miércoles, 25 de enero de 2017

La verdad, una gran mentira

Hoy he asistido a un juicio donde la verdad ha brillado por su ausencia. Representa que en un juicio se busca la verdad y la justicia pero ni siquiera eso de que mentir en un juicio es delito acobarda a aquellos que ya sea por dinero, por ego, por poder, por miedo, por piedad o por joder mienten como bellacos sin despeinarse. De todas formas esto no sorprende cuando tienes que oír de profesionales de la justicia que mentir es lícito, incluso, diría yo, casi obligatorio. Vamos, que hasta el juez miente cuando recuerda a los testigos que mentir está penado, y aún pillándolos en una mentira o contradicción no les imponen sanción alguna. Todo es una farsa. Ni la verdad social se salva de ser profanada.
Hay días que me acuesto y pienso: ¿cuántas verdades irrefutables has oído hoy? Y la mayoría de días la propia respuesta es desalentadora. Ninguna, cero patatero. Mentimos impunemente, todos y a todas horas. Mienten los políticos, los periodistas, los jueces, los economistas, los médicos, los tenderos, los comerciales e incluso nosotros mismos mentimos a políticos, a periodistas, a jueces, a economistas, a médicos, a tenderos e incluso a nuestra propia madre o a nuestro propio hijo si con ello salimos beneficiados, de la manera que sea. La mentira y la falsedad forma parte ya de nuestras vidas y lo vemos como algo normal. Vemos normal que un joven le prometa amor eterno a una mujer para acostarse con ella una sola noche. Vemos normal prometer a un hijo la compra de una chocolatina para tenerlo callado diez minutos. Vemos normal que un asesino diga que no se acuerda de haber cogido una enorme escopeta y cargarse a dos policías de tres tiros a bocajarro. No nos sorprende la mentira, pero lo peor de todo es que sí nos sorprende la verdad y la tildamos de estupidez. Muchos de nosotros habremos oído alguna vez eso de "no seas tonto, ves al médico y di que te lo has hecho en el trabajo y no en casa limpiando". O esa otra de "yo voto a Podemos" o "yo soy comunista, mira que Nike's me he comprado". O hemos visto a amigos poner a parir a otros amigos por la espalda pero al encontrarse abrazarse como hermanos. Incluso nosotros mismos lo habremos hecho alguna vez, pero eso sí, es diferente. Porque si lo hace el otro es una mentira sucia, si lo hago yo es mentira piadosa y si nos lo hacen a nosotros es una mentira dicha por un cerdo cabrón que merece morir. Porque seguro que también hemos oído eso de "a mí me gustan los hombres sinceros o las mujeres sinceras", ¿no? Pues diganle que está gorda o que se está quedando calvo si quieren dormir solos esa noche.
Dicen que la costumbre es ley, por eso en este país quien no roba, quien dice la verdad, quien ayuda al prójimo (¡ojo!, no confundir con esos desgraciados que van por ahí de abogados de los pobres para lavar su sucia imagen) o quien vive según sus convicciones y no según las de los demás es un gilipollas que merece ser apaleado. Si apadrinas a un niño eres un gilipollas porque ese dinero se lo quedan trajeaos españoles. Si donas ropa eres un gilipollas porque puedes ganar dinero vendiéndolo por Wallapop. Si contestas no a un ¿me queda bien el vestido? eres un maleducado. Si no hablas con quien te cae mal eres un antisocial. Si no ves la televisión eres un bicho raro. Si lees también. Si no insultas al árbitro eres un soso de cojones. Eres un cagón si no pasas de 120 km/h en la autopista o un huevón si estás locamente enamorado de tu mujer. Te miran como a un apestado cuando dices que tienes valores que te prohíben hacer cosas fuera de la ley moral. Es increíble. Lo de este país es para mear y no echar gota. El mundo al revés.
Y este es el ejemplo que estamos dando a nuestros hijos sin ninguna vergüenza. Tardaremos muchas generaciones en solventar esto, aunque yo creo que la humanidad se extinguirá siendo ladrones, mentirosos, falsos, egoístas y avariciosos. No queremos cambiar, y lo peor de todo es que no dejamos que otros cambien para no vernos a nosotros como nosotros vemos al resto, es decir, ladrones, mentirosos, falsos, egoístas y avariciosos. Como un padre dijo a su hijo una vez, los malos siempre ganan. Esa es nuestra cruda manera de pensar. Buenas tardes.

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