martes, 14 de noviembre de 2017

¿Somos felices los españoles?

Actualmente la riqueza de un país (y por ende la felicidad de su población) se mide con el Producto Interior Bruto, es decir, con dinero. Pero hay datos que pueden hacer pensar que el dinero no da la felicidad, como por ejemplo la tasa de suicidios. Estados Unidos, Canadá o Noruega son algunos de los países más ricos del mundo y cuya tasa de suicidios también están entre las más altas del planeta. Entonces, si el dinero no da la felicidad a una población de un país, ¿qué hace que un ser humano viva feliz? Muchos economistas, psicólogos, filósofos y periodistas han intentado medir la riqueza de un país en base a la felicidad de sus habitantes, que erróneamente vinculan al poder adquisitivo de cada uno con la dicha. Si eso fuera cierto, los americanos, los chinos, los alemanes o los ingleses dominarían el ranking de los países más felices pero nada más lejos de la realidad. Según la ONU en el 2015 la lista la dominaba Suiza, seguida por Islandia, Dinamarca, Noruega y Canadá. España se encuentra en el número 36 de un ranking en el que además de encuestas a sus habitantes sobre su nivel de felicidad se toma en cuenta también el PIB per cápita, la percepción de libertad, la esperanza de vida o el nivel de servicios de la nación al pueblo. Pero viendo al personal, creo que el puesto 36 es una posición muy optimista para una España que convive con los insultos, los bocinazos, la incultura y hasta con la violencia. Se me hace muy difícil creer que dicho índice mida el día a día de los cabreados españoles después de lo que vemos y oímos en los medios de comunicación o en la calle. El español vive cabreado, ansioso, estresado y eso lo corroboran las estadísticas que cada cinco minutos copan las portadas de la prensa. En este artículo compararé a España con Suiza y ustedes decidirán si es merecido ese alto puesto en el ranking mundial de felicidad o si los españoles mentimos más que hablamos para no ser menos que el vecino.
Empecemos con la economía, base del índice de felicidad de la ONU, pero no en términos absolutos como el PIB sino en términos más individuales. El salario medio de un español en el 2016 fue de 26.710 euros brutos al año, unos 1.900 euros netos al mes por 12 pagas. Sí, lo sé, “ojalá” opinarán muchos de ustedes, pero tengan en cuenta que es el salario medio y por lo tanto esto significa que hay muchos más pobres que ricos y muchos ricos que no declaran todo lo que tienen. Con una tasa de paro cercana al 20% y con una alta precariedad laboral, parece mentira que el ciudadano español pueda ser feliz. Así que de momento haremos bueno eso de que el dinero no da la felicidad. Es más, el último informe de Randstad asegura que el 75% de los empleados españoles (unos 13 millones) están satisfechos con su puesto de trabajo actual, una proporción que nos lleva a ocupar la tercera posición del ranking europeo y la cuarta a escala global. Y eso cobrando lo que cobramos. De este sueldazo debemos apartar hipoteca o alquiler (pongamos 400 euros por persona), luz, agua, gas y comida (que según la OCU asciende a casi 10.000 euros al año). A esto se le añaden 500 euros anuales que gastamos en salud (dentistas, ópticos y medicamentos). Así que nos quedarían unos 500 euros al mes para pagar la letra del coche, la gasolina, vestirnos y para ocio (bares para él, tiendas para ella y cine y restaurantes para ambos). Y ahora Suiza. El salario medio en Suiza en 2016 fue de 78.459 euros al año, es decir 6.538 euros al mes, si hacemos el cálculo suponiendo 12 pagas anuales. Si ponemos que un suizo tiene el metro cuadrado de la vivienda más o menos al mismo precio que un español, (8.000 euros en un piso céntrico), que unos Levi’s le cuestan unos 120 euros, un litro de leche 1,3 euros y una entrada al cine unos 18 euros, es fácil hacer la cuenta. El ocio le cuesta el doble que a nosotros, también la comida pero la vivienda está a la par cobrando el triple de lo que cobra un español. Ya pueden estar contentos, ya, sólo en el plano económico. Cierto es que trabajan 5 horas semanales más que el español de a pie pero sus horarios son flexibles y tienen una semana más de vacaciones. Además, su productividad está muy por encima de la española, ya que las bajas médicas se compensan con pérdidas de días de vacaciones.
Otro índice que en mi opinión puede ser muy significativo es la sensación de seguridad y justicia que tiene el ciudadano de su país. España cerró 2016 con 292 asesinatos u homicidios (44 de ellos fueron crímenes machistas). Las cifras de la corrupción le van a la par. En España hay más de 1.900 personas imputadas en causas abiertas por corrupción y al menos 170 han sido condenadas por este tipo de delitos en la última legislatura. No obstante, la mayoría de estos condenados no están en prisión, ya sea porque se les impuso una pena de cárcel que no les obligaba a ingresar, porque únicamente fueron inhabilitados o multados o porque aún tienen recursos pendientes. No me digan que no es para cabrearse. El informe anual sobre el estado de la Justicia en la UE, publicado por la Comisión Europea, muestra que el 56% de los ciudadanos españoles considera "mala" o "muy mala" la independencia de los tribunales y los jueces. Se trata de la sexta cifra más alta de entre los 28 estados de la UE, sólo por detrás de Bulgaria (70%), Croacia (66%) Eslovenia (62), Eslovaquia (61%) e Italia (61%). Sólo un 30% de los españoles considera el estado de la cuestión "bueno" o "muy bueno" (supongo que políticos, carteristas y manteros). Un 14% no opina, para qué. Suiza cerró el 2015 con 57 asesinatos y su tasa de homicidios intencionados es de 0.7 por cada cien mil habitantes. En la corrupción nos ganan de calle. Mientras que en España el Índice de percepción de la Corrupción que publica la Organización para la transparencia Internacional es de un 58 sobre 100, los suizos dan un 86 sobre 100. Casi 30 puntos de diferencia. Es decir, Suiza tiene un notable alto en corrupción mientras que España no llega al bien. También el 80% de las personas que viven en Suiza se sienten seguras según un estudio dado a conocer por la Conferencia de Comandantes de las Policías Cantonales de Suiza (CCPCS). Según las estadísticas en España el 75% de la población se siente segura, aunque supongo que no les preguntaron a las familias de asesinados y desaparecidos.
La alta corrupción, la ineficacia de la ley y la ineptitud de la mayoría de los políticos españoles hace que sus notas a duras penas lleguen al 4. En España al ciudadano sólo se le convoca cada cuatro años para elegir a unos líderes que prometen mucho y hacen muy poco. Los suizos tienen una valoración muy positiva de su ejecutivo, ya que la población participa también en la toma de decisiones que les afectan. De hecho, en Suiza se organizan votaciones tres o cuatro veces por año además de las parlamentarias, cantonales y municipales, y en cada votación pueden opinar sobre tres o cuatro temas distintos. Lo que explica la frecuencia de los escrutinios es la existencia de dos derechos inéditos: el referéndum popular y la iniciativa popular. El referéndum popular permite a 50.000 ciudadanos pedir que una ley adoptada por el Parlamento sea sometida a una votación nacional. Por su parte, la iniciativa popular permite a 100.000 ciudadanos presentar un proyecto que, de ser aprobado en las urnas, pasa a integrarse en la Constitución. Así que los suizos pueden estar contentos, ya que su opinión es tomada en cuenta.
Con todo lo comentado hasta ahora no es de extrañar que en España la depresión sea el trastorno mental más frecuente, con una prevalencia de entre el 5 y el 10%, es decir, entre dos y cuatro millones de personas (aunque los expertos estiman que podría haber hasta seis millones de afectados, la mitad de los cuales no estarían diagnosticados). Si a esto añadimos que el hachís y la marihuana provocan trastornos depresivos a largo plazo, podemos concluir que en unos años la depresión puede afectar al 20% de la población. Y si la depresión aumenta es factible que la tasa de suicidio también aumente. El suicidio sigue siendo la primera causa externa de muerte en España con 3.910 fallecidos en 2014, casi once al día, duplicando a los muertos por accidente de tráfico. En este sentido es curioso que los países más ricos y felices sean también los que más suicidios tienen, como por ejemplo Suiza. Los investigadores han justificado este hecho alegando que el nivel de felicidad de los demás está relacionado con el de los suicidas (normalmente con un bajo nivel de autoestima). Las personas descontentas que viven en lugares donde el resto de individuos son felices tienden a juzgar su propio bienestar en comparación con el de las personas que les rodean. En una encuesta famosa de los economistas Sara Solnick y David Hemenway se preguntó si se prefería tener ingresos de cincuenta mil dólares en un mundo donde todos los demás ganaran veinticinco mil o de cien mil dólares en un mundo donde todos los demás ganaran doscientos mil. La opción más escogida fue la primera, es decir, la gente prefiere tener más dinero que el vecino que ser el menos rico del país. A esto se le llamó la paradoja de Easterlin: aunque los ricos sean más felices que los pobres, las sociedades más ricas no necesariamente tienen que ser más felices que las pobres.
Mi conclusión del estudio es fácil: mentimos como bellacos para no decir que nos alegramos de las desgracias del vecino. Cuando decimos que nos sentimos felices en nuestro trabajo es porque miramos para abajo y no para arriba. Cuando decimos que nos sentimos seguros es porque no salimos a altas horas de la noche de casa y no viajamos en transporte público. Por lo visto la corrupción, la violencia de género, el analfabetismo, la hipoteca, las subidas de los precios, la falta de ocio, el divorcio, la precariedad laboral, etc.., no nos hace infelices. Como bien dice uno de los políticos mejor valorados en España, monsieur Revilla, ¡viva el vino!

domingo, 5 de noviembre de 2017

Incongruencia estatal

El ser humano, como animal irracional que es, suele comportarse en muchas ocasiones de manera absurda. La falta de cultura (que no de estudios) y de educación convierten al hombre en un ser egoísta, egocéntrico, avaricioso, rabioso, envidioso, impetuoso, irrespetuoso, etc. Vamos, lo que suele ser un gilipollas. Se puede ser más o menos gilipollas dependiendo del grado de cultura y educación que tenga uno pero aquí, en España, el grado de muy gilipollas parece que ha ido en aumento en los últimos meses. Ya he hablado en distintas ocasiones de gente de ladrones, de creídos y demás calaña humana y no quiero volver a repetirme. Esta vez quiero hablar de un tipo de gilipollas que ha crecido en Cataluña como el rovelló y que en los últimos meses ha proliferado al mismo tiempo que las setas antes nombradas. Sí, lo sé, el insulto hace perder al que lo dice toda credibilidad, lo siento, pero no he encontrado un sinónimo educado para dirigirme a esta gentuza. También sé que fuera de Cataluña hay muchos gilipollas de estos, pero ya he criticado a éstos en numerosas ocasiones. El tipo de gilipollas al que me referiré, sin dar nombres ya que la libertad de expresión en este país cojea tanto o más que nuestra asquerosa justicia, es ese que actúa de distinta manera a cómo piensa y vende sus palabras a su público. Es ese que critica a Nike por esclavizar a niños pero calza unas Cortez de 200 euros. Es ese que critica a Amancio Ortega por ofrecer sueldo precarios pero viste de Zara. Es ese que no se siente español y juega con la selección española o cobra un sueldazo del Gobierno español.
Estos últimos se han “partido la cara” (no mucho, la verdad) por conseguir que su país, Catalunya, fuese una república independiente y cuando lo es no quieren volver a casa porque saben que en su casa la nevera está vacía. Se han llenado la boca contando la maravilla que sería Catalunya si no dependiese de España, lo bien que viviríamos los catalanes sin rey y lo mucho que nos roba esa España que les da de comer caviar iraní  ¿Qué respeto merece una persona que se dice no sentirse español pero que de ningún modo desea abandonar el escaño de diputado o senador de ese gobierno que le oprime y le roba? Ninguno, no merece respeto ninguno y sus actos desacreditan sus palabras. Para que lo sepan, los treinta y tres (¡la edad a la que Judas vendió a su primo por cuatro perras!) diputados y senadores independentistas cobran del estado más de 200.000 euros anuales, con un sueldo de casi 3.000 euros al mes sin contar desplazamientos (no se pide factura si tienen que reclamar el abono de un billete de avión, por ejemplo) ni sobresueldos por participar en comisiones o ejercer algún cargo como secretario, presidente de cámara, etc. En general el sueldo medio de un diputado que no vive en Madrid es de 4.800 euros netos al mes y que pagan tanto catalanes como andaluces, extremeños y gallegos. Pero no sólo eso. También reciben del Estado al que odian subvenciones sus partidos políticos dependiendo del número de diputados que tengan. Así Esquerra Republicana de Catalunya recibe de esa población a la que tachan de fascista 18.048,15 euros anuales y Convergencia Democrática de Catalunya 14.521,95. Es como si usted, que es independentista y del F. C. Barcelona a muerte (un idiota de esos que ver perder a su club le amarga la noche y el día siguiente) aceptase un sueldo del Real Madrid aunque opinase que ganan por ayudas arbitrales y que Cristiano es un chulo de mierda. ¿No lo ve ilógico, irracional? Si ha contestado que no, deje de leer este artículo, se lo suplico, porque no me gusta perder el tiempo con gilipollas.
Siguiendo con el fútbol les expondré ahora un caso de un futbolista que merece todo mi respeto: Oleguer Presas, ¿se acuerdan de él? Oleguer Presas fue un lateral (bueno o malo, va a gustos) del F. C. Barcelona que declaró en público ser independentista. Es más, en abril de 2006 publicó el libro Camí d'Ítaca, en el cual narraba su experiencia durante las celebraciones de la victoria en la Liga 2004/05, además de poner por escrito sus reflexiones sociales y políticas. En febrero de 2007 publicó un artículo de opinión en una página web en el que narraba la situación del etarra Iñaki de Juana Chaos (responsable de 25 asesinatos y que había estado en huelga de hambre durante meses en protesta por su encarcelamiento tras cumplir la condena por sus asesinatos) en el que criticaba el funcionamiento de la justicia en España (algo que no comparto en absoluto en defensa de las familias de las víctimas, por supuesto). Este artículo hizo que Kelme dejara de patrocinarle, aunque rápidamente la marca deportiva Munich vio propaganda en él y le ofreció sus servicios. En 2012 Luis Aragonés le convocó para jugar con la selección española (ese año España ganaría la Eurocopa) y Oleguer rechazó vestir la roja porque no se siente español. Al contrario que otro culé famoso por dejarse el sueldo en cartas y jugar en la selección a pesar de no sentirse español, Oleguer Presas actuó acorde a su manera de pensar, rechazando así dinero y fama por sus convicciones políticas, algo que, repito, respeto. Podría ser lo que fuese pero por lo menos era un tío coherente y no un gilipollas.
En el mundo laboral existe algo que se llama mala fe contractual, es decir, pueden echarte a la puta calle si hablas mal de tu empresa, la que te da de comer. En estos días se habla mucho de represión, de antidemocracia, de fascismo, etc, pero hay diputados que hablan mal de su jefe y nadie les echa a la calle. Personajes que son alagados por dirigentes tan democráticos como Putin o Maduro se pueden permitir el lujo de insultar y humillar a los españoles que les damos de comer sin que tengan consecuencias en este país lleno de fachas. Si esto no es democracia que baje Dios y lo vea. En otro país estos gilipollas ya vagarían por el desierto buscando su cabeza a tientas o habrían sufrido un “accidente” mortal. Aquí no, aquí, en España, se pueden permitir el lujo de criticar al rey, a Dios y a su pueblo y encima ser aclamados como héroes. Para que luego digan.
Y esto es lo que en un país cómo España sucede, que los gilipollas que dicen una cosa pero hacen todo lo contrario encima son bien mirados. Aquí se vota al ladrón que promete acabar con los robos, se honra al que se lleva millones a Andorra jugando con nuestro pan, se aplaude al independentista que lleva en el pecho el escudo de España y se insulta al vecino por opinar diferente a nosotros. No me digan que no es de gilipollas actuar así.

martes, 31 de octubre de 2017

Art. 155, ¿y ahora qué?

Ya está aquí, ya llegó, como dice la canción de unos dibujos animados muy caninos, el artículo 155. Un artículo que nadie, salvo los dos protagonistas de esta macabra historia de desamor, quería que llegase. Pero era inevitable su aplicación porque el sí y el no rotundo no pueden jamás ponerse de acuerdo y es inútil recurrir al diálogo si cada vez que te ponen un micro en la boca le das una colleja a tu adversario. Un artículo 155 que llega después de varios intentos de sí pero no de proclamar esa independencia, ahora tan inviable, que algunos políticos nos vendieron como una penicilina para nuestros dolores de cabeza. Artur Mas, Oriol Junqueras y Raúl Romeva se habían llenado la boca diciendo a todos los catalanes que las empresas no se marcharían, que seguiríamos en Europa y que Catalunya sería una nueva Andorra donde el más pringao podría comprarse un BMW. Minteron. Y lo peor de todo es que muchos independentistas, creyeron, más con el corazón que con la cabeza, todas sus mentiras (y no sólo ciudadanos de a pie, también economistas, medios de comunicación, empresarios y demás gente con estudios universitarios). Y digo mentiras porque no me creo que los antes citados, con Puigdemont a la cabeza, no supiesen de antemano lo que pasaría al echarle un pulso al Gobierno y a la UE. No me creo que les cojiese por sorpresa la marcha de más de 1700 empresas y sus respectivos empleos y que éstas no volverían a Catalunya como le ha sucedido a Québec. No me creo que no supiesen que para entrar en la CEE tuvieran que hacer todos los trámites de nuevo y rezar para que ningún país, como España, Alemania o Francia, les vetase la entrada como le está sucediendo a Turquía. Y no me creo que unos señores tan duchos en leyes pensasen librarse de una multa por ir a 180km/h por nacional echando la culpa al radar por hacerles la foto. Lo que creo es que en Catalunya, como en España, hay mucho chorizo pendiente de juicio que esperaba irse de rositas con la proclamación de la República Independiente de Catalunya y que los aspirantes a chorizos querían el pastel para ellos solitos. Esto es lo que yo creo.

Pero vayamos al futuro, ¿qué resultados habrá en las siguientes elecciones al Parlament? Con todo lo sucedido estos días creo que nada bueno. PDeCat le ha hecho un flaco favor a la izquierda y a sí mismos. La división de la sociedad catalana, creo yo, se verá en el aumento de parlamentarios extremistas. En una encuesta leída estos días se afirmaba que si en España hubiera hoy elecciones el PP seguiría gobernando con el apoyo de Ciudadanos, que aumentarían sus escaños. PSOE obtendría más o menos los mismos diputados que tiene ahora y Podemos cedería los mismos escaños que consiguiera Ciudadanos. Volveríamos a lo tan criticado por mi humilde persona que son los trasvases de votos de la izquierda a la derecha. Penoso. En Catalunya creo que sucederá tres cuartos de lo mismo. El conflicto independentista ha provocado que el que se siente español desee que esto no vuelva a suceder y por lo tanto su voto será o para Albiol o para Arrimadas, mientras que los catalanes que se sienten traicionados por JxSi votarán a los únicos que habrían declarado la independencia sí o sí sin pensar en sus consecuencias, la CUP, esas personas que visten camisetas negras y vaqueros roídos a pesar de tener en sus cuentas bancarias miles y miles de euros autonombrándose representantes de las clases más desfavorecidas. Quiero aquí hacer un inciso, en mi opinión ningún político, con los sueldazos que se imponen, puede ser representante de las clases trabajadoras, NINGUNO. Vayan a tomarle el pelo a otro.

Seguimos. En el limbo se encontrarán PSC y Podemos. PSC, también dividido por el apoyo de Sánchez al artículo 155, dependerá del mensaje que quiera transmitir a los votantes. El mensaje más inteligente sería abogar por el federalismo y la reforma de la Constitución, como lo han hecho hasta ahora, pero por ser un mensaje inteligente y conciliador da pocos votos. España es un país lleno de Alfredos Landas y machitos de pelo en pecho carentes de sabia autocrítica. España es un país lleno de vagos, de ladrones, de quiero y no puedo, de gente inculta que se aterra al oír cambios políticos y económicos. Y estos no votan ni al PSC ni al PSOE. Por otro lado, la ambigüedad del mensaje de Podemos no acaba de darles los votos que el movimiento 15M le debería dar. Lo cierto es que desde fuera a Podemos se le sigue viendo como un partido adolescente, revolucionario pero sin cabeza. Primero fue la salida de Monedero, después el enfrentamiento de Iglesias con Errejón. Suerte tienen de Carmena porque los donde dije digo digo Diego de la señora Colau los está dejando para el arrastre, eso y que su candidato a President de la Generalitat es más invisible que Casper. Podemos navega por el Atlántico en el barco de Chanquete y si no empiezan a actuar como nos vendieron pronto naufragarán. Deben ser conscientes de que la política no es como ellos se la imaginaban y que los españoles estamos hartos de ver a gentuza viviendo del paro, de subvenciones o de ayudas sociales mientras el currante no llega a fin de mes. Yo desde aquí digo que no a viviendas para todos y sí para el que se lo merezca, no sueldo mínimo para todos y sí para quien se lo merezca, no atención sanitaria para todos y sí para quien se la merezca. Muchos de nosotros oímos los dicursos del señor Iglesias y pensamos que si Podemos llega al poder los vagos y maleantes vivirán mejor que los políticos, y por ahí no pasamos. Sean justos en sus discursos, no buenos o tontos, justos.

Llegamos así al meollo de la cuestión: JxSi. Si ERC fuera inteligente dejaría que PDeCat se hundiese ella solita, pero a estas alturas no sé yo si Junqueras es tan listo como para saber hacerlo. JxSi ha conseguido algo imposible, enfadar por igual a independentistas y a españolistas. La CUP se frota las manos y ya veremos si en el futuro gobierno tendrán peso o no, aunque me temo mucho que sí, al igual que PP. Con su desastrosa estrategia de “tranquila cariño que yo controlo”, JxSi ha provocado que con sus marchas atrás y adelantes le hayan nacido y crecido los enanos. Algunos acabarán en Soto del Real, otros limpiando escaleras y los menos, como Santi Vila, acabarán en otros partidos o fundando uno nuevo que permita compararlo a aquella CiU de Pujol que tantos años nos gobernó. Con el “procés” JxSi ha cavado su propia tumba y le ha hecho un monumento a Franco. Le aplaudo señor Puigdemont, ni el PP lo habría hecho mejor. ¡Manda güevos!

Sea lo que sea esperemos que los catalanes votemos pensando con la cabeza y no con el corazón o la polla, porque este palo va a ser muy difícil de enderezar. Porque el fanatismo se ha apropiado de las calles y ya sabemos cómo acaba la cosa cuando dos fánaticos discuten: a ostias. También va a ser difícil recuperar los puestos de trabajo perdidos y la confianza de empresarios españoles en Catalunya. Esto va a ser lo más terrible porque mientras a usted lo larga al paro esa empresa que lo ha cobijado durante tantos años por no poder vender sus productos catalanes al resto de España o a esa Europa que tan independientes nos quería, los que nos han metido en esto están en sus cómodas y grandes casas comiendo caviar, jamón o bebiendo cava del caro mientras se engominan el pelo o se lo cortan a ras del orinal. Ya nos podemos espabilar y empezar a dejar de creer en hadas y ogros si no queremos disputarles la comida a las mismísimas ratas, que ya somos mayorcitos coño. Ah, y ya sé que mola mucho ser universitario y llevar atada al cuello una estelada más grande que las sábanas que mojas pero la moda no mantendrá a tu padre en su puesto de trabajo, ni te pagará los créditos ni las juergas. Tú mismo.

lunes, 9 de octubre de 2017

La vergüenza de ser padre

Después de los últimos acontecimientos deseo escribir estas palabras para hacer saber a aquel que quiera escucharme que estoy avergonzado de ser catalán y español y pertenecer a una raza tan miserable e inculta como la humana. Y sí, hablo en general porque no deseo adjuntar aquí la guía de las páginas amarillas señalando en cada nombre un “culto” o “inculto”, sería perder el tiempo, un tiempo que no tengo. Me siento avergonzado de la incultura de este país, sea el país que sea para cada uno, por defender lo indefendible e insultar al que piensa de distinta manera a nosotros. Me siento avergonzado de la poca, o ninguna, autocrítica y de la facilidad que tenemos para echar las culpas al otro de nuestros propios errores. De lo hipócritas que somos al denunciar la corrupción del PP o de CiU cuando no vemos la corrupción de CiU o del PP, partidos a los que hemos votado y seguimos como corderitos digan las sandeces que digan. Avergonzado por ser tan hipócritas que podemos condenar la violencia de la policía que no nos representa pero obviamos la violencia de la que sí nos representa con un absurdo “es diferente”. Pero sobretodo me siento avergonzado de pertenecer a un sector tan despiadado, tan sucio, tan miserable como es el de padres y madres.

Estos días he visto con mis propios ojos, y no sólo en fotos facebookianas, cómo niños de tres, cuatro, cinco o seis años lucían en sus hombros esteladas o banderas de España. Es vergonzoso, como padre lo digo, comprobar como seres desalmados que se hacen llamar padres (para los más incultos “buenos padres”) inculcan a sus hijos el odio a otro sector que no es el suyo. Arcadas me entran cuando veo a un padre reír orgulloso cuando su hijo pequeño grita “Madrid pudrit”, “Barcelona caca”, “Ronaldo chulo” o “Alves bicho malo”. Es vergonzosa la educación que estamos dando a unos niños que aún llevan la inocencia dentro de ellos sin pararnos a pensar que somos nosotros, sus padres, el espejo en el que se miran y en quién se quieren parecer cuando sean grandes. Vergonzoso ver cómo padres con estudios universitarios, que saben leer y escribir (algo que no significa que sean cultos pero sí por lo menos conocer la Historia para no repetir los mismos errores del pasado) insultan a un árbitro por no pitar un penalti a favor de su equipo, despotrican de un político al que no han votado o envían a la mierda a otro conductor por recriminarle que se ha saltado un semáforo en rojo. Y todo ello delante de sus hijos, que aprenden como esponjas lo que sus padres les enseñan, es decir, a no asumir su culpa. ¿Esta es la educación que queremos para nuestros hijos? ¿De verdad creemos que educar a nuestros hijos a nuestra imagen y semejanza es lo mejor para ellos? ¿O es que simplemente es lo mejor para nosotros, los padres, seres egoístas y egocéntricos, enorgullecernos al ver a nuestro vástago comportarse tan miserablemente como lo hacemos nosotros? Estamos creando pequeños monstruos y tarde o temprano nos arrepentiremos de ello cuando nos venga nuestro hijo sin la mitad de los dientes porque le han zurrado por insultar al diferente o al sacarlo del cuartelillo porque le ha reventado la boca a otro porque lo ha insultado. Patético.

Yo no soy quién para ponerme por encima del resto y por supuesto soy tan imperfecto como el que me lee, pero en mi casa no hay bandera ninguna colgada del balcón, ni catalana ni española, jamás me ha oído mi hijo insultar a un jugador del F. C. Barcelona o a un árbitro (soy merengue) o insultar a otro conductor porque haya puesto la vida de mi mujer y de mi hijo en peligro. Es más, yo viví con mi hijo los atentados de Barcelona y Cambrils y viendo la televisión mi hijo me preguntó qué había pasado. Lejos de inculcarle a mi hijo odio hacia una población árabe o una creencia musulmana, mi respuesta fue que unos señores malos habían matado a personas inocentes. Y ya está. Porque no todos los árabes son terroristas, ni los del PP o CiU ladrones, ni todos los políticos son corruptos, ni todos los españoles fascistas o franquistas, ni todos los catalanes independentistas. Me niego en rotundo a educar a mi hijo en el odio a un sector de la población con el que no me sienta identificado. Y como me repugna ver cómo padres fánaticos, psicópatas e incultos educan (o dejan ver su) en el rencor y odio a los seres que supuestamente más aman en el mundo hacia el diferente, pues no lo hago. Y como amo a mi hijo y deseo que sea feliz, lo educaré siempre en la tolerancia y el respeto a los demás, por encima de cualquier ideología o partido político o club de fútbol o raza o religión.

No voy a esconderme. Como muchos sabrán no deseo una Catalunya independiente, no porque sea fascista ni añore los tiempos de Franco, es simplemente porque soy partidario de eliminar fronteras, no de crear nuevas. Es más, si aquí, en Catalunya nuestros políticos hubieran sido honrados, se hubiera metido a todos los chorizos en la cárcel, se pudiese caminar tranquilo por la calle a cualquier hora del día, se pudiera salir de casa sin temor a que ésta fuera okupada por vagos o delincuentes y los trabajadores tuvieran un sueldo digno habría sido el primero en votar SÍ y dejar de ser ciudadano de un Estado corrupto e injusto como es el español. Pero como los políticos catalanes me han demostrado que son iguales que los españoles aplico el dicho de más vale malo conocido dentro de Europa, que bueno por conocer. Seguiré criticando a todos, tanto a los de un bando como a los del otro, mientras sigan importándoles una mierda su pueblo y apoyaré a todo aquel que nos haga la vida más fácil a todos. Estos días he colgado artículos, fotos y vídeos en favor de la unidad y diálogo en España y cuando he querido demostrar que los políticos catalanes también mienten, también nos toman por incultos e idiotas y que los Mossos también han apaleado a estudiantes y manifestantes pacíficos se me ha tachado de fascista y se me ha insultado. Respeto la opinión de todo el mundo y si alguien desea tacharme de su lista de amigos porque se siente aludido por mis palabras, adelante, ahí demuestran la clase de personas que son y me estarán dando la razón, a mi pesar. Sólo decir que si comparte mis pensamientos el lector, piense, antes de criticar a nadie, que su hijo puede estar mirándole.

sábado, 7 de octubre de 2017

¿Qué pasaría si Cataluña se independizase?

Imaginemos que el lunes Cataluña es independiente. ¿Qué podría pasar? Podría no pasar nada o pasar mucho. Al contrario de lo que piensan los optimistas o los ingenuos, yo no creo que Cataluña siguiese en la UE y con el Euro de moneda. Demasiado rencor y mucha sed de venganza del Gobierno del PP para dejar ir a Cataluña con un abrazo. No lo creo. Yo aquí explicaré mi visión particular del futuro que nos espera a los catalanes, la cual deseo fervientemente sea equivocada. Cataluña se independiza, eso está claro. Las empresas con intereses españolistas cumplen su promesa y se van de Cataluña a Madrid, Valencia o Mallorca por miedo a perder inversores, ya que los colegas de De Guindos (Goldman & Sachs) han rebajado a bonos basura la deuda catalana y la prima de riesgo catalana iguala a la griega. Y la marcha de empresas significa aumento de desempleados. De momento lo dejamos aquí para mirar a Europa. Como ha sido un proceso ilegal, España veta la entrada de Cataluña en la UE, que se hace la sueca para no levantar ampollas en su territorio, como ha hecho siempre. Aunque lo dudo, digamos que por el momento Cataluña sigue con la moneda europea. El problema es que el cierre de empresas hace aumentar el paro, como ya hemos dicho antes, y los pocos empresarios que quedan no están de acuerdo en seguir pagando los mismos sueldos que cuando todo iba bien, ya que paro es igual a bajo consumo que a su vez significa pérdidas. La alta oferta de mano de obra hace que el empresario baje los sueldos y al currante le cueste llegar a fin de mes. Hay una solución para este problema que es devaluar la moneda, pero tenemos euros y el Banco Central Europeo se niega a devaluar el euro para seguir siendo competitivos con el dólar sólo porque se lo pidamos los catalanes. Así que no queda otra opción para el Govern que inventarse una moneda catalana y devaluarla para atraer inversión. Bien, pero esto es un problema para aquellos que tenemos hipotecas, porque mi hipoteca está en euros. Imaginemos que la moneda catalana se devalúa a la mitad del euro. Lo que antes costaba un euro, ahora cuesta dos y si cobrabas mil euros, ahora cobras 500. Pero tu hipoteca sigue siendo de seiscientos euros, porque el euro no se ha devaluado. Si cobrando 1000 euros te costaba llegar a fin de mes, imagínate cobrando quinientas “petras” (por ejemplo). Entonces mucha gente no podría pagar su hipoteca pero tampoco podría vender el piso porque también su piso ha perdido la mitad de su valor y tendría que seguir pagando hipoteca más un alquiler, que por la fuerte demanda se ha puesto por las nubes. Pero no solo eso. Las importaciones serían más caras por el poco valor de nuestra moneda y por el cobro de aranceles. Así que las naranjas de Valencia ni verlas. También se encarecería el petróleo y por lo tanto todos los productos que se transporten con vehículos que funcionan con el oro negro. Para colmo el acuerdo de comercio entre España y China hace que el puerto de Barcelona caiga en desuso a favor del de Valencia y el aeropuerto de El Prat deja de recibir a guiris, que cambian Lloret por Benidorm para seguir bebiendo como cosacos, ya que en Cataluña una Estrella Galicia cuesta un ojo de la cara y el vino del Penedés y el cava dan mala resaca. En ese momento Cataluña y Cuba comparten algo más que el mismo diseño de bandera. Sin trabajo, sin inversores, sin naranjas valencianas ni arroz chino, sin gasolina, sin casa, sin coche y sin guiris admirando la Sagrada Familia el catalán que se sentía español se caga en la puta madre que parió al catalán que votó sí a la independencia y este se rebota. Llegan a las manos y unos y otros llaman a sus colegas para que se unan a la fiesta. En menos que canta un gallo hay guerra civil y Trump, que es muy avispado, ve que puede hacer negocio vendiendo armas a los catalanes españoles. Pero Putin, que también es muy avispado, empieza a vender armas a los independentistas, y le pide a China que le ayude para crear un paraíso comunista al sur de Europa para estar más cerquita de Francia, Gran Bretaña y África. China dice que sí a un nuevo aliado comunista y Francia y Alemania y Gran Bretaña se alían con EEUU para no ser menos. Llegó la III Guerra Mundial. ¿Exagerado? ¿Cómo creen que empezó la I Guerra Mundial? Espero equivocarme pero creo fehacientemente que si Puigdemont declara la independencia este lunes (órdago que ha lanzado al Gobierno para conseguir el pacto fiscal y mantener contentos a sus socios de la CUP) llevará a su pueblo, eses al que tanto ama, a la miseria. Y lo peor de todo es que sufrirán también aquellos que estaban en contra de aumentarle el ego al puchineli de Artur Mas. Es mi opinión.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Catalonia it's not different

Quiero empezar este escrito aclarando algunas cosas que son importantes para saber interpretar mi posterior opinión. Nací en Hospitalet de Llobregat, me he criado en Barcelona, veraneo en Lleida, hablo catalán con mi hijo, me considero catalán, español, europeo y ciudadano de este maravilloso lugar llamado Mundo que está repleto de retrasados mentales que en vez de aprender de los errores de otros o de los suyos propios buscan la paja en el ojo ajeno y la venganza. Mis padres llegaron a Barcelona desde Extremadura y Murcia buscando dar a sus hijos una vida mejor de la que ellos tenían en sus pueblos natales, y lo han conseguido. Quiero que esto quede bien claro, no soy ni anticatalanista ni antiespañolista y procuro ser objetivo siempre, viendo lo bueno y lo malo de todo.

Escucho el discurso victimista de los independentistas y me pongo a temblar. Tiemblo porque ese discurso lo han utilizado muchos dictadores a lo largo de la historia para cabrear a su pueblo y poder así tener su aprobación para hacer lo que les dé la gana. Hugo Chávez era víctima del imperialismo norteamericano, igual que Fidel Castro. El colonialismo africano y sudamericano aupó al poder a muchos dictadores que proclamaban la independencia de la opresora Inglaterra, Francia o la misma España. Hitler apeló al victimismo y la rabia del pueblo alemán tras el humillante pacto de Varsovia para hacerse con el poder y poder así vengarse en una segunda guerra. Gracias a su pueblo desesperanzado y muerto de hambre, todos estos países gobernados por dictadores buscaron su libertad creyendo que podrían vivir mejor de lo que vivían. Y se equivocaron. Salvo Alemania, a la que los banqueros judíos la salvaron de la miseria, el resto de países siguen viviendo en la pobreza y sus habitantes han comprobado con horror que es peor el remedio que la enfermedad, que aquellos que les prometieron libertad y dinero les engañaron como a tontos y se quedaron su dinero como hacían los otros. Y esto mismo le sucede a Cataluña. Nos están prometiendo libertad, vivir mejor de lo que vivimos siendo españoles. Su discurso es victimista, España nos roba, no nos deja avanzar, sus gobernantes son corruptos, mentirosos y fascistas. Si cambian España por Inglaterra y Francia y fascistas por marxistas pueden creer que es Hitler y no un nacionalista quien habla. Así busca el nacionalismo su venganza, volviendo a cometer los mismos errores que ellos mismos criticaron hace no tanto. Critican a Franco, otro dictador, porque no dejaba hablar catalán en Cataluña mientras que los independentistas no dejan hablar español en España. Dicen ser republicanos pero añoran los tiempos del adorado Jaume I, que hizo lo que todo monarca hace: aumentar sus posesiones para que su prole pueda seguir viviendo a cuerpo de rey. Reclaman a España para su pueblo el dinero que sus antecesores catalanes  robaron a ese mismo pueblo que ciego de rabia y rencor sigue a su pastor vaya donde vaya y diga lo que diga. Es curioso como ellos, los independentistas, los buenos, los opuestos a los malos, hacen lo mismo que critican a los otros.

¿Qué creo yo de todo esto? Creo que apelar al sentimiento catalán, a la corrupción del PP, a la lengua de Llull son chorradas, una mera excusa para ser ellos quienes nos roben y no otros. ¿Quién puede robar impunemente en una tienda, el empleado o el dueño? Pues eso. Quiero recordarles que hay mucho hijo de andaluz o gallego en Cataluña y que si Barcelona es hoy una de las ciudades más bonitas del mundo es gracias a ellos, a su mano de obra barata y su consumismo. Quiero recordar que de 1940 a 1970 la población de Cataluña aumentó en más de dos millones de habitantes, la inmensa mayoría inmigrantes españoles. Que jamás hubo en la historia una nación catalana como tal y que si nos ponemos a tirar de recuerdos, italianos, árabes y franceses tienen el mismo derecho sobre Cataluña que los catalanes. Que en las últimas elecciones sólo el 47% de los votantes votaron a un partido independentista, que un millón y medio de censados no acudió a las urnas (probablemente todos ellos contrarios a la independencia) y que el PP ganó en votos a la CUP. Que los parlamentarios nacionalistas sólo representan a ese 47% de la población catalana, que no es ni siquiera una mayoría simple y mucho menos significativa como para un proceso de autodeterminación. Que ser demócrata significa escuchar a ambos lados y no hacer lo que a uno se le antoje para salir en los libros de Historia navegando en el yate que le hemos pagado todos los catalanes. Y les recuerdo por último que también Franco hacía votaciones para después pasarse el resultado por el forro o las repetía una y otra vez hasta que salía lo que él quería. Así que ahora que no me vengan con lecciones de moral o justicia cuando sólo en Cataluña hay 303 altos cargos imputados (y los que se han librado) por robar dinero público y que están esperando la independencia como agua de mayo para irse de rositas. ¡Vergonzoso!

Pero no quiero acabar sin poner a parir al otro bando, a los defensores del Estado de Derecho. La culpa del aumento del independentismo catalán es sólo suya, su ego y su sucia y descarada corrupción. Si los de azul no hubieran robado todo lo que han robado los catalanes que nos sentimos españoles no estaríamos en esta tesitura. Son peores que los independentistas, y cobardes. Si hubieran sido valientes nos habrían dejado votar y habrían comprobado que en Cataluña hay más español que catalán, que aquí hay mucho merengue, que se vibra con la selección y se ama a Fernando Alonso. Pero no, no podían hacer algo bien en su puta vida, no. Tenían que joderla, como siempre. Me hago cruces de cómo es posible que en esta mierda de país haya todavía un idiota que les vote. Si quieren jugar a batallitas cómprense un Risk. Ustedes tampoco nos representan.

Esperemos por el bien de nuestros hijos que ambas partes razonen y dialoguen para llegar a un buen entendimiento que sea beneficioso para todos porque con lo cabezones que son unos y otros la solución no pinta muy bien. Y creo hablar por todos los sensatos de este país cuando digo que ganará esta absurda carrera quien meta a los ladrones en la cárcel, haga justas leyes, ponga una educación y sanidad decente y aumente el sueldo a su pueblo. Gobiernen bien y vencerán.

domingo, 27 de agosto de 2017

Terrorismo: perfil de un yihadista

El último ataque terrorista a nuestra ciudad, Barcelona, ha sobrecogido a Cataluña y nos ha hecho sentir insignificantes frente a la barbarie que algunos desalmados protagonizan sin importarles la edad o la nacionalidad de sus víctimas. Los medios nos han enseñado sus caras, sus edades y sus lugares de residencia, las redes sociales sus actos y sus muertes pero nada más. Sabemos que la mayoría eran muy jóvenes y catalanes de segunda generación pero la verdad es que a partir de ahí la información se distorsiona. ¿Qué sabemos realmente de los terroristas? Mi inquietud me ha llevado a querer informarme y saber si mi vecino puede ser terrorista o no. Para ello he escogido varios libros y un informe sobre terrorismo en España que os resumiré a continuación. Debo decir que este informe escrito por Fernando Reinares y Carlota García ofrece datos obtenidos de los yihadistas detenidos en España de 2013 a 2016. Con estos datos se ha intentado obtener un perfil genérico de quién, cómo y por qué individuos islamistas matan a personas inocentes en nombre de Alá. Espero esclarecerles algunas dudas.
Para empezar, el sexo. Aunque también las mujeres participan en la yihad (después explicaremos su misión), el 83% de los detenidos fueron hombres. Su media de edad es de 31 años, aunque el 63% de ellos tiene entre 20 y 34 años. En las mujeres la edad media baja a 22 años, aunque muchas de ellas son captadas aún siendo menores de edad. Lo cierto es que la propaganda del Estado Islámico va dirigida a jóvenes y les animan a viajar al Califato (establecido entre Siria e Irak) para que luchen contra los infieles en aquella zona o se impliquen en sus lugares de residencia perepetrando atentados como los de Barcelona, Madrid, Niza, París o Londres.
La misión de las mujeres en la yihad es casarse, tener hijos y educarlos para que sigan los pasos de sus padres. Hay que recordar que para los fanáticos del Islam es un orgullo ser mártir. Por esto mismo, el 70% de los detenidos estaban casados y muchos de ellos con descendencia.
La nacionalidad de los detenidos no es tampoco muy variada. El 45% tenía nacionalidad española y el 41% eran marroquíes. En lo que se refiere a los españoles, todos de origen magrebí, el 48% eran de Ceuta o Melilla. Cabe destacar que los detenidos entre 1996 y 2012 sólo el 16% tenían la nacionalidad española. Eso significa que los captados son jóvenes cuyos padres son inmigrantes y que o bien han nacido en España o llegaron a nuestro país siendo muy pequeños. Cataluña es la tercera comunidad autónoma que proporciona yihadistas a la causa. El 10% de los nacionalizados en España nacieron en Barcelona ciudad, en Granollers y Sant Boi. El 90% residían en España y fueron arrestados por terrorismo por primera vez en nuestro país. Esto es muy significativo ya que como hemos visto no se dejan capturar con vida. Otro rasgo importante es su lugar de residencia. El 64% de los detenidos fueron detenidos en ciudades entre 50 y 500 mil habitantes, la mayoría catalanas y ceutíes (Ripoll, Alcanar, etc). Y sólo el 13% de los detenidos son conversos.
El perfil familiar nos es conocido también. La mayoría de los terroristas proceden de familias desestructuradas y han tenido traumas o problemas de salud mental en la adolescencia. Son introvertidos, solitarios y su no integración les hace más vulnerables a la hora de ser captados. También es curioso que sólo el 11% de ellos tenía un conocimiento aceptable del Corán. Su nivel de estudios es también bajo. El 59% tenía estudios secundarios y el 29% estudios primarios. Sólo un 10% poseía estudios universitarios. Esto hace que el 25% estuvieran en el paro o fuesen aún estudiantes. El resto, los que trabajan, regentan locales o trabajan en el sector hostelero, de la automoción o como peones de la construcción. Como puede verse y dados su pobres estudios, el nivel adquisitivo de los detenidos era bastante insuficiente. Por ello la causa se subvenciona con ayudas públicas que reciben de sus C.C.A.A. para la integración social o para autónomos y pequeñas empresas. También se nutren de robos o tráfico de hachís. Así, el 40% de los detenidos por terrorismo entre 2013 y 2016 tenían antecedentes penales.
La radicalización se efectúa a edad muy temprana, entre los 15 y los 19 años. En esta edad el adolescente se encuentra perdido y busca su lugar en el mundo, por lo que es una presa fácil para los adoctrinadores. El 73% se radicalizó en España (Ceuta, Barcelona y Madrid), el resto en Marruecos y Francia. El 18% se radicalizó sólo online y el 52% se hizo mixto (online y offline). El proceso de captación se inicia en las redes sociales (Facebook, Twitter o WhatsApp) y cuando el proceso está avanzado los acogen en pisos, convocan reuniones en mezquitas o se reúnen en lugares al aire libre pero apartados. Los captadores los estudian durante meses para saber quién de ellos es más débil y maleable para poder dar su vida por Alá (el 80% se radicalizó en compañía). Aunque sólo el 5% de los yihadistas actuaron en solitario, el Estado Islámico está intentando aumentar este porcentaje ya que es más difícil intervenirlos en atentados que a un grupo de diez o quince personas. Los captadores y adoctrinadores son individuos con una amplia experiencia en la yihad y son unos héroes para los novatos. Cabe destacar que el 65% de los detenidos tuvo lazos afectivos con su reclutador, normalmente familiares o vecinos. El reclutador les adoctrina para que los jóvenes ambicionen cambiar el orden mundial y así puedan crear un Califato Islámico, algo parecido a lo que los judíos desearon tras la II Guerra Mundial con la creación del estado de Israel. El muyahid (“combatiente del Islam”) cree morir por una buena causa y a todo aquel que se convierte en mártir Alá le perdona sus pecados (como sucedía con los cruzados en la Edad Media), los acepta en el paraíso, los casa con 72 vírgenes y salva el alma de 70 familiares. Así, los reclutadores aprovechan momentos de depresión (pérdida de novia, trabajo o algún familiar) para reclutarlos. En ese momento les da igual morir que vivir y si Alá les ofrece 72 vírgenes para ellos solitos… Los jóvenes adolescentes musulmanes tienen crisis de identidad ya que no encuentran su sitio en Europa por su estricta educación. Éstos llegan de jóvenes o pequeños a Occidente y su educación musulmana les impide integrarse en Europa de una forma normal, sobretodo a las mujeres. Los captadores les alivian esta crisis de identidad llevándolos a Siria e Irak, donde serán comprendidos y donde compartirán experiencias con sus iguales. Los adoctrinadores les inculcan el odio tanto a cristianos, judíos como a los suyos, los chiis. Para la doctrina salafista (retorno a los orígenes del Islam) todos ellos son infieles que merecen morir.
Un pequeño apunte de historia. A la muerte de Mahoma, allá por el 632, los musulmanes se dividieron en dos grupos. Los sunitas abogaban por la sucesión de Mahoma mediante la elección de un Califa mientras que los chiitas deseaban que fuese Ali, el yerno de Mahoma, su sucesor al no tener el profeta descendencia masculina. Se cree que Ali y uno de sus hijos fue asesinado por el Califa de aquel momento y ahí comenzó la guerra que dura hasta hoy día. Aunque los sunitas son el 90% de los musulmanes, es la rama más ortodoxa del Islam, defendiendo la tradición frente a la modernidad y los avances tecnológicos. Para poner un símil occidental imaginemos que Jesús hubiera tenido una hija y al morir se hubieran enfrentado los seguidores del marido de la hija con los seguidores de San Pedro por ser el cabeza de la Iglesia Católica. Más o menos.
Como conclusión podemos decir que actualmente el terrorista es un hombre joven, nacido o criado en Ceuta, Melilla o Cataluña, con crisis de identidad, introvertido, inculto, no integrado, con escasos recursos económicos y por supuesto musulmán de nacimiento. Esta no integración le lleva a ser captado por yihadistas veteranos que le hacen ver que su mejor salida es la de ser un mártir golpeando la conciencia pacifista occidental para conseguir un Califato sunita sin importar quién sea su víctima.
Desde el 2015 se sabía que los atentados de Barcelona podían suceder. En abril de ese año se arrestó una célula de 10 miembros que querían atentar en Barcelona. Ese octubre la sede del PP Madrid recibió varias cartas en las que se mencionaban atentados en el metro de Madrid y Barcelona. Estas cartas fueron escritas por dos presos islamistas que saldrían de prisión en pocos días y redactadas por el marroquí que los radicalizó. Así que podrían haber sido muchas víctimas más de las triste 14 que han sido. Y por supuesto la guerra con el fanatismo islámico no ha hecho más que empezar. No hay que tener miedo, pero tampoco debemos confiarnos.

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Por qué mienten los niños?

La mentira ha sido nuestra fiel amiga a lo largo de la historia y bien se merece un artículo, un libro o una enciclopedia entera. Todos, todos, hemos mentido alguna vez, sea para bien o para mal. Al contrario de lo que se pueda pensar, la mentira no es exclusiva de los adultos. Los niños empiezan a saborear la mentira a edades muy tempranas, tres o cuatro años, y depende de los padres que la mentira les acompañe el resto de sus vidas o que la vean como algo perjudicial para ellos y para los que les rodean.

Los motivos por los que mentimos pueden ser muy diversos pero en los niños el miedo a la cólera paterna es sin duda la causa más importante de las mentiras infantiles. Los niños prueban a los padres porque desean saber sus límites. El deseo de cualquier mentiroso es evitar responsabilidades y si no se le pilla el mentiroso aprende que se puede salir con la suya engañando para conseguir el éxito. Y si le funciona puede enseñar al niño a romper otras reglas. Si les funciona puede ser que sus fechorías no tengan límites. Puede que la mentira sea la primera señal de que se está gestando un problema. Si el niño puede colar sus mentiras sin ser descubierto, eso puede animarle a correr los riesgos que implican otros actos antisociales como robar. Es importante que ya de pequeños sean conscientes de que mentir está mal. Al crecer psíquicamente, si no se les advierte de pequeños, sus mentiras se pueden hacer más grandes, más continuas y más problemáticas para los padres. Aunque los preadolescentes o los adolescentes más jóvenes entienden la idea de que mentir está mal porque los demás ya no confiarán en nosotros, eso no es prioritario en sus mentes. Incluso los adultos no recuerdan siempre la consecuencia de una pérdida de confianza cuando están sopesando si mentir o no. Cuando se miente se merman las relaciones y puede que éstas ya no sean las mismas después de haber violado la confianza del otro con una mentira. La pérdida de confianza es difícil de reparar y a veces resulta irreparable (como deben saber muchos adultos que son engañados por sus parejas).

El hecho es que cuando no hay emoción de por medio es fácil mentir; es mucho más fácil mentir sobre hechos, planes, acciones o ideas que decir que uno no está enfadado, asustado o que siente cualquier otra emoción. Es mucho más fácil mentir sobre no haber estado enfadado ayer que esconder el enojo que se siente en el momento. Es más fácil esconder una ligera irritación que la furia. Incluso cuando la mentira no trata sobre emociones, las emociones que se suscitan al mentir —miedo a ser descubierto, culpabilidad por la mentira, o el reto y el estímulo que supone colar con éxito una mentira («el placer del engaño»)— pueden hacer que resulte más difícil mentir con éxito.

Las investigaciones con adultos indican que las personas no se sienten culpables por mentir a alguien a quien no respetan, con quien no comparten unos valores. Por ello se supone que los niños se sienten menos culpables cuando mienten a unos padres que les imponen unas normas que ellos consideran injustas, duras e inflexibles, igual que los adultos no sienten culpa alguna por mentirle a un jefe que consideran ha sido injusto con ellos, que cuando mienten a unos padres honrados y comprensivos. Y con una mentira colada con éxito el mentiroso reafirma su poder sobre su padre o su jefe y se venga así de su superior.

Así pues, la mentira puede hacernos ser peores personas, personas egocéntricas y vengativas. La mentira exitosa nos endiosa, nos hace creer superiores a nuestras víctimas y nos da la falsa seguridad de que hagamos lo que hagamos no nos pillarán jamás. Incluso puede convertir a personas normales en profesionales de la mentira, en estafadores y delincuentes hasta que el mentiroso se tope con alguien más mentiroso que él o más inteligente. Por eso es primordial hacerle saber al niño desde bien pequeño que los mentirosos son personas malas que acaban haciendo cosas malas y pueden que acaben sus días peor de lo que ellos creían.

Fases de la mentira

De 3 a 5 años.

Los niños de preescolar normalmente piensan en términos de lo que ellos quieren, y sea lo que sea eso, es lo correcto. Para ellos el mentir en sí no es malo si con ello consiguen lo que desean. En esta etapa es importante que los padres hagan saber a sus hijos que se sienten felices cuando les dicen la verdad y que no les gusta que les mientan.

De 5 a 6 años.

Los niños de esta edad se ven impresionados por el poder superior de los adultos. Cooperan mucho más, pero esta cooperación no está basada en la comprensión de las reglas, sino en querer obedecer a los adultos. Este es el periodo en que los niños creen que los padres siempre saben cuando el niño miente. Al igual que en la anterior etapa, el padre debe seguir insistiendo en que no le gusta que su hijo le mienta. El padre debe explicarle lo injusto que resulta la mentira para la persona a quien se miente. También es bueno que le pregunte a su hijo cómo se sentiría si alguien le mintiera a él o a ella para que se pueda poner en la piel del otro.

De los 6 a los 8 años.

Los niños ya no creen que los adultos siempre tengan razón. Su idea de justicia es la regla de oro, ojo por ojo, diente por diente. Es difícil para los niños que están en esta etapa comprender que mentir perjudica a otros. El padre debe intentar utilizar esa justicia del ojo por ojo para explicarles qué les ocurriría a su familia, amigos o escuela si todo el mundo mintiera y engañara.

De los 8 a los 12 años.

El niño quiere estar a la altura de las expectativas de los demás. Un período de conformidad, esta fase subraya lo que se ha llamado la moralidad del «niño bueno». A los adolescentes que se encuentran en esta etapa les importa tanto la aprobación de sus semejantes que otras preocupaciones morales se pueden ver debilitadas si entran en conflicto con lo que sus compañeros esperan de ellos. Es éste un período en que surge la conciencia, en el sentido de que los niños se ven motivados no solamente para evitar el castigo, sino para estar a la altura de su propia autoimagen. Los niños mienten en esta etapa para evitar desagradar a sus padres, para evitar el ridículo y ganar la aprobación de su mismo grupo de edad. En esta etapa se puede apelar a la preocupación del hijo por su reputación, explicando lo terrible que es tener fama de mentiroso. También se puede empezar a utilizar argumentos explicando cómo la sociedad se hundiría si todo el mundo mintiera.

Más de 12 años.

Los adolescentes se preocupan por ser buenos miembros de su comunidad, escuela o sociedad. En esta fase se puede englobar también a los adultos. Ahora pueden comprender el conflicto real entre la lealtad a un amigo que ha cometido una transgresión y la obligación hacia una sociedad amenazada por esa transgresión. Es un tiempo en que el padre puede hacer hincapié en lo que ocurre cuando se pierde la confianza. También puede recalcar ese punto a los niños más jóvenes, pero no espere que lo comprendan fácilmente.

¿Por qué se miente?

La mayoría de niños (y también de adultos) mienten para evitar el castigo, es decir, obtener un beneficio por un acto mal hecho. Los adultos mentimos para librarnos de pagar una multa, para conseguir un trabajo, para enamorar, para evitarnos la reprimenda del jefe, etc. Los niños son iguales a los adultos. A muy temprana edad aprenden a mentir, a acusar, a omitir o a hacer trampas para evitar un castigo, poder hacer una fiesta, comer dulces, etc. Pero hay que tener varias cosas en cuenta para conocer la causa de la mentira. Los padres o educadores deben preguntarse si fue el niño responsable de lo que hizo, si fue una acción deliberada, si sabía el niño que lo que hacía estaba mal hecho, qué daño se ha hecho, si alguien salió perjudicado y de qué manera, si se dañó algún tipo de propiedad, si se violó algún principio importante, si la mentira empeoró el hecho o si el daño habría sido menor si el niño no hubiera mentido. Los padres deben primero saber el motivo para comprender la mentira y conocer el daño para aplicar el castigo.

Pero los padres también pueden ser los culpables de la deshonrosa actitud de su hijo. Un padre que miente frecuentemente a su hijo, o que no suele cumplir las promesas que hace, no puede esperar que su hijo actúe de otra manera. Un padre que se basa en duros castigos o amenaza injustamente al niño puede descubrir que ese niño le obedece por miedo, no por respeto. Los psicólogos Hartshorne y May llegaron a esa conclusión en su estudio y otros dos estudios posteriores también han descubierto que los niños que más mienten provienen de hogares en los que los padres también suelen mentir o animan a romper las normas. Hartshorne y May también descubrieron que los niños que mentían provenían de hogares en los que existía una menor supervisión paterna. Así que la mayoría de veces los padres son los causantes y ni siquiera lo saben. En otro estudio realizado donde se preguntó a los padres con qué asiduidad mentían sus hijos, el 4% de los chicos cuyos padres dijeron que sus hijos «siempre decían la verdad» fueron condenados después por robo. El 12% de chicos cuyos padres dijeron «de vez en cuando suelta alguna mentirijilla» fueron condenados por robo. Y el 36 % de los chicos cuyos padres dijeron «cuenta mentiras deliberadas con bastante frecuencia» fueron condenados por robo dentro de los quince años siguientes.

Algunos padres, leyendo esto, se preguntarán por qué su hijo miente y el del vecino no. Es decir, ¿qué distingue a esos niños que no mienten ni engañan de los que sí lo hacen? Para contestar a esta pregunta Ekman ha tenido en cuenta tres características del niño: la inteligencia, la inadaptación y la personalidad (además de influencias externas como padres, amigos y ambiente familiar). Los estudios han demostrado que los niños con coeficiente intelectual por debajo de la media mienten más que el resto. ¿Por qué? Pues porque el niño menos listo tiene que hacer trampas para estar a la misma altura que el resto. Imaginemos un exámen. Al “listo” no le hará falta copiar para sacar buena nota. Si el “tonto” quiere sacar la misma nota que el “listo” se verá obligado a copiar. Y si le añadimos un padre exigente y un entorno burlón tenemos un mentiroso crónico al que la vida lo puede llevar por derroteros muy equivocados. Pero también puede haber tramposos en pruebas atléticas, en manualidades, etc. El coeficiente intelectual puede ayudar a no hacer trampas en algunos casos pero el entrenamiento físico puede ayudar en otros. Así que lo correcto sería decir que los niños con talentos especiales —sea el que sea ese talento— tienen menos probabilidades de engañar cuando ese talento les puede llevar al éxito. Pero también el niño talentoso puede mentir. Ser inteligente puede llevar a la honradez, pero también a la compulsividad. La alta inteligencia de un niño puede llevarle a perfeccionar la mentira hasta extremos insospechados y por lo tanto a salirse con la suya siempre que quiera. El hecho de saberse conocedor de tal poder le puede convertir en un ser manipulador y egocéntrico. En este caso también pueden ayudar los progenitores. Si los padres también son manipuladores verán la característica de su hijo con orgullo y el niño seguirá manipulando a sus anchas. Por el contrario, si los padres de un niño manipulador son ingenuos, esto provoca que el niño no sea cazado en sus mentiras y obtenga así todo lo que quiera con un mínimo esfuerzo y sin consecuencias. Ya sean inteligentes o no, lo que sí esta demostrado es que el 65% de los niños con desórdenes de conducta son mentirosos, por el 13% de otros con problemas de neurosis. En un estudio entre jóvenes americanos casi el 90% de los chicos inadaptados de dieciséis años, y casi el 70 por ciento de chicas de la misma edad, mienten y engañan. Como contraste, menos del 20 por ciento de chicos y chicas normales del mismo grupo de edad lo hacen.

Tipos de mentiras

Mentiras piadosas

Los niños no ven como mentira estas mentiras piadosas. Puede que la mentira sea la única manera de proteger a otra persona de un daño. Puede que la mentira sea la única manera de reclamar intimidad cuando otras personas nos invaden el territorio. Puede que la mentira esté motivada por la lealtad, y a veces el conservar esa lealtad es más importante que cualquier impulso de decir la verdad. Las mentiras que se cuentan porque el receptor de la mentira supuestamente quiere ser engañado a veces tampoco son graves ni perjudiciales. Existen situaciones, por supuesto, en que el mentiroso puede preferir pensar que el otro quiere ser engañado cuando ése no es precisamente el caso. Cuando el mentiroso piensa que la mentira no hará daño a nadie, ni siquiera a la persona a quien va dirigida, la culpabilidad está relativamente ausente. También la culpa está ausente cuando les dicen que mientan. Por lo tanto, mentir cuando le preguntan si le gusta el vestido que lleva puesto o su juguete favorito para no dañar la autoestima del otro no está mal visto ni por niños ni por adultos. Pero la polémica está servida porque sigue siendo mentir aunque sea para no dañar al que pregunta.

Omisión u ocultación

Esconder no resulta más justificable, moral ni correcto que falsificar. Simplemente son técnicas diferentes de mentir. Todo el mundo, niño o adulto, prefiere encubrir la verdad antes que decir algo falso. Es más fácil. El ocultador no tiene que recordar ni defender una línea falsa. Y el esconder no parece tan malo. Parece peor, tanto para el que miente como para aquel a quien se miente, ser víctima de una aseveración falsa («¡Me mentiste en mi propia cara!») que de una ocultación. Para falsificar hay que ir un paso más allá. Es más difícil volver atrás.Con la ocultación, el mentiroso puede pensar (o, una vez descubierto, sostener) que estaba a punto de confesar y que no hubiera mentido si se le hubiera preguntado directamente. Puede que eso incluso sea cierto.

La omisión está bien vista por los niños, para ellos no hablar es no mentir. Incluso mejor porque el que omite puede excusarse creyendo que ni su padre ni su madre quieren saberlo en realidad. Esa línea de defensa no aparece normalmente hasta la adolescencia; y no se acaba ahí. La asesora y columnista Ann Landers suele decir a su público adulto que no confiesen infidelidades pasadas, que dejen las cosas tal como están. Pero para el autor, omitir es sinónimo de mentir, ya que el actor sabe que ha hecho algo malo aunque no lo diga.

Hacer trampa

El hacer trampa es otro tipo de mentira con el que los niños están muy familiarizados. De hecho, cuando se preguntó a los niños que se entrevistaron para el estudio del libro si había algún otro tipo de mentira sobre el que no les hubiéramos interrogado, contestaban: «Hacer trampas». Las trampas son engaños que usan aquellos que saben que actuando bien, que cumpliendo las reglas no sacarán beneficio y mienten o engañan para conseguir el éxito. El niño debe saber que al hacer trampa se engaña únicamente a sí mismo y le falta al respeto a aquel que por esfuerzo es mejor que él.

Mentira deliberada

La mentira deliberada es la mentira en sí misma. Es la peor de todas las mentiras, ya que el actor usa su inteligencia para engañar a los demás buscando sólo su propio beneficio. Incluso hay un más que es el vivir de la mentira. Los mentirosos profesionales no dejan temas al azar, ni cabos sueltos. Preparan sus respuestas con antelación y memorizan una respuesta creíble para todas las preguntas que creen que su presa les podría plantear. Este detallado estudio puede llevar a que el mentiroso se crea sus propias mentiras y ser así aún más convincente en su engaño. Éstos son los más peligrosos, los que tienen menos escrúpulos y los que delinquen más.

Evitar la humillación y la vergüenza

Mentir para evitar la humillación es algo perdonable, incluso comprendido. El niño que dice que se ha mojado en la fuente porque no quiere reconocer que se ha hecho pipi encima nos da pena. La humillación para un niño ante sus iguales puede causar fuertes traumas emocionales y por ello es casi comprensible que mientan para no ser el “meón” de clase.

Acusar

Los niños sopesan a muy temprana edad si deben delatar a un amigo o no intentando descubrir el motivo del infractor, la extensión del daño, la reciprocidad y la lealtad, y también si algún inocente pudiera resultar afectado. Según los estudios, los niños defienden al niño bueno y acusan al niño malo aunque ambos hayan cometido la misma infracción si el infractor va a saber quién lo ha delatado. Si el chivatazo queda en secreto los niños delatan al infractor sea bueno o malo. Saben que chivarse es malo y por lo tanto evitan las acusaciones públicas. Pero en su interior saben que lo hecho por el otro está mal y si no hay consecuencias para ellos están dispuestos a delatar al infractor por su mal acto.

Presumir

El presumir o exagerar es otra de las mentiras más comunes tanto en niños como en adultos. El motivo es el mismo: aumentar la propia condición o categoría, aparecer ante los demás como más importante, glamouroso y estimulante. El relato exagerado suele ser más interesante y halagador que el que no se adorna. Alardean siempre ante quienes les creen.

Deseo de intimidad

El deseo de obtener o mantener la intimidad es otra razón frecuente por la cual mienten los niños. Ello es especialmente cierto en los niños de más edad. Algunos padres mienten a sus hijos por la misma razón. Cuando el niño oye un intercambio amoroso o una pelea a través de la puerta del dormitorio, los padres normalmente ocultan la verdad con un relato falso. «Ese ruido no fue nada, tu padre que tropezó.» «Nadie gemía, te lo debes haber imaginado.» «No estaba gritando, sólo le estaba contando a tu madre cómo uno le gritó al jefe.»

Abusos sexuales

Cuando un niño miente en temas sobre abuso sexual del padre, en muchas ocasiones es porque le ha lavado el cerebro una madre vengativa o enfermiza que proyecta sus propias fantasías inconscientes en el cónyuge. En estos casos, los detalles sobre las actividades sexuales se obtienen con mucha facilidad o incluso puede que el niño las ofrezca de manera espontánea. El niño muestra poca o ninguna emoción al describir los abusos y muchas veces utiliza terminología adulta.
Por otro lado, las auténticas víctimas de incesto son más bien reacios a contar detalles sobre los abusos.

Soluciones

Explíquele a su hijo cómo el mentir afecta a la confianza, y lo difícil que resulta convivir con alguien cuando no hay confianza. Asegúrese de que su hijo comprende que usted no va a aceptar las mentiras, y por qué. Involúcrese de manera más activa en la educación moral de su hijo. Ayude a su hijo a comprender que hay muchas cosas más por las que interesarse que tener poder sobre los demás. Hágale saber que no hay nada más importante que la confianza entre iguales. Frases como “si has hecho algo que sabes que yo desapruebo, no tengas miedo de decírmelo”, “recuérdame que no me enfade”, “puede que tengas que hacer algo para compensarlo, pero me sentiré muy orgulloso de ti por decirme la verdad”, “realmente no quiero escuchar más excusas sobre por qué no estás en casa a tu hora y lo cierto es que necesito saber cuándo vas a volver a casa porque me preocupa tu seguridad y necesito saber dónde estás” o “si no vas a llegar a casa a la hora, debes telefonear” son frases amables que ayudan a la sinceridad del menor porque les evita un enfado y un castigo. Lo más importante es recordar que no hay que responder con irritación, con un enojo nacido del hecho de sentirse dolido, traicionado o desafiado. Intente comprender por qué ha surgido la mentira, el motivo por el que se miente. En muchas ocasiones esa comprensión le permitirá hablar con su hijo de manera tal que el niño pueda ser sincero, y ello eliminará el motivo por el cual el niño miente. Recordemos que los niños mienten sobretodo por temor a la ira paterna y al consiguiente castigo. Si el padre no se enfada y suaviza el castigo al hijo por decirle la verdad posiblemente la próxima vez sea más sincero con él. También el padre debe intentar poner a su hijo en la piel de su víctima. Un niño al que repetidamente le hablan del efecto que su mala conducta tiene sobre los demás tiene más posibilidades de interiorizar la lección y de no volver a caer en ese tipo de conducta. El niño que es castigado físicamente por su comportamiento o a quien se retira el cariño tiene menos posibilidades de aprender la lección y por lo tanto mentirá para que ese cariño anhelado no se le retire.

Para muchas mentiras los padres deberían tener dos castigos, uno por la ofensa y otro por la mentira que quería encubrirla. El culpable debería comprender que se trata de dos castigos diferentes, por dos faltas diferentes. El castigo por mentir debería reflejar las consecuencias de la ruptura de confianza. Un acto terrible, una mentira desesperada para ocultarlo, necesita ser castigado pero también perdonado.

Conclusiones

Está estudiado que el niño que miente asiduamente tiene más posibilidades de tener problemas con la justicia que el que dice la verdad. De los niños que mienten también se dice que toman alcohol o drogas, frecuentan malas compañías y pertenecen a pandillas, son testarudos, provocan incendios y echan la culpa a los demás. Por definición, esos niños inadaptados no están teniendo éxito en sus vidas. Están rompiendo las normas impuestas por sus padres, la escuela y la sociedad y son descubiertos en sus transgresiones. Los niños que rompen reglas van a mentir si quieren evitar el castigo por sus transgresiones o si no pueden conseguir lo que quieren sin mentir. Todo ello simplemente sugiere que el mentir es una característica, no una causa, de la mala adaptación. La mentira reafirma el derecho del niño, su derecho a desafiarnos, su derecho a la intimidad, su derecho a decidir qué cosas va a contar y qué cosas no. La mentira genera desconfianza, traiciona la confianza. La mentira implica que no se tiene en cuenta a la persona a quien se miente. Puede llegar a ser casi imposible vivir con alguien que mienta con regularidad. Si usted no quiere vivir un infierno y quiere que su hijo sea feliz puede hacer dos cosas: hablar con él y darle ejemplo.

Extraído del libro Cómo detectar mentiras en los niños de Paul Ekman.

lunes, 3 de julio de 2017

La verdad nos hará libres

Alguien dijo, no sé quién (podría buscarlo en Google pero tampoco viene al caso), que la verdad nos hará libres. Es una frase de esas que te hacen asentir, que te convierten en un admirador en cubierto del filósofo en cuestión. ¡Qué gran verdad!, opinas nada más leerla. Pues bien, como sucede cada 7 de enero con las buenas acciones navideñas, una vez leída y admirada, la frase pierde todo su valor y nosotros volvemos a ser los mismos mentirosos que éramos antes de leerla. Pocos gilipollas, no seré yo quién los señale (incluyéndome a mí mismo), se la han creído y la han aplicado llevándose mil palos por actuar de buena fe. ¿Quién no ha dicho alguna vez que a él le gustan las personas sinceras? Pues para empezar esa persona ya está mintiendo. Sería más sincero decir que le gustan las personas sinceras siempre y cuando no sea usada en su contra, como las declaraciones a la policía. Sí, es así, nos gustan las personas hipócritas, que es un adjetivo muy distinto al de sincero. ¿Le gusta al feo oír de terceros (posiblemente más feos que él, por lo menos en alma) lo feo que es? ¿Le gusta a su pareja oír que el vestido nuevo que se ha comprado en rebajas con toda la ilusión del mundo le queda como el culo? No, rotundo no. Y si acaso le agradece su sinceridad, prepárense para estar un mes a pan y agua y su pareja de morros. A nadie le gusta que le recuerden sus miserias por muy verdaderas y realistas que sean. Eso sí, cuando hablamos con otros nos gusta la gente sincera y encima se enorgullecen de ser unas personas seguras de sí mismas. Segunda mentira. Las personas seguras de sí mismas no proclaman a los cuatro vientos que lo son porque lo son realmente. Ni somos sinceros ni estamos seguros de nuestra manera de ser. Es más, yo diría que cara la galería nos queremos pero en la intimidad nos odiamos y envidiamos al vecino sin hacer nada para ser mejor que él. Somos una sociedad débil, insegura, acomplejada y con muchos déficits de atención. No queremos sinceridad, queremos que nos regalen los oídos porque si no es así nos deprimimos, nos entran ataques de ansiedad o nos tiramos al metro (que ya va siendo hora de que alguien les diga a estos suicidas gilipollas que con veinte pastillas y una botella de vodka mueres durmiendo y no jodes a nadie). En nuestra infinita estupidez nos creemos perfectos y pobre de aquel que nos recuerde lo contrario porque le hacemos cruz y raya. Un/a amigo/a menos. Automáticamente al sincero lo tachamos de mentiroso (manda huevos, como diría otro mentiroso de aúpa) y al hipócrita lo ponemos de ejemplo al resto. Nos creemos antes al cobarde que nos halaga, aunque luego vaya echando pestes de nosotros a nuestra espalda, que al valiente que dice lo que piensa a la cara sin escudarse en una falsa sonrisa y demostrando su amor incondicional a nosotros, los gilipollas. Halagamos al débil por serlo, defendemos al conflictivo para evitar el conflicto con él, damos la razón a quien no la tiene y a quién critica a otros para que no haga lo mismo con nosotros sin saber que lo hace. No ponemos verdes a los demás para que no nos pongan verdes a nosotros aunque lo hagan igualmente. Nos interesa creernos las mentiras que nos dicen para vivir tranquilos, felices y seguros de nosotros mismos. Nos tragamos frases como “no es fea, es simpática”, “no es tonto, es vago o distraído”, “no viste hortera, es su estilo personal”, “no es anorexia, son nervios”, etc. MENTIRA, TODO MENTIRA. La televisión miente para no perder audiencia, los políticos mienten para no perder votos, los profesores mienten para no perder su trabajo, los bancos mienten para no perder clientes y nosotros mentimos para no perder “amigos”. Mentimos porque tememos ser la oveja negra o el patito feo de nuestro entorno. Mentimos a nuestros padres para que no nos castiguen y mentimos a nuestros hijos para no perder su cariño. Mentimos a nuestra pareja para no perder su amor, a nuestro médico, abogado, jefe, al juez y hasta a nosotros mismos. ¿Y criticar? Criticamos a todo quisqui porque nos creemos perfectos, eso sí, siempre a sus espaldas no vaya a ser que se enfaden con un ser tan bueno, compasivo, sincero, bondadoso y seguro de sí mismo como somos. Pero lo peor es la hipocresía con la que vivimos el critiqueo. Criticamos al idiota por serlo, pero si nos invita a cenar acudimos a la cita no sea caso que crea que yo creo que es un idiota. Criticamos al que no tiene gracia después de reírle las gracias, o criticamos el inglés de Rajoy, después de votarlo, aun sin saber nosotros decir en anglosajón del uno al diez.
La verdad no nos hace libres, al contrario, nos hace presos de nuestros miedos. La verdad nos arrincona en un cuarto oscuro del que nos es imposible salir porque nadie nos ayuda, ni nos comprende. La verdad nos convierte en seres solitarios, e incluso en cadáveres dependiendo de a quién molestemos. ¿Si les pregunto cómo prefieren vivir, cómo Snowden o cómo Trump a quién escogerían? La gente sincera y con valores, como Snowden, vive sola o está muerta. Siempre perseguidos por aquellos a los que molestan, seres vengativos que por no saber encajar una crítica ponen de su parte a los que son como ellos, la mayoría, para apartar de la sociedad al sincero diablo. Quedan pocos valientes y menos que quedarán cuando sean conscientes de que el rey de la selva vive enjaulado para que la hiena ocupe su lugar. La frase que sí creo yo verdadera es aquella que dice que el que bien te quiere te hará llorar. Y ahora seguro que está pensando qué gran verdad ha dicho este gilipollas. Buenas noches.

jueves, 15 de junio de 2017

Mamá quiero ser youtuber

Hacía ya tiempo que me rondaba por la cabeza escribir un artículo sobre las nuevas "profesiones" que hacen soñar a los adolescentes de hoy día con una vida de muchos lujos y poco sudor. Internet ha sustituido en muchos aspectos a la televisión como entretenimiento, aprendizaje y sobretodo mundo laboral. La televisión ha dejado de tener el monopolio en emplear a vagos que no saben hacer la "o" con un canuto y que su destreza es únicamente saber insultar o mostrar sus cuerpos semidesnudos. Los jóvenes de hoy además de soñar con ser tronistas de HMYV o ganar Gran Hermano cepillándose todo lo que se menea pueden también ganarse la vida sin pegar un palo al agua siendo influencer o youtuber. Posiblemente opinen ustedes que soy un carca por pensar como pienso pero para mí trabajar es ganar dinero con el sudor de tu frente sin implicar al resto de humanos en el asunto, pero no es así. Soy consciente del poder de las nuevas tecnologías y del uso que se le dan, ya sea bueno o malo. Y también he dicho siempre que si no puedes con tu enemigo debes unirte a él. Yo mismo utilizo la red para hacer conocer a quién quiera mi forma de pensar o entretener unos minutos a aquellos que saben y les gusta leer. Pero no me aprovecho de mi don de gentes para enriquecerme a costa de otros seres humanos insultando a terceros o tomándoles el pelo. Me explicaré.
Hoy día puedes ganar mucho dinero con poner una cámara web en el ordenador de tu habitación y poner al resto de personal a parir. No hace falta que tengas estudios, ni que seas guapo, ni tener una basta experiencia en el sector. Para ganar dinero en Internet sólo hace falta reírte de alguien y esperar a que el video circule. Si dices lo que la gente quiere oír te siguen y a más seguidores más dinero, fácil. Por ejemplo, he visto varios videos de los youtubers españoles más seguidos y sinceramente, un mono chupando una piruleta tiene más gracia que ellos. En mi opinión es penoso que se siga a una persona que su única preocupación del día es saber a quién va a poner a parir para que sus seguidores le rían las gracias.
Otro "trabajo" internauta es el de influencer. Es decir, chico o chica que influencia a sus seguidores diciéndoles la ropa que llevan, los comics que leen, etc. ¿Dónde quedó ya la opinión propia? Si mi influencer dice que me ponga orejas de coneja en la cabeza y minifalda verde con jersey rojo de cuello vuelto en pleno agosto, por algo será, ¿no? No soy imbécil si hago lo que me dicen, voy a la moda. Si el influencer de turno te informa de que se llevan los tejanos rotos, sucios y desgastados (es decir, lavados a la piedra), camiseta blanca roída y sombrero de copa y encima todo esto puedes comprarlo por veinte euros en una determinada tienda, por algo será ¿no? Pues sí, es porque el señor de los cómics o el de la tienda de ropa ha buscado influencers muy seguidos para que promocionen sus artículos y así sacar una pasta por camisetas de baja calidad, tejanos con tara y sombreros que compró por error en China y no sabía cómo sacárselos de encima. El empresario paga, el influencer cobra por promocionar y el seguidor compra lo que le dicen creyendo que va a la moda porque fulanita lo dice en su canal megaguay. ¿Quién es más tonto, el tonto o el que sigue al tonto?
Es lícito que cada uno se gane la vida como puede, los hay también que roban y visten de Prada. No es mi intención ponerme a su mismo nivel. Lo que me preocupa de verdad es la engañosa imagen que están dando a su generación de que se puede vivir muy bien sin tener la ESO. He oído a algunos de estos personajes vanagloriarse de no tener estudios y ganar cinco mil euros al mes. Me parece bien, si los ganan es porque alguien se los da, yo no por supuesto. Lo que no me parece bien es que animen a otros a hacer lo mismo que ellos, que dejen sus estudios para hacer bolos o ponerse delante de una webcam a probarse modelitos sin pensar en su futuro. Y yo pregunto, ¿qué le pasará a la influencer de turno cuando ya no le quepa la talla 38 y escriba barco con uve? ¿O al youtuber cuando sus seguidores cumplan los treinta y cinco dejen de reírle las gracias porque deben cambiar pañales? Porque seamos sinceros no se es joven toda la vida, ni guapo ni atractivo. En la cara salen arrugas, el cuerpo se ensancha, las carnes se vuelven flácidas, la gracia se pierde y a medida que envejecemos nos volvemos más conservadores, más responsables y tenemos menos tiempo libre. Todo es efímero y la gallina de los huevos de oro también la palma. Lo único que no se desvanece jamás es el conocimiento y la cultura.
Cuando yo tenía veinte años también había estos personajes que se creían que se iban a comer el mundo porque con veinticinco eran millonarios. ¿Cuántos cantantes pensaron que podían vivir siempre de su fama y por su mala vida se fueron al otro barrio sin pena ni gloria? ¿Cuántos presentadores perdieron su atractivo y su empleo? ¿Cuántos futbolistas pensaron que podían vivir del balón a los cincuenta y se arrastran ahora por los platós pidiendo limosna para comer? Y por contra, ¿cuántos ampliaron sus conocimientos y son ahora entrenadores, productores musicales, periodistas, etc.? Yo no digo que uno tenga que tener diez carreras y quinientos másters, pero sí tener recursos por si un día las cosas vienen mal dadas y poder comer sin tener que delinquir o vivir de las limosnas de los demás.
Internet es el arma más poderosa que ha conocido el hombre jamás, ¿y qué hacemos con ella? Pues usarla para criticar, para amenazar, para reírnos de los demás, para vaguear o nos permitimos el lujo de dar consejos de moda sin tan siquiera saber coser. Me inagino a la modista recién salida de la academia tirándose de los pelos porque su esfuerzo no le sirve de nada cuando una analfabeta gana millones por pasear su culo en la web. En un mundo inteligente y avanzado los youtubers más seguidos serían aquellos que hablasen de ciencia, de economía, de ética..., y los influencers darían consejos sobre qué profesión escoger, cómo estudiar, etc. Pero como los seres que poblamos La Tierra seguimos siendo seres irracionales que pretendemos enriquecernos durmiendo doce horas, trabajando dos y divirtiéndonos el resto pues así nos va. Por eso elrubius tiene más seguidores que Punset, Lovely Pepa influye más que Raimon Pannikar o Erea Louro es más leída que Matilde Asensi. Una pena señores, una pena. Tenemos el mundo que nos merecemos. Buenas tardes.

viernes, 26 de mayo de 2017

La Habana, Cuba, 1850

Fernando se sorprendió al ver que el segundo del capitán Cabeza de Perro le invitaba a pasar al interior de una tienda de dulces. Aun así siguió a Pérez, que una vez dentro del colmado abrió un puerta camuflada por estanterías llenas de botes de vidrio con frutos secos en su interior y bajó a un sótano oscuro repleto de colmillos de elefantes, joyas doradas, odres repletos de aceite de copra, tarros de almizcle, pieles de felinos desconocidos y cornamentas de ciervo. El capitán fue al grano y le preguntó al habanero Fernando por el bergantín en cuestión.
-Parte mañana a mediodía hacia Nueva York -le informó- cargado de oro, plata, ron y azúcar de caña.
La desproporcionada cabeza del capitán, que le dio su sobrenombre, aunque bien podría haber sido Cabeza de Toro, asintió lentamente mientras garateaba un mapa del golfo.
-El Invencible zarpará al alba -dijo sin apartar la mirada del mapa-. Pérez , reúne a la tripulación -dijo levantándose mientras gemía de dolor por sus reumáticas rodillas.
Pérez  abandonó a toda prisa el sótano mientras el capitán le ofrecía a Fernando su recompensa por delatar a los ricos cubanos que abandonaban la isla camino a una vida más placentera.
-Coge lo que quieras y vete -y eso hizo el mulato.
Al alba El Invencible zarpó puntual y navegó hacia el este, hacia Los Jardines del Rey colombinos, ahora llamados Los Cayos, para ocultarse alli y esperar el paso del bergantín El Audaz para abarloarlo, abordarlo, saquearlo y hundirlo después de pasar a cuchillo a toda su tripulación, como era su costumbre, fruto de una infancia arisca, solitaria, maltratada y rencorosa.
Conocía bien aquel trozo de océano y por ello acuciaba desde allí a sus presas marítimas, con la esperanza de que el capitán enemigo desconociese los invisibles bancos antillanos y abordar así a los mercantes varados sin vaivenes traicioneros. Cabeza de Perro intentaba siempre jugar sobre seguro, y a pesar de ser pirata desde joven prefería pisar sobre firme. Los pies en la tierra, el alma en el mar y la mirada siempre en el cielo.
El sol descendía ya cuando el grumete gritó bergantín a la vista a vabor.
-¿Banderas? -preguntó el capitán.
-Comercio y español -informó el grumete.
Cabeza de Perro apuntó su catalejo al casco del barco y pudo divisar su nombre. Era El Audaz y navegaba a treinta nudos hacia el noreste.
-¡A pescar! -gritó el capitán Cabeza de Perro y su tripulación respondió al segundo.
El grumete, situado en el palo mayor, izó la bandera pirata y en varias horas El Invencible había llegado ya a la altura de El Audaz. Usando los cabos como lianas, diez de los hombres del capitán García, su verdadero apellido, lograron poner pie en la proa del bergantín no sin suerte, ya que los ricos tripulantes de El Audaz disparaban sin apuntar sus arcabuces para defenderse. A pocos criollos les dio tiempo de sacar su espada del cinto y la mayoría murió, a machetazos, a manos de los primeros piratas que abordaron el mercante. Una vez tomado el bergantín, Cabeza de Perro pasó por la pasarela que unía ambas naves para dirigir el saqueo.
-¡Quiero todo aquello que tenga valor en El Invencible ya! -gritó-. Pérez , trae a mi presencia a todos los miembros del barco.
Pérez  ordenó a dos piratas más que le acompañasen y a los pocos minutos quince hombres y una mujer treintañera imploraban piedad al capitán pirata en la cubierta de la nao abordada. La mujer portaba en brazos a una niña de unos dos años que lloraba desconsoladamente.
Cabeza de Perro miró a su segundo y éste se encogió de hombros. Era la primera vez que se encontraban con pasaje femenino en un barco abordado. El capitán se dirigió pensante a proa y sin volverse dijo:
-Lleváos abajo a los hombres. Ya sabéis qué hacer con ellos.
Pérez repitió la orden a sus hombres, que obedecieron al momento.
-¿Y las féminas, capitán?
Cabeza de Perro calló unos segundos.
-No soy asesino de mujeres, lanzadlas por la borda.
-Pero capitán, si sobreviven…
-No matamos a mujeres, Pérez.
Con un leve movimiento de mentón de Pérez dos fornidos marineros agarraron a la mujer y a su pequeña hija y las tiraron por la borda entre sollozos y ruegos.
Al poco El Invencible veía desde lejos cómo el bergantín explotaba primero y se hundía después.
La escandalosa alegría de los marineros por el botín conseguido no evitó que el cruel capitán se asomase a estribor al oír el llanto de un bebé que llamaba a su madre desesperadamente. Y allí estaba la niña de dos años, sola, flotando en las calientes aguas caribeñas gracias a sus anchos faldellines, gritando mamá mamá y llorando mientras Cabeza de Perro veía como su silueta se perdía entre las olas sin hacer nada por evitarlo. La luna llena le hizo sentirse culpable y sin pensarlo llamó a Pérez a su lado.
-Cuando lleguemos reparte el botín a partes iguales. El del sótano también. Será la última vez que me veas. El mar se ha vuelto femenino e infantil y ya no estoy para estos chances.
Cuentan los más ancianos del lugar que hace más de un siglo, en la punta de San Andrés, un famoso y rico pirata, viejo arisco y callado, perdía las horas fabricando una maqueta de un bergantín con desechos de tea, bramante y lienzo, con un mellado cortaplumas como única herramienta. Cuando un niño pasó por su lado y le preguntó para quién estaba haciendo la maqueta, el viejo respondió: es para una niña que me llora dentro.