra, el alma en el mar y la mirada siempre en el cielo.
El sol descendía ya cuando el grumete gritó bergantín a la vista a vabor.
-¿Banderas? -preguntó el capitán.
-Comercio y español -informó el grumete.
Cabeza de Perro apuntó su catalejo al casco del barco y pudo divisar su nombre. Era El Audaz y navegaba a treinta nudos hacia el noreste.
-¡A pescar! -gritó el capitán Cabeza de Perro y su tripulación respondió al segundo.
El grumete, situado en el palo mayor, izó la bandera pirata y en varias horas El Invencible había llegado ya a la altura de El Audaz. Usando los cabos como lianas, diez de los hombres del capitán García, su verdadero apellido, lograron poner pie en la proa del bergantín no sin suerte, ya que los ricos tripulantes de El Audaz disparaban sin apuntar sus arcabuces para defenderse. A pocos criollos les dio tiempo de sacar su espada del cinto y la mayoría murió, a machetazos, a manos de los primeros piratas que abordaron el mercante. Una vez tomado el bergantín, Cabeza de Perro pasó por la pasarela que unía ambas naves para dirigir el saqueo.
-¡Quiero todo aquello que tenga valor en El Invencible ya! -gritó-. Pérez , trae a mi presencia a todos los miembros del barco.
Pérez  ordenó a dos piratas más que le acompañasen y a los pocos minutos quince hombres y una mujer treintañera imploraban piedad al capitán pirata en la cubierta de la nao abordada. La mujer portaba en brazos a una niña de unos dos años que lloraba desconsoladamente.
Cabeza de Perro miró a su segundo y éste se encogió de hombros. Era la primera vez que se encontraban con pasaje femenino en un barco abordado. El capitán se dirigió pensante a proa y sin volverse dijo:
-Lleváos abajo a los hombres. Ya sabéis qué hacer con ellos.
Pérez repitió la orden a sus hombres, que obedecieron al momento.
-¿Y las féminas, capitán?
Cabeza de Perro calló unos segundos.
-No soy asesino de mujeres, lanzadlas por la borda.
-Pero capitán, si sobreviven…
-No matamos a mujeres, Pérez.
Con un leve movimiento de mentón de Pérez dos fornidos marineros agarraron a la mujer y a su pequeña hija y las tiraron por la borda entre sollozos y ruegos.
Al poco El Invencible veía desde lejos cómo el bergantín explotaba primero y se hundía después.
La escandalosa alegría de los marineros por el botín conseguido no evitó que el cruel capitán se asomase a estribor al oír el llanto de un bebé que llamaba a su madre desesperadamente. Y allí estaba la niña de dos años, sola, flotando en las calientes aguas caribeñas gracias a sus anchos faldellines, gritando mamá mamá y llorando mientras Cabeza de Perro veía como su silueta se perdía entre las olas sin hacer nada por evitarlo. La luna llena le hizo sentirse culpable y sin pensarlo llamó a Pérez a su lado.
-Cuando lleguemos reparte el botín a partes iguales. El del sótano también. Será la última vez que me veas. El mar se ha vuelto femenino e infantil y ya no estoy para estos chances.
Cuentan los más ancianos del lugar que hace más de un siglo, en la punta de San Andrés, un famoso y rico pirata, viejo arisco y callado, perdía las horas fabricando una maqueta de un bergantín con desechos de tea, bramante y lienzo, con un mellado cortaplumas como única herramienta. Cuando un niño pasó por su lado y le preguntó para quién estaba haciendo la maqueta, el viejo respondió: es para una niña que me llora dentro.

jueves, 18 de mayo de 2017

Stalingrado, Rusia, agosto de 1943

-Explíqueme la hazaña -me dijo Afanásiev-. Esto tiene que ser leído por todo el país. Nuestros camaradas deben saber cómo Vasili Záitsev ha acabado con el mayor Konings, director de la escuela de francotiradores de Berlín, enviado a Stalingrado por la Wehrmacht para liquidar al «gran conejo» ruso.
-¿Por dónde empiezo?
-¿Quién le enseñó a disparar?
-Mi abuelo. Cazaba venado y lobos en las taigas de los Urales. Él me enseñó a tener paciencia, a ocultarme a la vista de la presa por completo. “Échate como una piedra y limítate a observar. Estudia el terreno y dibuja un pequeño mapa en tu cabeza con los elementos más destacables”, me decía. Y tenía razón. Aquí en el frente, luchando contra francotiradores alemanes experimentados, si haces un movimiento en falso y te delatas, si te pones al descubierto aunque sea un segundo de más, lo pagas con una bala en la cabeza. Esa es la vida de un cazador o francotirador. Paciencia y precisión.
>>Cuando llegas al frente es como adentrarte en el bosque. Primero debes oír todo cuanto sucede a tu alrededor. En el bosque aprendes que si las urracas hablan, señal de que tienes compañía. En el frente, si eres observador y estás atento puedes saber la distancia a la que están los morteros o las ametralladoras con oír los silbidos de los proyectiles. Entonces buscas un buen emplazamiento donde echarte inmóvil y esperar a que la presa alce la cabeza, salga de su escondite y poder abatirlo con un solo disparo. Así he acabado con más de trescientos oficiales y soldados alemanes, incluido Konings.
-Ha recorrido durante meses las ruinas de las fábricas y las castigadas laderas de la colina Mamáiev, ¿qué ha sido lo más duro de todo este tiempo?
-Todo. El invierno ruso es duro ya de por sí, pues imagine si al gélido clima se le añade el hambre, la sed, el sueño, el humo de los incendios, el polvo levantado por las bombas y el hedor de cadáveres putrefactos o chamuscados por lanzallamas. Una vez pasé cuatro días en un cráter con dos cadáveres de amigos míos, sin poder dormir, con el arma siempre aferrada entre las manos. Dos noches llovió y soplaba un viento frío que me helaba las entrañas. Me acurruqué en un rincón de la trinchera, temblando, mientras caía la lluvia helada. El agua se acumulaba al fondo del cráter. La humedad constante hacía que la vida allí fuera penosa. Por las mañanas siempre hacía frío y el culo se me congelaba por el contacto con el suelo. Me atenazaba el hambre, y aún más la sed. La boca parecía de algodón y tenía la lengua hinchada. Casi no podía ni hablar. Pero lo más duro fue ver por la mirilla de mi rifle cómo un camarada herido que estaba en zona enemiga, era abierto en canal por otro camarada para comerse su hígado aún caliente mientras el otro agonizaba. Esa imagen no se me borrará en la vida. Como tampoco la mirada estupefacta del herido a su cruel compañero que parecía preguntarle qué estaba haciendo. Me dieron ganas de dispararle a la cabeza a ambos, al primero para que dejase de sufrir, al segundo para que dejase de ser soviético. No hay crimen más abyecto que perder la conciencia en tiempos de guerra.
-¿Cómo supo del escondite del francotirador alemán?
-Para mí, el proceso de localización de un francotirador enemigo se divide en dos fases. La primera empieza con el estudio de las defensas enemigas. A continuación, averiguo dónde, cuándo y en qué circunstancias nuestros soldados han muerto o han sido heridos por el francotirador. En este punto, los médicos me son de gran ayuda, pues me explican dónde han recogido a la víctima y la posible trayectoria de la bala. Entonces voy al lugar para localizar a testigos y recabar de ellos todos los detalles sobre el incidente. Reunida la información, trazo un diagrama en el que señalo la localización probable del enemigo. Así fue cómo supe que Konings llevaba días apostado bajo una plancha de hierro matando a camaradas indiscriminadamente. Busqué un escondite frente a él y esperé al atardecer, porque nos daba la sombra y daba el sol en la posición donde creía que estaba el boche, para ponerlo a prueba. El reflejo de su mirilla me delató su posición exacta cuando Kúlikov, simulando ser yo, se expuso a un tiro limpio. Al disparo del boche Kúlikov cayó hacia atrás simulando estar muerto. El fascista alzó la cabeza para saber si había acertado en el blanco y ese segundo lo aproveché yo para reventarle los sesos. El cazador de los Urales había vencido al francotirador alemán más experto. Un error, mostrarse un segundo, impaciente por conocer el resultado de su disparo, le costó la vida. Y eso es lo que procuro enseñarles a mis subordinados.
-¿Cómo lo hirieron? Después de todas esas muertes, después de ser una leyenda y un ejemplo para todo soldado soviético, está aquí, en la enfermería. ¿Cómo es posible?
Vasili sonrió.
-Yo también cometo errores. Teníamos noticias de un nuevo ataque alemán, del lugar y la hora. Nuestro comandante, Nikolái Filípovich Batiuk, nos había ordenado repeler el ataque enemigo contra el flanco derecho del regimiento nazi. Ordenó a mi grupo de francotiradores atacar los puestos de mando y observación del enemigo. Éramos trece fusiles para un centenar de oficiales y suboficiales alemanes. Como sabíamos por dónde llegaría el asalto, nos colocamos frente a ellos, camuflados y quietos a la espera de comenzar la caza. Con los primeros rayos de sol, los oficiales alemanes salieron de la trinchera para observar el campo de batalla. Los reflejos en sus prismáticos nos dieron su situación. Un reflejo, una bala, un muerto. Aún y así lanzaron el ataque y los muy ingenuos caían como moscas en su avance por tierra. Los machacamos sin piedad.
>>Vi a dos soldados alemanes que alzaban los brazos en señal de rendición y salí de mi escondite procurando capturarlos para hecerles prisioneros e interrogarles. En ese momento los lanzacohetes nazis comenzaron a escupir fuego ¡contra sus propios hombres! Para los boches no hay rendición posible y antes de que nosotros pudiésemos apresar a sus soldados, los oficiales alemanes preferían matar a sus subordinados. No era la primera vez que veía eso. Una vez, en la cañada de Dolgi vi como los médicos boches dejaban atrás a soldados mutilados que pedían auxilio y únicamente salvaban a aquellos que podían volver al campo de batalla en unos días, sobretodo zapadores.
>>No esperaba que los alemanes disparasen contra sus hombres, así que cuando llegué al lugar de los soldados que querían rendirse estalló a treinta metros de mí un cohete que me noqueó.
-¿Qué se siente cuando la metralla de un proyectil de ese tamaño le alcanza?
-Lo cierto es que no fue el primer proyectil que me alcanzaba. Un día empezaron a llover obuses del cielo y uno explotó cerca de mí. Caí al suelo y durante un rato no pude oír nada, como si estuviese mil metros bajo tierra. La cabeza me zumbaba y veía círculos de colores que giraban delante de mí. Todo me daba vueltas y la tierra se volvió tan caliente que me parecía estar dentro de un horno. En aquella ocasión, mi última visita al frente, el aire caliente de la metralla me abrasó la cara y me quedé ciego. Un dolor agudo me quemaba las córneas, todo se volvió negro, el fuego me desgarraba el cuero cabelludo y sentí muchas náuseas. Recuperé la vista varios meses más tarde, cuando ya habíamos ganado la batalla. Le puedo asegurar que no es una sensación agradable.

sábado, 6 de mayo de 2017

"El Círculo" vicioso

Un murmullo recorrió la sala cuando acabó la película “El Círculo”. Para quién no sepa de qué va la película, “El Círculo” trata sobre el recurrente tema del espionaje social. Una empresa norteamericana, asimilada a Apple, con Tom Hanks copiando a Steve Jobs en vestimenta y puesta en escena, inventa unas minicámaras que se pueden instalar allá donde el usuario quiera y vía satélite envía la imagen y el sonido a nuestro ordenador o móvil. Todo se ve, todo se sabe y todo el mundo está interconectado por la app de la empresa. Por supuesto que la película toca levemente el problema de privacidad que ello comportaría y suple esta falta de privacidad argumentando que las minicámaras pueden serle muy útil a la policía para atrapar a presos, acabar con el terrorismo, etc. No explicaré aquí el final de la película, bastante predecible por cierto, pero lo que sí es cierto que los rumores al acabar la película eran todos los mismos: ¿Serán capaces nuestros políticos de hacernos semejante putada? ¿Las cámaras servirán también para espiarlos a ellos?
Hagamos una reflexión orwelliana de dicha problemática. Imaginemos (poco hay que imaginar) que en todo momento el mundo entero puede saber qué hacemos, dónde estamos, en qué nos gastamos el dinero, con quién salimos de fiesta, con quién hablamos, etc. Todo, todo, todo. George Orwell, en su famosa novela “1984”, ya nos habla de dicha problemática y deja ver, al igual que se hace en la película, que el ser humano no haría nada ilegal si supiese, o al menos sospechase, que le están observando. Claro está que muchos de nosotros podríamos alegar que el que no tiene nada que ocultar puede estar tranquilo o no ver amenazada su privacidad, o su salud o su libertad por poner unas cámaras por toda la ciudad. Puede ser. Pero, ¿de quién depende que nosotros hagamos algo ilegal? Me explicaré. Imaginen que un padre le da un cachete a su hijo en el culo por… clavarle un cuchillo al pez naranja que nadaba tranquilamente en la pecera del salón. O que para enseñar a nuestro perro a no defecar en el parquet de roble de nuestra maravillosa habitación le cogemos el morro, se lo hundimos en la mierda y le zurramos con un periódico para que aprenda que eso no se debe hacer. Estamos castigando a nuestro hijo o a nuestro perro de la manera que creemos más conveniente. Pues bien, imaginemos también que en ese momento un defensor del menor o de los animales ve esa zurra sin saber por qué ni importarle, y nos denuncia a la policía. ¿Es justo ir a la cárcel porque un señor prefería ver lo que nosotros hacíamos en nuestra casa que dedicarse a limpiar la suya creyendo que lo que hacíamos nosotros estaba mal y que él actuaba bien? Nuestro comportamiento no tenía nada de ilegal, un cachete en el culo o en el hocico no es ilegal, no estamos matando a nadie y encima nosotros creemos que nuestra manera de actuar es la correcta, sino no lo hubiéramos hecho. Imaginemos que nos ponen una multa, ¿volveríamos a actuar como lo hicimos? Es más, sabiendo nuestro hijo que no lo podemos tocar, ¿volvería a ensartar al pobre pez en un cuchillo? ¿Debemos renunciar a nuestra privacidad para que nuestro hijo pueda ir seguro por la calle? ¿Queremos eso? Y de todas formas, ¿quién es capaz de decir lo que está bien o lo que está mal? Yo creo que nuestro hijo debería ir seguro por la calle sin tener que renunciar a su privacidad. Y nosotros igual. ¿Es beneficioso para mí que mi madre o mi hijo me vean haciendo el amor con mi esposa? ¿Qué pasaría si en pleno auge me da por vestirme de enfermera? ¿Para el resto del mundo sería un travestido, un degenerado o sólo una persona que quiere pasárselo bien unos minutos? ¿Y para el gobierno? ¿Iría a la cárcel por dar mal ejemplo o por incitar al perversionismo? Cada uno en su casa hace lo que quiere (sin derramar sangre, por supuesto) y no quiero pensar qué sería de nosotros si nos quitasen eso también.
No hay que ser un experto para saber que el momento “Gran Hermano” se acerca muy rápidamente. Pagamos con tarjetas de crédito, subimos nuestra vida a Facebook o Instagram, los móviles llevan localizadores y ya se habla de poner chips en bebés para evitar secuestros exprés. “El Círculo” no es una película futurista, sino contemporánea. Nuestros dirigentes y empresarios saben en qué nos gastamos el dinero, qué bebemos, qué fumamos, qué escribimos, con quién hablamos, etc. El problema es: ¿nuestros dirigentes y grandes empresarios están también pinchados o viven al margen de la “ley”? Yo, siendo pesimista, o realista según se mire, hago mis cábalas y concluyo lo siguiente: no y sí. No están pinchados y sí viven al margen de la ley. Ellos han creado este sistema para su conveniencia, no van a dejar ningún cabo suelto. La única manera de destruir este sistema que nos devora a pasos agigantados es desde dentro. El problema es que una vez dentro o no se puede o no se quiere destruir el sistema. Lo vemos con algunos políticos críticos que o bien se vuelven como los que hasta hacía poco criticaban por ser casta o de repente se retiran de la política y pasan a ser columnistas o ejecutivos de grandes empresas. Está claro que o estás metido en el sistema o no estás. No se puede luchar contra los grandes poderes universales que rigen nuestro destino. No se puede vencer a la banca, ni a la política, ni mucho menos a la economía global. De aquí a poco, con la excusa de nuestra seguridad, las ciudades se llenarán de cámaras, inyectarán chips en los cuerpos de nuestros hijos, se nos prohibirá hablar de comunismo o fascismo, etc. Es decir, se nos implantarán sus ideas y con más miedo que libertad sobreviviremos hasta que el mundo se vaya a la mierda y todo vuelva a empezar. ¿Cómo acaban ellos con aquellos que se hacen escuchar y llaman a la revolución? Los fichan o los matan. Les dan poder y dinero para que callen y si siguen por el mal camino… ¿cuántos asesinatos quedan impunes por falta de pruebas? ¿Cree en serio que una persona que esté contra el sistema y se haga oír van a dejarla ahí para que les desmonte el chiringuito? NO. No puedes matar a tu verdugo con las manos atadas a la espalda y un saco en la cabeza. Deben ser ellos mismos los que vean que el dinero y el poder no dan la felicidad, pero a estas alturas eso no me lo creo ni yo. La única salida es la educación, la buena educación y la buena enseñanza, pero si los grandes poderes son los que dicen qué debemos estudiar o cómo debemos educar pues vamos apañados. No me imagino a un esclavista diciéndole a su hijo que tener esclavos está mal. ¿Y ustedes?

viernes, 21 de abril de 2017

Padres ejemplares

Ser padre no se aprende en la escuela, ¡ojalá! Educar a un hijo es una tarea difícil, absorvente, altruista, en ocasiones frustrante, y por tiempo indefinido. Ningún padre, imagino, desea que su hijo sea un ladrón, un violador o un asesino, pero no basta con desearlo, hay que inculcarlo en su mente desde pequeño. Pero cuando esto sucede, es decir, cuando un hombre asesina, viola, roba o bebe lo acusamos directamente a él y le condenamos a la horca sin ningún pudor. Pero, ¿nos preguntamos alguna vez por qué un delincuente ha hecho lo que ha hecho? Juzgamos sabiendo sólo el qué, el cuándo, el dónde..., pero jamás nos preguntamos por qué. Es más, en ocasiones nos decimos "pobre padre o madre, lo que estará sufriendo porque su hijo es un violador (o asesino, o ladrón, etc.)". Nada más lejos de la realidad. En la mayoría de casos el hijo hizo lo que hizo porque su padre o su madre hacían lo que hacían. Somos el espejo en el que se miran y harán lo que nosotros hagamos. Para muchos de nosotros pegar a una mujer es un acto abominable y cobarde, para otros es algo normal porque en su casa era normal que su padre pegase a su madre si la comida estaba mala, por ejemplo. Si le consentimos a nuestro hijo todo de mayor será un dictador y un egocéntrico, si le menospreciamos será un hombre retraído e inseguro, y ambas situaciones pueden llevarle al asesinato o al suicidio. Así les pasó a los grandes asesinos de la historia. Jeffrey Dahmer asesinó a 17 muchachos en Milwaukee entre 1978 y 1991. Practicó la necrofilia, el canibalismo y la trepanación, ya que su obsesión era dominar a su pareja completamente convirtiéndola en un zombi sumiso. Su primer asesinato llegó tras el divorcio de sus padres. Dahmer se fue a vivir con su abuela. La imposibilidad de expresar su homosexualidad en su familia y en su pueblo natal era según él "sexualmente muy frustrante". No se sabe si fue el caso o no, ya que el introvertido Dahmer fue asesinado estando en prisión, pero lo cierto es que los hijos son capaces de lo que sea por llamar la atención de sus padres, incluso de delinquir o asesinar.
Otro asesino en serie con una dura infancia fue John Gacy. El padre de Gacy era alcohólico y un hombre muy estricto. Le menospreciaba, le llamaba tonto y le decía que nunca llegaría a nada. Cuando se emborrachaba le pegaba palizas. A los tres años una niña de quince abusó de él. Jugando a papás y mamás le desnudó y le manoseó su miembro. A los nueve años un amigo del padre abusó de él metiéndole su cabeza entre las piernas del adulto cada vez que lo veía con la excusa de que le enseñaba judo. Gacy violó y asesinó a treintatres hombres y niños. También estaba obsesionado con el poder y el control.
Hay muchos más asesinos en serie que tuvieron una infancia dura. Normalmente aquellos que sufrieron abusos sexuales de pequeños, de mayores violaron a sus víctimas antes de asfixiarlas con sus propias manos o estrangularlas con cuerdas. Yo mismo conozco a gente que han seguido los pasos de padres alcohólicos o maltratadores, aunque gracias a Dios no han traspasado el umbral del asesinato. Los traumas que podemos causar a nuestros hijos con nuestros actos pueden llevar a éstos a llevar una vida infame controlada por el monstruo que llevan dentro y que nosotros, sus padres, hemos creado o permitido. Los niños no conocen lo que está bien o lo que está mal y por lo tanto creen que lo que hacen sus progenitores es algo normal. Somos dioses a sus ojos y los dioses nunca hacen nada malo. Así que si usted maltrata a su mujer, se emborracha, se droga, abusa sexualmente de sus hijos, etc., piense que su hijo tiene muchos números de comportarse en un futuro como usted lo está haciendo ahora.
El problema se agrava en la actualidad porque la mayoría de padres somos demasiado permisivos con nuestros hijos, ya sea porque no queremos educarlos a base de cinturón como nos educaron a nosotros, porque queremos ser más amigos que padres o porque creemos que castigándolos dejarán de querernos. Un claro ejemplo de esto es lo comentado por Emilio Calatayud en su libro Reflexiones de un juez de menores: "Lo que me parece más importante es que los padres nunca deben tapar lo que hacen sus hijos, porque tienen que educar desde la responsabilidad y eso se logra exigiéndoles respuestas por lo que han hecho, aunque sea en una pequeña parte. Siempre ponemos el ejemplo del menor que roba un CD de una tienda y el padre lo resuelve pagando su importe; creo que lo correcto sería que se denunciara al chaval y que él fuera el que respondiera por ese hecho cometido. De ahí vienen muchos de los problemas de delincuencia de la clase media, porque los padres van «tapando» una y otra vez a sus hijos y, tarde o temprano, eso se vuelve en su contra". Y sigue: "En mi opinión, trabajar en interés del menor es darle garantía y satisfacción de sus derechos exigiéndole sus obligaciones. Por eso, dentro del ámbito familiar, es muy importante no perder de vista los peligros de las nuevas relaciones «amistosas» entre padres e hijos, pues en ellas puede debilitarse el concepto de autoridad y perder peso específico en el menor la voluntad de cumplimiento de sus deberes."
Nadie mejor que un juez de menores para ponernos en sobreaviso de cómo no se debe educar a un hijo. Yo tuve la inmensa suerte de ser criado asumiendo las consecuencias de mis actos. De pequeño robé en una tienda una linterna radio que me gustaba mucho y mi padre, cuando la descubrió, me obligó a devolverla. Quiso acompañarme para asegurarse de que la devolvía pero tras mis súplicas permitió que fuese yo solo. Supongo que entendió que ya era suficiente humillación devolver lo robado como para que encima fuese delante suyo. Además confió en mí cuando le prometí que devolvería el aparato, cosa que le agradezco. Explico esta anécdota para decir a los padres que yo no odié al mío por hacerme devolver lo robado, ni por castigarme cuando lo merecía. Siempre lo he querido, como a mi madre (que también me abroncó unas cuantas veces) y su manera de educarme la he tomado como ejemplo para educar a mi hijo. He leído también libros de psicología infantil y educación y me he alegrado al comprobar que sin saberlo mis padres nos educaron a mis hermanos y a mí como se indica en los manuales. Claro está que nuestra educación no fue perfecta y también tuvimos nuestras carencias, algo que también ha favorecido la manera de educar a mi hijo, ya que he aprendido de los errores de mis padres. Siempre supe que mis padres me querían pero no a cualquier precio. Tuve su apoyo cuando lo necesité y me castigaron cuando me lo merecí, y para mí esa es la base de una buena educación.
Todos los extremos son malos. La sobreprotección puede llevar a la irresponsabilidad y a que el hijo se crea que está por encima de todo porque así se lo han hecho creer sus padres. La indiferencia hacia el hijo puede llevar a que éste desee llamar la atención de cualquier manera, por las buenas o por las malas. Sea como sea, la responsabilidad de los actos de nuestros hijos también recae en nosotros, sus padres, o debería. Por eso creo que en según qué ocasiones el padre y la madre deberían acompañar a su hijo en la celda de la cárcel. Buenas tardes.

Epílogo
Decálogo para formar a un delincuente según Emilio Calatayud.

1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas graciosas.
4. No le regañe nunca ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes… Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer toda lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizás por su propia conducta, quede destrozada.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos, etc. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle.

sábado, 15 de abril de 2017

Tsukuba, Japón, 1994

-Buenos días, ¿señor Kisler? Soy Yuko Yasiga.
-Buenos días, adelante, por favor, están en su casa.
-Gracias.
Yasiga entró en casa del señor Kisler acompañada de un cámara y el encargado de la iluminación y el sonido.
-Pasen al salón, por favor. Allí estaremos más cómodos para hacer la entrevista. ¿Desean café?
-No gracias, venimos desayunados -contestó con educación la nipona Yasiga.
Tras quince minutos moviendo muebles para dejar espacio para el trípode del cámara y la iluminación, Yasiga, sentada en un cómodo sillón de piel marrón frente a Kisler, también sentado en un sillón de piel marrón, relató a Kisler los hechos y lo que se esperaba de él.
-Le cuento, señor Kisler. Hemos venido a verle para que dé su opinión sobre un asesinato que ha conmocionado Japón. Esperamos que con su experiencia en análisis de conducta de asesinos pueda ayudarnos a despejar algunas dudas sobre este macabro suceso.
-Me parece bien -contestó Kisler tranquilamente-. Exponga lo sucedido y veré en qué puedo ayudarle.
-Bien. Hace unos días se encontraron tres bolsas de vinilo flotando en la bahía de Yokohama. Dentro de las bolsas se encontraron los cadáveres de Eiko Yokomoto y sus dos hijos pequeños, Manami, de dos años, y Yusaku, de un año de edad. Hace unos días que Iwao Yokomoto denunció la desaparición de su mujer y sus hijos, aunque confesó a la policía que no le preocupaba demasiado, ya que posiblemente se habrían ido a casa de los padres de ella de visita. El señor Yokomoto es un médico eminente en Tsukuba. Tiene treinta y un años y es jefe de medicina interna del Hospital Howarei. En el hospital le consideran un hombre trabajador, sereno y tranquilo. Cabe decir que el señor Yokomoto procede de una familia acomodada y los niños van a un colegio que pocos se pueden permitir pagar.
El señor Kisler, jubilado ya del FBI, escuchaba atento a la periodista, tomando notas en un pequeño bloc que apoyaba en su rodilla derecha.
-Lo curioso del caso es que los tres cuerpos están atados con tres cuerdas alrededor de abdomen, piernas y pecho, cada una de distinto color. Dentro de las bolsas hay unas halteras puestas para que los cuerpos se hundieran. La mujer va vestida con ropas normales, tiene los pies limpios y descalzos. Los gases emitidos por la carne en descomposición han contrarrestado la fuerza de las halteras y han llevado las bolsas a flote. Según la policía las causas de las muertes han sido el estrangulamiento. Las cuerdas de colores hacen creer a la policía que ha sido un ritual satánico de alguna secta desconocida. También se barajan las hipótesis de ser un acto de venganza por algún suceso del hampa, tal vez relacionado con el mundo de la droga, o que los Yokomoto hayan sido ejecutados por error y que el blanco fuera otra familia.
-¿La policía ha tomado declaración al señor Yokomoto? -preguntó Kisler intrigado.
-Sí, por supuesto, pero no sospechan de él. Ya debe saber que aquí en Japón a la clase alta se la tiene en gran admiración y respeto.
-Entiendo -dijo el señor Kisler.
-¿Y bien? ¿Podría darnos un perfil del o de los asesinos? Soy consciente de que no le he traído fotografías ni los informes de la autopsia, pero tratándose de una eminencia como usted… -preguntó la periodista.
-Le daré mi opinión con las pocas pruebas de que dispongo. Lo primero que se me viene a la cabeza es el lugar donde han encontrado los cuerpos y las condiciones en las que se encontraban. Este hecho me dice que el asesino tenía un enorme interés en sacar los cadáveres de la casa, separarlos del entorno familiar, del lugar del crimen. Tampoco quería que la policía los encontrase, de modo que los arrojó al agua e hizo que se hundieran. El hecho de que estuvieran los tres cadáveres en el mismo lugar me indica que quería deshacerse de los cuerpos rápidamente. Eso indica miedo. Enterrar los cadáveres requiere tiempo. Además, si no quería que fuesen desenterrados por perros debía cavar tres hoyos muy profundos. Y para no ser visto debió actuar de noche. Posiblemente cargó los tres cadáveres en un coche grande o furgoneta bien entrada la madrugada y había buscado un lugar desierto, que seguramente ya conocería. Una manera segura y rápida de deshacerse de los cuerpos era aparcar cerca de la orilla del mar, arrojar los cadáveres a la bahía y seguir su camino.
>>La limpieza de los cuerpos, sin heridas ni magulladuras indican que los crímenes no se habían llevado a cabo simultáneamente, sino uno detrás de otro. Las víctimas desconocían su suerte y la de los otros miembros de la familia. Si hubiera dado muerte a una de ellas mientras las demás estaban presentes, se habría originado un forcejeo que habría producido destrozos, y sin embargo no había ni rastro de pelea. Esto me sugiere que las víctimas probablemente conocían a su asesino. Además, no hay justificación del asesinato. La mujer no ha sido violada ni los niños mutilados. Tampoco han robado nada ni desvalijado la casa. Por esto puedo concluir que ha sido un crimen con una causa personal, no material.
-¿Qué nos puede decir de las ligaduras? -preguntó la entrevistadora.
-La manera de atarlos -respondió Kisler ojeando sus notas-, con cuerdas de colores siguiendo el mismo orden en todos los cuerpos, me sugiere que es una persona muy metódica, un ser compulsivo. Una persona que tiene que hacer las cosas siempre del mismo modo. Los ató ya muertos, así que puede tratarse de un ritual compulsivo, con significado para el asesino. Esto, junto al hecho de que envolviese los cuerpos en una bolsa, me sugiere que puede haber una relación personal entre el autor y sus víctimas. No tenía ninguna necesidad de proteger los cuerpos para lanzarlos al agua sino fuese porque el individuo sentía afecto por sus víctimas y quería evitar que los cuerpos se mojasen o fuesen mordisqueados por los peces. Este intento de protegerlas, incluso una vez muertas, indica que el asesino conocía a sus víctimas. Las cuerdas y las bolsas de plástico me indican remordimiento. Para el asesino, tirar los cuerpos al mar desnudos y desprotegidos es un acto degradante y humillante para las víctimas cuando las encontrasen, por eso no las desvistió.
>>Creo que el motivo de los asesinatos está relacionado con la mujer. Los niños han sido, como se dice, un daño colateral. Es más, dudo que quisiera matar a los niños, no representaban ninguna amenaza para matar a su madre por su corta edad. Podría haber matado a la madre y dejar a los niños vivos para que se criasen con el padre, por ejemplo. Esto me sugiere la idea de que el asesino no querían que los niños se criasen sin su madre, así que lo mejor era enviarlos todos juntos al cielo. Es un acto de consideración muy extraño, tal vez un insólito acto de amor; no del amor que nadie desearía, por supuesto, pero es innegable que al asesino le preocupa que estos niños tengan que crecer sin su madre.
-Entonces, el perfil del asesino es… -dijo Yasiga.
-Mi primera hipótesis es que se trata de un ciudadano japonés, porque la presencia de un extranjero en el vecindario de la casa de los Yokomoto habría sido advertida por los vecinos, y también porque, como ya había señalado, las víctimas conocían al atacante. También intuyo que es un varón, porque la mayoría de los crímenes de estas características los cometen hombres y porque la fuerza y el peso requeridos para llevar a cabo los crímenes y deshacerse de los cadáveres son superiores a los que una mujer media puede acarrear. Actuó en solitario, porque tiene un motivo que sólo él conoce para matar a estas personas. No se trata de una agresión sexual, ni tampoco de un robo. No es un loco o un psicópata, ya que habría desorden en el lugar del crimen. Es una persona inteligente, organizada, muy compulsiva, que cometió el crimen con premeditación y planificación, pero que al mismo tiempo sentía miedo y quería deshacerse de las víctimas con la mayor prontitud posible. La edad del autor estaría entre los veinticinco y los cuarenta años. Una persona conocida por las víctimas, que podía entrar en la casa sin causar alarma y que había planificado el crimen durante días o semanas a causa de recibir presión o estar estresado. Es una persona que se viene abajo rápidamente. Yo buscaría tensiones anteriores al crimen: problemas económicos, problemas conyugales, problemas en el trabajo; todos ellos están relacionados con el estrés y pueden llevar a que el juicio de una persona se debilite extraordinariamente.
-La policía ha interrogado al señor Yokomoto. ¿Cree que podría ser un sospechoso?
-Creo que la conclusión lógica sería investigar al marido. Tiene una profesión que casa a la perfección con su metodología, naturalmente es un conocido para los niños y la mujer y también le une a las víctimas una relación afectiva. También es lógico que como padre que “ama” a sus hijos no quiera que éstos crezcan con el recuerdo de una madre asesinada por su padre y éste cumpliendo condena en la cárcel, por no mencionar la estigmatización social a los menores en un país tan conservador como Japón.
La periodista no ocultó su sorpresa por la sospecha de Kisler hacia la implicación del marido en el crimen.
-Se me hace muy difícil creer que un hombre tan admirado en su profesión como es el doctor Yokomoto haya podido asesinar a sangre fría a su mujer e hijos.
-Bueno, el hecho de que una persona sea médico, abogado o juez, no quita que no pueda asesinar. Las capas más altas de la sociedad también producen comportamientos homicidas a causa de situaciones extremadamente estresantes. En estos casos el primer investigado es el marido o padre, si su coartada es válida entonces se debe seguir ampliando el círculo con amantes, familiares, vecinos, socios, etc. Pero en mi opinión, creo que el principal sospechoso en este caso es el marido.
Días más tarde Kisler pudo leer en la prensa que el señor Yokomoto, efectivamente, había asesinado a su familia. Por lo visto la afición al juego de él y de su esposa los había llevado a la quiebra y la señora Yokomoto le había amenazado con el divorcio y su ruina económica. Sólo la mención de que la policía se había basado en la entrevista que le hizo la periodista Yasiga a él para esclarecer los hechos le hizo sonreír.

lunes, 13 de marzo de 2017

El veneno infalible

El veneno, como tantas otras cosas, se ha perfeccionado a lo largo del tiempo. Muchos han sido los que se han rendido a esta arma tan letal como popular (el Papa Borgia y Juan Pablo I, el emperador romano Claudio, los filósofos Sócrates y Séneca) y muchos otros lo han usado para distintos fines (como robar, enamorar, violar o asesinar). Con el paso del tiempo los venenos se han ido transformando, han evolucionado como un arma más. La evolución armamentística ha ido desde la lanza paleolítica pasando por la espada griega, el arcabuz medieval y el cañón moderno hasta la bomba atómica actual. Igual ha pasado con los venenos. Antes se extraían de las plantas y hoy se fabrican en laboratorios. El estramonio, la cicuta, la aldefa o la belladona han sido sustituidos por el gas sarín, el burundanga o el más terrible y mortífero de todos: el VX.

La muerte del hermanastro del líder norcoreano Kim Jong-un ha sacado a la palestra un mortífero agente químico declarado por la ONU como arma de destrucción masiva. Este agente químico puede matar en diez minutos a una persona hecha y derecha con tan solo poner su piel en contacto con diez miligramos de esta sustancia. Es decir, una gota de este agente en tu mano y mueres en diez minutos tras perder los sentidos y sufrir terribles dolores de cabeza. Increíble. Para sobrevivir a este efectivo agente debes inyectarte atropina en esos diez minutos agónicos. ¿Y quién no lleva atropina en su bolso junto con las llaves y el monedero? Si por un casual ese día se te olvidó la atropina en casa puedes acercarte a un ambulatorio de la Seguridad Social (siglas SS, las mismas siglas que utilizaban unos chicos rubios y muy majetes que al igual que la SS española ayudaban a los indefensos compatriotas de tercio de siglo a sobrevivir para que pudiesen trabajar y sacar adelante el país) para que te la suministren sin hacer colas con solo  explicar los síntomas.

Lo peor del caso es que nadie está ya a salvo de morir de forma fulminante. Con este mortal agente químico en manos de chalados el mundo está en peligro. No sólo eso, una gota de VX en una moneda y adiós muy buenas mientras compras el pan. ¿Exagerado? Puede, pero el saber no ocupa lugar. Lo más triste es que haya gobiernos que dediquen millones de dólares en quitar vidas y no en salvarlas. ¿Se imaginan una bomba llena de VX que explota sobre cualquier ciudad del mundo? No habría manera de escapar.

En mi opinión, la muerte del hermanastro del dictador norcoreano a manos de dos mujeres malayas no es más que un aviso al resto del mundo. Kim Jong-un es el nuevo Doctor No con sus demostraciones de poder militar lanzando misiles nucleares sobre el Pacífico, asesinando a su tío o dejando caer una gota de VX en la piel de su hermanastro en un aeropuerto atestado de gente, con policías y servicios médicos en su interior. Una advertencia al resto del mundo: no me toquen los cojones o arderán todos en el infierno. El problema es que no solo hay un Doctor No en este miserable mundo llamado Tierra. Tenemos también al señor Putin, al señor Trump, a la señora Merkel, al señor Maduro, a nuestro queridísimo Mariano, etc. Ya sea por poderosos o por estúpidos el planeta corre un serio peligro de ser habitado únicamente por cucarachas. Es indignante que semejantes elementos gobiernen países y que su ilimitada inseguridad en sí mismos por tener micropenes y microhuevos pongan al resto de la humanidad en el centro de mira. Dime qué coche calzas y te diré qué tamaño de polla tienes.

No quiero crear alarma social pero es para acojonarse cuando descubres que una simple gota sobre tu cuerpo puede matarte en un cuarto de hora y que esa gota está en poder de semejantes personajes como los ya citados. Yo les diré algo, ser valiente y poderoso es combatir el hambre en el mundo e invertir millones para curar las enfermedades que asolan la población mundial. Eso sí es tener un par de cojones bien puestos y no enviar a otros a hacer lo que uno no se atreve. Si quieren guerra o saber quien es el más fuerte yo les pongo un ring en Las Vegas y ahí péguense de ostias hasta que sólo quede uno en pie. Si son tan cobardes que no quieren medir sus egos a puñetazos, yo les propongo que se masturben con palillos chinos a ver si un orgasmo les aclara las ideas. Hay que ver cuánto mal follado hay en el mundo.

viernes, 3 de marzo de 2017

Inmigrante ilegal en mi país

Les contaré un caso surrealista que he podido conocer de primera mano en estos días. Lo contaré en primera persona para que nadie pueda sentirse ofendido, pero les juro que es real. Es el siguiente.
Llego a mi país después de estar años viviendo en el extranjero para estar cerca de mi familia. Decido alquilar un piso, ya que tengo a la mujer embarazada y no es plan de estar para arriba y para abajo mirando pisos de compra, con todo lo que conlleva. Busco uno amueblado y en un lugar tranquilo donde mi futuro hijo pueda pasar sus primeros años sin sobresaltos. Y lo encuentro. Amueblado, limpio, seguro, etc. Es perfecto.
El propietario del piso me comunica que tuvo que echar a los antiguos inquilinos, unos jetas de mucho cuidado (españoles, para que no se diga), porque no pagaban el alquiler ni los suministros de agua, luz y gas. En principio bien, nada de qué preocuparme. Pero la alegría dura poco. Cuando llamo a la compañía eléctrica y del gas me comunican que para poner a mi nombre dichos suministros debo antes abonar la deuda ¡de los anteriores inquilinos! Es más, me amenazan con que si no la pago me cortarán la luz y el gas. Perplejo me pongo en contacto con el propietario del piso y le explico el problema. Después de pelearse él con tan infames compañías, la única solución que le dan es que yo haga un alta nueva, pagando cien eurazos, por supuesto. El propietario, muy amable él, decide ayudarme con el pago, aunque ninguno de los dos tenemos la culpa de que haya esa deuda. A los pocos días, cuando le informo de que siguen llegando cartas de los antiguos inquilinos solicitando el pago de seis meses de suministros adeudados, el propietario me comunica que ahora la deuda se la están solicitando a él por ser el dueño del piso y le amenazan con cortar la luz y el gas del piso donde vivo. Vamos, yo que he pagado religiosamente alta nueva y todas las facturas, me veo sin luz ni gas porque meses atrás unos hijos de puta españoles han decidido vivir a costa de otros. Increíble pero cierto, Spain is different. El problema es que la compañía de luz y gas no sabe el nuevo domicilio de los jetas y el número de cuenta que les dieron para domiciliar los pagos tiene más telarañas que la casa encantada. En resumen, la compañía eléctrica, esa que paga a expresidentes para que paseen su palmito por la oficina cobrando una millonada, decide que la deuda debe pagarse sí o sí, sea quien sea el deudor. Primera moraleja, en esta mierda de país puedes tener luz y gas y que la pague otro. Esto en el extranjero no pasa.
Al cabo de los cuatro meses el propietario consigue con mucho esfuerzo que la compañía se comprometa a pedir la deuda a quien realmente no ha pagado, aunque me consta que la asesoría jurídica de la empresa eléctrica le sigue llamando cada dos días y de malos modos le recuerda que debe pagar una deuda que no es suya.
Ahí no acaba la cosa. Decido empadronarme para tener acceso a los médicos del lugar, lógicamente, ya que mi mujer está embarazada y a mi me puede dar un síncope en cualquier momento. Pues bien, acudo al ayuntamiento con mi contrato de inquilino, mis facturas de luz agua y gas, mi dni, etc., y la sorpresa viene cuando me dicen que no puedo empadronarme en el piso en el que vivo hace tres meses porque ya hay gente empadronada en ese inmueble. ¡No puede ser! Le pido al funcionario que me lo explique mejor y muy amablemente accede. Con la ley en la mano, una ley que en este país los chorizos conocen mejor que los jueces, un inquilino (si el contrato no especifica lo contrario) puede empadronar a quien le dé la gana aportando sólo su contrato de alquiler y la documentación de los que se van a empadronar. Ese empadronamiento dura como mínimo seis meses. Estupefacto le pido al funcionario que me diga desde que día están empadronados los que no viven en mi casa. Con toda la calma del mundo me dice que hace menos de tres meses que se empadronó una pareja extranjera, que por la protección de datos no puede decirme más, y que en estos tres meses mejor que no me ponga malo. Eso sí, dándoselas de buen samaritano me ofrece un provisional para que por lo menos mi mujer tenga ginecólogo.
Oído esto llamo al propietario y le explico el caso. Alucina pepinillos, como yo y me dice que llevará la escritura del piso para demostrar que es el dueño y que yo debo ser el empadronado y no alguien que jamás ha vivido allí, y menos empadronados sin su consentimiento. ¿Creen que sacó algo en claro? Aciertan. La única solución que le dieron es que denunciase los hechos y con suerte en un mes podría empadronarme, con suerte. Increíble.
Así que aquí me veo, recién llegado a mi país con una deuda reclamada que no es mía, con la amenaza de que en un traspapeleo me corten la luz y el gas y sin seguridad social porque unos extranjeros que ni conozco están empadronados en un piso en el que pago cada mes sin demora el alquiler. Vamos, que los inmigrantes ilegales están mejor que yo en este país de mierda que es España.